Entrevista: La Buena Vida, sólo canciones
Por Xavier Valiño
¿Cómo os enfrentasteis a la grabación del nuevo disco?
- Pues veníamos de hacer una gira muy larga de
sesenta conciertos, y todo sucedía muy rápido, de manera que nos tuvimos que parar a reflexionar
y tomarnos las cosas con calma. Vidanía es un disco más pensado y hecho de
manera más pausada.
¿Había alguna idea de antemano, algo que queríais conseguir o evitar?
- Sí: queríamos evitar el hacer un disco porque sí, por contrato. Por eso mismo,
primero estuvimos sacando muchas canciones (25-30) y, después de eso, fuimos eligiendo entre
ellas hasta que tuvimos la seguridad de que había suficiente calidad como para meterse a
grabar el disco. Fuimos muy críticos con nosotros mismos, y eso creo que es bueno.
Después de tanto tiempo editando discos, supongo que la presión exterior os es indiferente.
Pero, ¿qué tipo de presión se sufre o se estimula dentro del grupo?
- Interesante pregunta. Somos nosotros mismos los más interesados en hacer un buen disco
y no dejarnos llevar por la premura o la improvisación, pero a veces hay cosas ajenas que
te llevan a hacerlo; por eso es muy importante poner barreras a esa presión y tomarte las
cosas como si fuera tu primer disco y toda la ilusión se concentrara de la misma manera que
la primera vez.
¿Cuál es la mayor motivación a la hora de encarar una nueva grabación?
- La mayor y única motivación son las canciones. Si no hay canciones, no hay disco,
y ésa es nuestra máxima antes, ahora y siempre.
¿Responde Vidanía a la idea musical que había antes de grabar el disco? ¿Es
difícil llegar a plasmar en un disco lo que suena en vuestras cabezas?
- Creo que Vidanía recoge tres momentos diferentes, ya que hicimos tres maquetas
previas a la grabación. En cada fase hay un tipo de canciones, y en el disco se recogen todas
ellas unidas por un hilo conductor que es el cuarto momento de la grabación.
¿Normalmente las épocas en el estudio son mayor motivo de frustración o de satisfacción?
- Son mucho más de satisfacción que de otra cosa. En el estudio normalmente ves
crecer las canciones y cómo tus ideas se van plasmando y van tomando forma. Es algo especial
y emocionante. Nunca me siento mal en el estudio. Todo lo contrario.
¿Y, después, la respuesta del público y de la crítica, cómo
os afecta?
- Pues creo que ahora de manera algo diferente
que al principio. Con el tiempo vas aceptando la diversidad de opiniones y tú tienes la tuya
propia, que es la que prevalece en casos de duda. Pero también creo que es bueno el estar
abierto a lo que opinen los demás, aunque para mí abierto no es sinónimo de
falta de criterio.
En el nuevo disco parece que las canciones siguen creciendo con vosotros, algo
que no todos los grupos consiguen. ¿Lo veis así?
- Otra vez más coincido totalmente contigo.
La Buena Vida de Vidanía no es la misma que la de Álbum ni la de Hallelujah.
Cada época de tu vida es diferente, y nosotros reflejamos nuestra realidad en este disco.
A mí, curiosamente, la canción que más me gusta es la que abre el disco, “Calles
y avenidas”. ¿Qué me podéis contar de ella?
- “Calles y avenidas” es una canción de la primera etapa de composición
de este disco, que habla de una ruptura dura y educadora, porque lleva a plantearse que si se suceden
una tras otra es que algo no va bien y que algo hay que cambiar. Es reflexiva y supone un punto
de inflexión.
¿Cuál es la que más os sorprende a vosotros?
- Quizás “Calles y avenidas” sea una canción con una temática ya
vivida en otras canciones y, en cambio, en Vidanía hay novedades como “Ayer
te vi”, con ese aire americano, o “De nuevo en la ciudad”, que es muy rápida
y llena de vitalidad. También “Honrado ciudadano de Occidente” creo que introduce
novedades en nuestro sonido.
¿Habéis sentido en algún momento impotencia porque alguno de vuestros discos
no haya tenido mayor repercusión o porque no se haya entendido algo de lo que habéis
hecho?
- No. Nosotros tratamos de hacer nuestra parte de la mejor manera posible y dejamos el resto del
trabajo a las compañías. Si alguna vez no hemos estado de acuerdo, se lo hemos hecho
saber, pero nada más. Otra cosa es que en este país las estructuras de la música
están montadas como todos sabemos, pero me parece estéril abrir un debate al respecto.
¿Hay alguna canción en vuestro repertorio que penséis que
realmente es distinta al resto?
- Sí, no creo que tenga nada que ver “Guillermine” con “Honrado ciudadano
de Occidente”. Creo que en nuestras canciones hay un amplio abanico de sonido y temática.
Quedan ya muy atrás los coqueteos con el baile de Magnesia. ¿Es un capítulo
cerrado o se puede repetir algo así algún día?
- Pues nunca se sabe. Las canciones de ese EP eran más o menos como el resto, lo que pasa
es que en su día las produjimos de esa manera porque nos parecía interesante. Ahora
no creo que estemos tan interesados en ese tipo de producción.
¿Cómo os enfrentáis al directo? ¿Os encontráis más cómodos
ahora?
- Sí, sin duda. En ese aspecto el grupo ha cambiado muchísimo. El hecho de haber
tocado tanto últimamente hace que los conciertos salgan mucho mejor.
¿Cuáles son vuestros últimos descubrimientos musicales?
- Pues, por ejemplo, Josh Rouse o Ron Sexsmith. También me gusta bastante Brendan Benson.
Todos ellos aportan cosas muy interesantes en mi opinión.
Después de tres lustros, La Buena Vida sigue adelante. ¿Qué puede
provocar el fin del grupo o ahora veis que vale la pena seguir adelante sin mayores problemas?
- Pues me parece importante reiterar lo que he dicho, que en cada momento hay que pararse a
pensar si vas por el buen camino o lo que haces ya no te aporta nada. Si la respuesta es positiva,
hay que seguir y, si no, buscar alternativas. En estos momentos creo que los cimientos son muy sólidos
y veo lejos el final.
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