Juana González: «El error debe estar presente en la obra»Por Alejandro Sedano
Con motivo de Apertura Gallery Weekend Madrid 2026, conversamos con la artista en Arma Gallery sobre las atmósferas inquietantes, la presencia intuitiva de las manos, el impulso del gran formato y el valor del arrepentimiento al más puro estilo clásico.
Hay una honestidad desarmante en la manera en que Juana González habla de la pintura. Alejada de discursos sobreintelectualizados o estrategias preconcebidas, la artista aborda su trabajo desde un pulso temperamental donde la intuición y el tiempo en la «silla de pensar» mandan sobre cualquier boceto.
Nos citamos con ella en Arma Gallery para recorrer su última propuesta expositiva. Rodeados de telas monumentales, figuras inquietantes y composiciones teatrales, nos adentramos en los entresijos de un proceso creativo donde la incertidumbre no es un obstáculo, sino el verdadero motor.
Escuchar el cuadro: del boceto esquemático al gesto temperamental
Quien contempla un cuadro de Juana González percibe una pincelada fresca, directa, casi urgente. Sin embargo, detrás de esa gestualidad vibrante se esconde una temporalidad mucho más pausada y reflexiva.
«Nunca sé exactamente cuál va a ser la composición definitiva cuando empiezo una obra. Generalmente solo conozco la escena principal; después es cuestión de tiempo y de escuchar al cuadro. Si partiera de un boceto muy acabado me aburriría muchísimo. Véis el gesto de mi pincelada, fresca y temperamental, y parece que la obra se elabora rápido, pero en realidad paso muchísimo tiempo en la silla de pensar, mirando y esperando a ver qué me va pidiendo la tela», explica la artista.
Esa aproximación intuitiva explica también el hilo conductor de su actual exposición. Aunque la presencia de las manos destaca como un elemento central y recurrente a lo largo de las salas, Juana aclara que no nació de una serie calculada: «No sé trabajar así, cada obra para mí está completamente separada de las demás. El título surgió precisamente tras la reflexión con la galería al ver que varios espectadores me señalaban esa presencia constante. Yo no era consciente hasta que me lo dijeron».
La incertidumbre y lo inquietante como reflejo vital
Entrar en el universo de Juana González es aceptar un cierto grado de incomodidad. Sus atmósferas no buscan la complacencia fácil ni el refugio confortable, sino que sitúan al espectador en un plano de sospecha y misterio.
«Soy consciente de que lo que hago no es ‘agradable’ o confortable, pero no es algo pretendido; es la naturaleza de mi cabeza. Hay una palabra que me encanta para definir esto: incertidumbre. Encaja muy bien con mis atmósferas, pero sobre todo porque es absolutamente aplicable a la vida de cualquiera. En el proceso de creación me encanta pasarlo mal, no saber cómo va a acabar la cosa. Me gusta sentir esa incertidumbre y que también la sienta el espectador».
El gran formato como escenario teatral
Frente a la tendencia actual del pequeño formato doméstico, Juana se reafirma en la escala monumental. Un impulso que se remonta a sus inicios y que hunde sus raíces en la gran tradición de la historia del arte.
«En el formato grande estoy en mi salsa. Empecé a pintar desde adolescente y siempre me atrajo por esa cercanía a la pintura clásica. Cuando me di cuenta de que quería dedicarme a esto fue al ver las grandes telas clásicas: esa dimensión teatral a escala casi real. Los formatos pequeños, que he empezado a trabajar hace muy poco, son incapaces de albergar la energía y la escena compleja que necesito desarrollar; para mí son solo fragmentos de los grandes».
El arrepentimiento visible: las huellas del proceso
Uno de los momentos más reveladores de la charla surge al detenernos ante una de las piezas principales de la exposición. Bajo las capas de pigmento azul de unas piernas estiradas, se adivinan los trazos fantasma de lo que antes fue una figura arrodillada. lejos de ocultarlo, Juana reivindica la cicatriz del proceso.
«Una vez leí a un artista español decir que el error tenía que estar siempre presente en la obra, y se me quedó grabado a fuego. Es lo más parecido a los famosos ‘arrepentimientos’ de la pintura clásica, como la pata del caballo en los retratos de Velázquez. En esta pieza, la figura en mi cabeza estaba arrodillada, pero durante el proceso sentí que necesitaba ese elemento azul atravesando la corriente de agua. Decidí cambiarlo, pero me gusta dejar visible lo que ha quedado descartado. Dejar el error a la vista es dejar vivo el proceso».
INFORMACIÓN PRÁCTICA
- Exposición: Exposición individual de Juana González
- Lugar: Arma Gallery (Madrid)
- Destacado: Entrevista en vídeo disponible en los canales oficiales de ArtesHoy.
Foto de portada: Diego Beyro
