Edurardo Westerdahl. La aventura de mirar
Museo de Arte Contemporáneo. Valladolid.
Del 14 de octubre 2005 al 15 de enero de 2006.
Comisaria: Pilar Carreño
Por Ángela Rubio
La máxima aspiración de Eduardo Westerdahl fue crear un puente entre los creadores
canarios y las vanguardias europeas. Quería acometer una renovación en la cultura
canaria basada en la modernidad no a través de España sino de Europa. Un sentido
internacionalista que le vino dado por su origen sueco, de donde procedía su padre y de
la gran oportunidad de vivir casi tres meses en Alemania (enviado por la banca para la que trabajaba
con el objetivo de aprender la lengua nativa) Allí quedó fascinado por los museos
y en especial por la figura y la obra de Paul Klee , decidiendo en ese momento convertir el arte
en el verdadero motor de su vida.
Como principal instrumento de investigación y difusión se sirvió de la Gaceta
de Arte , revista emblemática cofundada y dirigida por él mismo, que fue
editada entre 1932 y 1936 desde la que se realizó una extraordinaria labor de apertura
cultural para ampliar horizontes en el sentir y en el modo de hacer y entender el arte. En
ella se muestra como apasionado defensor del arte abstracto y de la arquitectura racionalista.
Esta publicación fue enviada a los museos e instituciones culturales más importantes,
estableciéndose así un intercambio altamente enriquecedor.
Como editor y escritor contribuyó al conocimiento y difusión de la obra de artistas
como Oscar Domínguez, al que califica como pintor de poderosísima imaginación,
o Manolo Millares al que define como gran artista, hombre muy inteligente y fabuloso escritor.
Nos habla de otros artistas como Giraldo, una gran promesa; Chirino, maestro que destacó por
la originalidad de su obra; Ferrant, el padre de todos, del que afirma que España no estaba
preparada para su producción. Un hueco especial para el pintor Willi Baumeister, al que
califica como el Picasso alemán y artista crucial en los orígenes del arte informal,
eclipsado por el expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York. Incide en su obra por el
influjo que ejerció sobre Tapies, Millares y Gerardo Rueda. 
De todos ellos posee algo más que el impagable enriquecimiento personal que le dio su trato
directo; con el paso de los años fue creando una extraordinaria colección de la que
esta exposición saca a luz el conjunto de las obras más significativas con 39 artistas.
Muestra de este trato personal es la correspondencia mantenida con los más insignes personajes
de la cultura: André Bretón, Kandinsky, Ricardo Gullón, Pablo Serrano, Joaquín
Torres García...y las fotografías realizadas por el mismo en los estudios y las viviendas
de algunos artistas como Picasso, Langrage, Roberta González, Ossip Zadkine en las que se
presenta como un cronista sincero y cercano.
Esta faceta de fotógrafo le sirvió para ilustrar tanto la II Exposición Internacional
del Surrealismo que organizó en el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife, en la que aparecen
los surrealistas franceses más importantes, como su vivencia en la Escuela de Altamira entre
1949 y 1950
En definitiva un hombre que luchó por la renovación del lenguaje visual y por la transformación
cultural, que no hizo malas críticas "hablo de lo que está bien, no hago malas
críticas para no hacer daño a nadie ¿Para qué?" Fue mucho más
que un crítico entendido como transmisor de ideas, querido y admirado por los artistas e
intelectuales, al que Ramón Gómez de la Serna le deseó que el arte defendiera
también su vida y que creyó que "sin utopía no hay posibilidad de hacer
nada"
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