Pintar con hierro y habitar el abismo: Visita al estudio de Cristina AlmodóvarPor Alejandro Sedano
Para entender la escultura de Cristina Almodóvar, primero hay que comprender su relación con la incertidumbre y el vacío. «En lo sublime hay abismo siempre», nos confiesa la artista desde la intimidad de su taller, donde el polvo de metal, el calor de la forja y la naturaleza viva dialogan en una tensión silenciosa. Es una de las tantas reflexiones vitales que nos regala en nuestra charla, invitándonos a profundizar sobre cómo la incertidumbre y algo de incomodidad suelen sacar la versión más auténtica de nuestra creatividad.
Su espacio es una representación a gran escala de su obra: un homenaje al detalle. Sombras y formas que hablan de naturaleza y de cómo volver a ella, a nuestro hogar, en esta vorágine tecnológica que nos rodea.
«Crear no es solo buscar la belleza estética, sino encontrar la forma de gestionar aquello que nos hiere del mundo.» En esta entrega especial, nos adentramos en su espacio de trabajo para registrar en vídeo una conversación pausada, profunda y reveladora sobre el oficio de moldear el metal y la necesidad de desapegarse de la materia para dejar fluir lo esencial.
«Al principio una está más metido en su yo, te estás definiendo como persona y eres más proyectiva. Ahora soy totalmente receptiva: voy con los ojos abiertos y la materia es la que me va hablando.»
Trabajar el hierro como quien pinta
Aunque dibuja desde el natural, Almodóvar encontró en el hierro la maleabilidad orgánica que no halló en la madera o en la piedra, materiales cuya lentitud no acompasaba el ritmo de su pensamiento. Al aplicar calor, el metal se vuelve blando y maleable, permitiéndole construir por adición en lugar de por sustracción. «Siempre digo que trabajo con el hierro como si pintara con él».
Ese proceso exige un diálogo constante donde el ego del creador cede el paso al impulso del material. Si bien parte de un concepto claro o de la visión de la pieza terminada, llega un momento durante la elaboración en el que la escultura adquiere vida propia y dicta sus propias reglas estéticas. El verdadero aprendizaje, nos explica, consiste en saber cuándo parar y abandonar la obsesión por el acabado perfecto para conservar la fuerza del proceso.
La belleza como tabla de salvación
Frente a la aceleración tecnologizada del presente, el trabajo de Cristina Almodóvar reclama una mirada de detención contemplativa. A través de marcos que se rompen, plagas vegetales esculpidas o líquenes de hierro que invierten las fuerzas de la física y sostienen la propia estructura, la autora reflexiona sobre la fragilidad de nuestro antropocentrismo y la dureza sin piedad del mundo natural.
Transformar esa observación en una pieza tridimensional opera para ella como un refugio vital. Su escultura no pretende imponer verdades absolutas, sino ofrecer una cadena de donación: aislar la belleza existente, sacarla de contexto y permitir que el espectador experimente la misma paz y suspensión que ella siente al contemplar la naturaleza.
Cristina Almodóvar desarrolla su trabajo junto a la Galería Fernández-Braso en Madrid y la Galerie Dutko en París, firmas con las que acude a ferias de referencia internacional como ARCOmadrid, Estampa y Art Paris. Entre sus exposiciones individuales más recientes destacan «Hacer y deshacerse» (Galería Fernández-Braso, 2026) y «Au-delà de la Matière» (Galerie Dutko, París).
En el ámbito colectivo, el pasado verano participó en la muestra «Instante eterno en el jardín» en CentroCentro (Madrid), comisariada por Lola Durán Úcar junto a los artistas Daniel Verbis y Chus García-Fraile. De cara a los próximos meses, con motivo de la apertura de galerías en septiembre, Almodóvar formará parte de la exposición de escultura organizada por el Museo Lázaro Galdiano en Madrid, para posteriormente presentar en octubre su trabajo en una muestra colectiva sobre arte y naturaleza en el espacio TAF de Atenas.
Foto: Alex Sedano
