Una tarde en la Illa del Rei: El milagro artístico y paisajístico de Hauser & Wirth MenorcaPor Alejandro Sedano
Hay lugares donde el tiempo no transcurre en línea recta, sino que se acumula en capas, como los sedimentos de una roca litoral. Eso es exactamente lo que se siente al desembarcar en Illa del Rei, el islote que emerge en medio del puerto de Mahón. Allí, donde confluyen los vestigios de una basílica paleocristiana del siglo VI y las ruinas del primer hospital naval británico construido en 1711, se levanta hoy uno de los proyectos de gestión cultural más respetuosos y magnéticos del Mediterráneo: el centro de arte de Hauser & Wirth Menorca.
Al desembarcar me reúno con Gemma, asistente de galería y una de las colaboradoras del programa educativo del centro, su hospitalidad y pasión por las obras que habitan el recinto hacen que la visita se convierta en un agradable paseo donde saborear cada obra y apreciar cada dato, cada historia. Me adentro en un oasis donde la herida del abandono ha cicatrizado gracias a la sinergia entre comunidad, arquitectura y arte contemporáneo.
El latido de una isla recuperada
Para entender el milagro de este espacio es necesario entender su aislamiento. Tras el cierre del hospital militar en 1964, el majestuoso conjunto arquitectónico cayó en el olvido más absoluto. Durante décadas, el edificio Lángara y los pabellones anexos sufrieron el expolio y el desgaste del tiempo. Fue la propia comunidad menorquina, a través de un encomiable grupo de voluntarios en 2004, la que comenzó a desbrozar las ruinas y a devolverle la dignidad al lugar.
Esa autenticidad fue la que enamoró a Iwan y Manuela Wirth. A diferencia de las sedes puramente urbanas y comerciales que la galería posee en metrópolis como Londres o Hong Kong, Menorca fue concebida desde el origen como un centro de arte abierto a la comunidad. Aquí no hay directores de ventas; hay mediación, educación y un programa público totalmente gratuito que late gracias a los profesionales locales de la isla.

El diálogo de las formas en el paisaje de Piet Oudolf
El recorrido se inicia en el exterior, caminando por un jardín mediterráneo diseñado por el legendario paisajista holandés Piet Oudolf. Plantas autóctonas conviven en perfecta armonía con especies no invasoras, creando un tapiz botánico que abraza las esculturas exteriores. Es aquí donde el diseño de Luis Laplace, arquitecto encargado de rehabilitar las naves respetando cada ventana y elemento arquitectónico original, cobra un sentido pleno.
En mitad de este recorrido nos topamos con una de las piezas más sobrecogedoras del conjunto: una escultura de Cristina Iglesias. Es la única obra que se puede tocar. Perteneciente a su aclamada serie «Littoral», la pieza simula una roca erosionada, evocando un meteorito lunar que dialoga con los cráteres, el agua y las deformaciones calcáreas tan propias de las costas menorquinas. Las formas orgánicas de la pieza parecen derramarse hacia las paredes de la propia galería.

La incertidumbre del cosmos y el ciclo de la materia
Al cruzar el umbral del primer pabellón, reformado sutilmente para ganar amplitud y capturar la mágica luz de la isla, entramos en la gran exposición colectiva de la temporada: «Directionless». Comisariada bajo la batuta del artista Rashid Johnson, la muestra reúne a 28 creadores que responden, desde la vanguardia, a este momento histórico de incertidumbre y cambios constantes.
La primera sala, articulada por el histórico creador Charles Gaines, nos recibe con sus piezas racionales y matemáticas. El artista utiliza imágenes de archivo de escenas donde se cometieron crímenes, superponiendo de forma metódica la posición exacta del cosmos y el cielo en ese instante preciso. Un juego conceptual que cuestiona el determinismo y el paso del tiempo.
A pocos metros, la monumentalidad de las cerámicas de Teresita Fernández detiene el paso. Más de 7.500 cubos cerámicos se expanden por la pared simulando un horizonte de sedimentación. La obra se inspira en los ritos funerarios del Tíbet, donde los cuerpos son entregados a la naturaleza para volver a convertirse en un proceso orgánico, diluyéndose con la propia tierra. La pieza exuda una vibración casi mística que dialoga visualmente con una pieza de sal del Mar Muerto de Sigalit Landau, seleccionada con acierto por la propia Cristina Iglesias.

Memoria herida y pinceladas de urgencia
El patio interior de la galería regala un respiro visual gracias a una majestuosa higuera que se cuela dentro de la arquitectura. Este rincón, me cuenta Gemma, se transforma durante las noches de verano en un cine al aire libre, un auténtico lujo estival bajo las estrellas del puerto de Mahón.
Al traspasar las últimas salas, la exposición se vuelve más íntima y ligada a la memoria del archivo personal. Destaca con luz propia el trabajo de la creadora aborigen australiana Sally Gabori. Gabori comenzó a pintar a los 80 años de edad, tras haber sido desplazada de su pequeña isla natal en el norte de Australia debido a catástrofes naturales. Sus lienzos son explosiones de color puramente viscerales; no buscan la figuración, sino el rescate urgente de una geografía perdida a través de la memoria de las sensaciones. Sus pinceladas enérgicas, llenas de un atrevimiento inocente, encuentran en los muros de piedra de Hauser & Wirth el lienzo definitivo.

Nos detenemos frente al imponente marco de Georg Baselitz, figuras pintadas tras la caída del muro de Berlín, que reflexionan sobre la identidad comunitaria en plena transformación. La deriva por las naves de la Illa del Rei nos depara un último tramo donde la exposición «Directionless» se vuelve, si cabe, más física, tridimensional y descarnada. Es en esta recta final donde el diálogo entre los creadores invitados y las texturas del histórico complejo alcanza su cenit visual.
En una de las estancias, el propio comisario de la muestra, Rashid Johnson, nos sale al encuentro con una pintura monumental de fondos arcillosos y raspados densos. En ella, una retícula de casas esquemáticas e inacabadas parece evocar la búsqueda constante de un refugio en mitad de la tormenta contemporánea. Frente a sus texturas, la mirada se pierde en un impresionante mural de la gran Lorna Simpson; un hipnótico collage donde retratos fotográficos antiguos de la cultura afroamericana interactúan con densas manchas abstractas, obligándonos a reconstruir la memoria a través de los fragmentos del tiempo.

El espacio se vuelve extrañamente clínico e ingrávido al avanzar hacia las propuestas escultóricas. Hannah Levy nos detiene con sus características estructuras filiformes de metal pulido, que se elevan del suelo como insectos arquitectónicos para sostener cálices de silicona de formas orgánicas y táctiles. Su ligereza dialoga con la tensión matérica que Wangechi Mutu suspende del techo mediante cadenas, raices y hueso se fusionan en sus criaturas colgadas. Todo nos prepara para una de las piezas más rotundas del recorrido: Invisible Man, de Hugh Hayden. El artista esculpe una icónica chaqueta de traje de la que brotan, de forma expansiva y violenta, ramas secas que arañan el aire y proyectan sombras dramáticas sobre la pared, una cruda metáfora sobre la asimilación, el camuflaje y la identidad invisible.

La fuerza del pensamiento y la historia termina por colonizar las salas a través del lienzo de Firelei Báez inspirado en el Spiralism. En su pintura de gran formato, planos técnicos coloniales se funden con una gran estructura que evoca un gramófono o una caracola, consumiéndose entre llamas y patrones cromáticos vibrantes. Es esa misma energía telúrica la que nos despide en su instalación contigua, donde un denso papel pintado de motivos vegetales envuelve un retrato imponente cuya figura se cubre el rostro con una tela, personificando la resistencia cultural frente a los relatos oficiales del pasado.
Tras la pausa obligada y necesaria en La Cantina, salgo de Hauser & Wirth Menorca con la certeza de haber presenciado algo que va mucho más allá de una galería internacional: un espacio donde el arte contemporáneo no coloniza, sino que habita, respeta y sana el territorio.

INFORMACION UTIL
- Espacio: Hauser & Wirth Menorca
- Ubicación: Illa del Rei (Puerto de Mahón, Menorca)
- Exposición actual: «Directionless» (Comisariada por Rashid Johnson)
- Horarios y accesos: Consultar frecuencias de barcos lanzadera y reservas en hauserwirth.com
Fotos de Alex Sedano @sedanius



















