The Good, The Bad & The Queen, cartas, relatos históricos y momentos en el tiempoPor Xavier Valiño
Más
tarde, poniendo en marcha a la banda virtual de más éxito
de la historia, Gorillaz. Y, mientras no paraba de meterse en nuevos proyectos,
lograba convencer a gente como Marianne Faithful, Shaun Ryder, Norman
Cook, Ibrahim Ferrer, De La Soul, Neneh Cherry, Martina Topley-Bird, Roots
Manuva o Ike Turner para que colaborasen con él.
Ahora le toca a su nueva creación, un supergrupo
que toma el nombre de su disco de debut, The Good, The Bad & The Queen,
en el que ha logrado involucrar al ex bajista de los Clash Paul Simonon,
al genial baterista de Fela Kuti y Africa 70 Tony Oladipo Allen y al ex
Verve Simon Tong.
Su primer disco es un trabajo ambiental, caleidoscópico
y un tanto oscuro que empezó a tomar forma cuando Albarn supo que
a Tony Allen le había llamado la atención la frase «Tony
Allen me tiene bailando» que incluyó en «Music Is My
Radar», el tema registrado por Blur para su recopilatorio. Albarn
y el guitarrista Simon Tong estaban en Lagos para grabar con el veterano
batería Tony Allen. Trabajando con músicos locales, el trío
compuso material que suficiente para un álbum. De regreso en Inglaterra,
Damon estaba terminando el álbum Demon Days de Gorillaz
y el proyecto se quedó relegado para más tarde.
Cuando volvieron a retomarlo, y cuando Damon le dio las
grabaciones al productor Brian «Danger Mouse» Burton, la sensación
era que el disco había cambiado. «Sencillamente sentí
que ya no me necesitaban en el disco», asegura Damon Albarn. «Seguiría
utilizando las canciones pero no iba a cantarlas. Cuando Brian se subió
al carro fue cuando empezó a convertirse realmente en The Good,
The Bad and The Queen. Yo empecé a escribir sobre esta zona, el
Oeste de Londres, y a definir porqué pensaba que era un lugar tan
especial para vivir».
El
último colaborador en entrar al estudio fue el bajista de los Clash,
también natural del Oeste de Londres, Paul Simonon. Cuando le contactaron
para saber si estaría interesado en trabajar en el proyecto, resultó
que vivía a sólo unas calles de Damon. Tras dejar la banda
The Clash, el principal foco de atención de Paul había estado
centrado no en la música, sino en la pintura, aunque no tuvo ningún
problema en volver al ritmo de componer y ensayar: «Vine a escuchar
un par de temas e, inmediatamente, se me ocurrían unas estrofas
de bajo para acompañar. Así que pensamos ‘vamos a probar’
y empezamos desde cero. Hicimos un disco completamente nuevo».
El resultado es un disco para un lugar y un tiempo específico,
pero con un telón de fondo diverso y de gran alcance geográficamente.
The Good, The Bad & The Queen hace un viaje desde la tradición
del music-hall inglés hasta el afrobeat del Oeste de África,
zigzagueando a través de las Antillas y su reggae y dub,
regresando a Inglaterra y a la escena punk de Londres, y asimilando la
música beat británica de los años 50 hasta
llegar al britpop. Es, declara Damon, «una serie de cartas,
relatos históricos y momentos en el tiempo».
«No es una obra nostálgica sobre la calidad
de lo inglés», continúa. «Trata más sobre
lo que creo que significa ser inglés ahora. Creo que hemos hecho
un disco que ofrece un enfoque un bastante fresco de esta parte de Londres».
Para Paul, la clave de entender esta zona está en el mercado de
Portobello: «Es el eje central para toda la comunidad, ricos o pobres,
todas las diferentes culturas. Somos el producto de vivir aquí,
nuestras experiencias y nuestro punto de vista. En realidad somos gente
con una mentalidad abierta».
El título hace referencia a una estrofa en el
clímax del disco que dice: «Es la bendita rutina para el bueno,
el malo y la Reina». «Tiene que ver con el carácter londinense,
aunque su visión es propia de estos tiempos. Siempre quise hacer
algo así, pero la manera en que esa identidad británica
se malinterpretó en el pasado, a causa de mis propios errores juveniles,
me aconsejaban olvidar la idea hasta madurar lo suficiente o encontrar
el momento». Por ahora, por si fuera poco, The Good, The Bad &
The Queen es un sentido tributo a Londres, un detallado documento histórico
y un himno a las posibilidades del futuro.
