Stanislaw Lem:Vacío perfecto
Así, este volumen se compone de extensas reseñas
de novelas imaginarias, en la línea que ya practicara, por ejemplo,
Borges. Sin embargo, aunque Stanislav Lem no busca engañar a nadie,
sino poner en práctica un nuevo acercamiento a la narración.
Por ello, se revela como un portento imaginativo realmente memorable;
un canto a la capacidad creativa del arte y la ambición reflexiva.
Mediante
una escritura agilísima, extraordinariamente medida y contenida,
va desgranando toda una sorprendente serie de libros de gran originalidad
y hasta extravagancia. Al plasmar el contenido de las obras, él
mismo se convierte en narrador. De este modo, puede dialogar y explorar
así cuestiones morales, éticas y filosóficas.
En ese sentido, resulta interesantísimo puesto
que agrupa ideas y proyectos literarios sumamente potentes. Muchos, incluso,
son directamente irrealizables, y, si no fuera por este acercamiento,
no podrían ser plasmados. Pero su mero planteamiento aporta ya
una vigorosidad sublime. Además, el autor directamente trabaja
los conceptos, las historias, los presupuestos de cada título reseñado.
El escritor polaco logra dotar a cada exposición
de una hondura y un rigor que supera con creces al primer nivel de lectura;
el cómico, el lúdico. Como he indicado, no quiere detenerse
en intentar hacer creer que son volúmenes reales. Así, resulta
en ese apartado muy llamativo que escriba él mismo una crítica
sobre el propio Vacío perfecto, siguiendo el mismo método,
términos y ojo crítico. De hecho, alude a un prólogo
con una declaración de intenciones inexistente, y así escribe
esos presupuestos de manera indirecta, tal y como hace con el resto de
libros.
Esto también convierte al lector en partícipe,
pues le obliga a contribuir a construir la obra reseñada y, al
mismo tiempo, le da pie a introducirse en ella y rellenar los huecos no
resueltos. Lem transcribe fragmentos literales de los libros comentados
(lo que aumenta la sensación de ingravidez, por otra parte) y relata,
cuenta, los argumentos. Extrae de las obras, que parten de una potente
y peculiar premisa, lecturas filosóficas y metafísicas,
y consigue, de esta manera, plasmar la “novela total” que
no (se) puede escribir de forma directa.
Sin embargo, al mismo tiempo, también juega a
denunciar el «traje nuevo del Emperador». En efecto, por momentos,
no sabemos si está ridiculizando el alarde de erudición
o si quiere sumirse en una espiral desconcertante de interpretaciones.
Desde ese punto de vista, Lem ejecuta un homenaje a la Hermenéutica
más rigurosa e inquieta.
Como
el propio escritor explica en esa primera reseña, encontramos dos
grupos de críticas en este volumen: las que son apuntes, «borradores»
de novelas, que actúan como embriones, apuntes, de las obras. También
hallamos otras, a mi juicio las más interesantes y sugestivas,
más trabajadas, que analizan un título concreto comparándolo
con otra o partiendo de un modelo. Sin embargo, no entiendo que estos
textos sean parodias, sino que utilizan los modelos como plataformas.
En ese mismo apartado se incluyen los libros que no podrían ser
recogidas de manera distinta.
En cualquier caso, esto no es un mero juego o una demostración
de habilidad y sabiduría literarias. Se trata de un ejercicio de
exploración narrativa. Esto se demuestra con en el ritmo conseguido
en cada artículo, en la calidad de las herramientas empleadas,
los referentes con los que hace malabares y la filosofía que introduce
y expone en cada párrafo. Todo ello viene a ratificar que Lem (ese
autor de los memorables Diarios de las estrellas o la magistral
Solaris) posee una capacidad literaria extraordinaria y un dominio
del relato sobresaliente; una gran capacidad para dotarle de distintos
niveles de lectura, todos ellos con sus propias proyecciones.
De esta manera, Vacío perfecto proporciona
placer intelectual en estado puro e, igualmente, muestra a un autor capaz
de unir alardes técnicos y ambición narrativa.
