Sidonie, lo exquisito y lo decadente en equilibrioPor Xavier Valiño
¿Cómo fue la recepción a
vuestro anterior disco, el primero en castellano?
– Mayoritariamente positiva. Tanto crítica como
público aceptó bien los cambios que proponíamos.
Nos dimos cuenta que lo importante es ofrecer buenas canciones. Da igual
si te apetece hacer un disco de country-rock o folk psicodélico;
si las canciones no gustan, no gustan.
Supongo que ahora, con el tiempo, al igual que
sucede con Deluxe, todo el mundo tiene asumido el cambio de idioma, ¿no?
– Creo que sí, no sé si será el
idioma, pero cada vez asiste más gente a nuestros conciertos. A
veces nos hemos encontrado con algun disidente, pero siempre han existido,
el que nos dejó de escuchar porque fichamos con una multinacional,
el que ya no le gusta porque Jesús se dejó barba… Afortunadamente
son pocos.
También
creo que el sonido de Sidonie está muy claro, que se puede reconocer
desde los primeros compases. Es todo un logro.
– Bueno, esto también pasa con Café Quijano
y no sé si esto es una virtud. Creo que lo más reconocible
de Sidonie es el tipo de melodías que interpretamos.
¿Se podría decir que Costa Azul
es vuestro disco con más influencias clásicas?
– Las influencias, clásicas o no, siempre han
estado ahí, no las escondemos. Al contrario, estamos muy orgullosos
de la música que escuchamos y en el período de gestación
de Costa Azul han aparecido otros artistas que nos han influido pero no
necesarimente ‘clásicos’.
Se puede entrever mucho a The Kinks por ahí.
¿Fue vuestro principal referente para este álbum?
– Siempre hemos sido fans de los Kinks, lo que pasa
es que nunca nos acordábamos de citarlos en las entrevistas. Este
disco tiene un tipo de letras más irónicas, más directas,
y Ray Davies ha sido un referente necesario para construirlas.
– Richard Hawley, Enter Shikari y John Horsepainter.
Hay melodías directas en todas las canciones.
¿No pensáis que discos así deberían llegar
a toda la gente?
– Claro. Nosotros no hacemos música para un tipo
de gente determinado, no somos clasistas. Siempre hemos pensado que para
llegar a más gente no es necesario hacer canciones tontas. La gente
no es idiota.
También es el disco más guitarrero
y de sonido americano, ¿no?
– El fichaje de Ricky Falkner ha aumentado la presencia
de guitarras eléctricas y la inclusión del pedal-steel le
da un aire country en determinados momentos, pero básicamente es
un disco mediterráneo.
¿Cuál es la influencia de Scott
Fitzgerald en el disco?
– Su capacidad de describir una resaca es uno de sus
máximos logros como novelista; ni Hemingway lo superó.
Las letras están mucho más apegadas
a la realidad. ¿Tiene eso que ver con el autor o era una de las
ideas antes de comenzar el disco?
– Tiene que ver con las ganas de evolucionar de Sidonie.
En nuestros discos precedentes hay profusión de imágenes
oníricas. Queríamos explorar nuevas zonas y Scott Fitzgerald
o Ray Davies nos han acompañado en esta expedición, como
antes lo hicieron John Lennon, Bob Dylan o Syd Barrett.
Hemos
hablado de referentes musicales y literarios. ¿Cuáles serían
los cinematográficos, si los hay, de Costa Azul?
– La Dolce Vita de Fellini. Dos en la carrertera de
Stanley Donen, Sunset Boulevard de Billy Wilder… Siempre lo exquisito
y lo decadente en delicado equilibrio.
A pesar del título homenaje al Mediterráneo,
el álbum no se parece a otros acercamientos recientes a este mar,
como los de Refree, pero sí podría estar más cerca
de Antonia Font. ¿Estáis de acuerdo?
– Me gustan estas bandas, pero no tienen nada que ver
con Sidonie. Nuestro Mediterráneo es una pequeña cala en
Portlligat, el fragmento de la playa de Bogatell que se ve desde la ventana
del estudio de grabación, y también Serrat.
Recuerdo que una de vuestras primeras versiones
fue el «Beautiful Stranger» de Madonna. ¿Os habéis
dado cuenta de que es un plagio del «She Comes In Colors» de
Love?
– Mmmmm… La verdad es que no me había dado
cuenta, pero ahora que lo dices sí que es cierto. Recuerdo perfectamente
el momento en el que estaba en casa y vi el video de la canción.
De repente vi claro que esa podría ser una buena versión
para Sidonie. Lo curioso de la historia es que a Axel y a Marc les pareció
lo mismo. Conexión mágica que le llaman.
En la primera entrevista que os hice, en el 2001,
me dijisteis: «Pensamos en los Beatles cuando estamos en le estudio
y en los Stones cuando estamos sobre un escenario». ¿Sigue
siendo ésa vuestra filosofía?
– Sí, podría seguir siendo así.
El estudio sigue siendo para nosotros como el recreo en un colegio: un
lugar lleno de juguetes donde nos movemos con absoluta soltura. El directo
ya es otra cosa, donde la diversión juega un papel fundamental.
Por
último, ¿cómo van las cosas dentro de Sidonie, en
relación a los medios, la aceptación de la gente y vuestras
perspectivas de futuro?
– La relación dentro de Sidonie sigue siendo
fantástica: un buen puñado de amigos juntos en un aventura
que hoy en día continua siendo lo más importante en nuestras
vidas. La aceptación de la gente esta siendo fantastica también.
Todos los conciertos de esta gira se están llenado y cada vez notamos
que se acerca más gente que nos ha conocido desde el cambio de
idioma. Los planes de futuro desde luego siguen siendo los mismos: seguir
grabando buenos discos, girar presentando esas canciones y, quizá,
algun dia poder salir fuera de la Península a tocar. De hecho,
en diciembre nos marchamos a Argentina a plantar una semilla que, esperamos,
más adelante se convierta en una larga gira por esas tierras, no
sólo ésas, sino las de todo el mundo.
