El teatro silencioso de Richard Avedon: cómo se construyó ‘In the American West’Por Redacción
Con motivo de la gran propuesta expositiva de la Fundación Mapfre en Madrid —que divide sus plantas entre el maestro neoyorquino y el fotógrafo Alejandro Cartagena—, desglosamos el diario de trabajo de Avedon. Un manifiesto que desmonta el mito de la verdad objetiva en el retrato.
A partir de la primavera de 1979, Richard Avedon dedicó sus meses de verano a recorrer los aparcamientos de camiones, las ferias y los corrales de ganado del Oeste americano. No buscaba paisajes grandiosos, sino rostros. El resultado de aquel viaje dio pie a In the American West, uno de los hitos más descarnados de la historia de la fotografía.
Con motivo de la temporada expositiva que le dedica la Fundación Mapfre en su sede de Madrid, rescatamos las palabras manuscritas del propio Avedon extraídas de su diario de trabajo. Un documento que nos introduce directamente en su metódico y tenso proceso sobre el terreno y que, además, este verano convive en el mismo edificio con la mirada contemporánea y sociopolítica de Alejandro Cartagena en las diferentes plantas del espacio.
La neutralización de la luz y el fondo blanco como lienzo
Cualquiera que observe los retratos de esta serie identificará de inmediato su marca de identidad: fondos blancos inmaculados y una luz homogénea que no deja espacio a la distracción. En su prefacio, Avedon detalla la infraestructura física detrás de este minimalismo tan característico:
«Fotografío a la persona delante de una gran lámina de papel blanco de unos tres metros de ancho por casi dos y medio de alto, previamente fijada a un muro, un edificio o a veces el lateral de una caravana.»
Lejos de buscar el dramatismo de los claroscuros del sol del desierto, el fotógrafo huía de la luz solar directa por una obsesión pura centrada en el control y en la democratización del sujeto. Interesaba neutralizar la fuente de luz para que las sombras o los reflejos no señalaran de manera artificial dónde mirar, permitiendo que la incidencia lumínica sobre el aspecto de las cosas fuera completamente invisible.
El misterio del gran formato y el arte de fotografiar a ciegas
La liturgia que exige una cámara de banco óptico marca por completo el resultado final. Avedon trabajaba con un equipo de 20 × 25 cm montado sobre trípode, un formato mastodóntico que cambiaba la dinámica espacial entre el artista y el retratado. Al contrario de lo que impone el visor de una cámara réflex tradicional o digital de 35mm, el fotógrafo operaba despegado de la máquina:
«Me pongo al lado de la cámara, no tras ella, a varios centímetros a la izquierda del objetivo y más o menos a un metro veinte del retratado. Durante una sesión de trabajo tengo que imaginarme las fotografías que capto, porque, como no miro a través de la lente, nunca veo lo que queda registrado en la película antes de su impresión en papel.»
Esta distancia física le permitía estar lo suficientemente cerca como para tocar al sujeto. Al no haber una cámara ocultando sus expresiones, el retrato se convertía en un duelo de miradas directo, un intercambio psicológico desprovisto de pantallas donde el fotógrafo dependía por completo de la otra persona para terminar su imagen.
«Un retrato no es un parecido»: la opinión frente a la verdad
El punto más radical del texto de Avedon es su honestidad respecto a la supuesta «verdad» del medio fotográfico. El neoyorquino tumba la idea de la captura como un espejo fiel del alma, definiéndolo como una manipulación psicológica donde el fotógrafo ostenta el control de la situación. Para el autor, la nitidez química de la película no equivalía a la honestidad real:
«Un retrato no es un parecido. A partir del momento en que una emoción o un hecho se convierten en fotografía, lo que hay ya no es un hecho, sino una opinión. La imprecisión no tiene nada que ver con la fotografía. Todas las fotografías son precisas. Ninguna de ellas es la verdad.»
A través de este «teatro silencioso», el retratado debía aprender a relacionarse con el objetivo y a aceptar la disciplina de la quietud. El truco final consistía en borrar el rastro del truco: crear la ilusión de que todo lo incorporado en la toma simplemente había ocurrido de forma espontánea.
Diálogos americanos: Richard Avedon y Alejandro Cartagena en la Fundación Mapfre
Es precisamente en esa frontera de la manipulación y la puesta en escena donde el recorrido de la Fundación Mapfre se vuelve brillante al conectar diferentes plantas del edificio. Mientras Avedon aísla a sus sujetos del contexto sobre un fondo blanco artificial, las imágenes de Alejandro Cartagena situadas en los otros niveles del palacete capturan el territorio americano desde una perspectiva cruda, contextualizada y radicalmente urbana.
El choque conceptual entre el gran formato analógico de Avedon y los proyectos documentales de Cartagena ofrece al espectador una panorámica excepcional sobre cómo la fotografía del último siglo ha diseccionado la identidad del continente. Visitar la muestra sabiendo que cada mirada congelada es, en realidad, una estudiada puesta en escena, transforma nuestra experiencia frente a las copias. Avedon no documentó el Oeste; creó su propia y demoledora ficción sobre él.
Ficha técnica para la visita:
- Exposición: Richard Avedon y Alejandro Cartagena (Exposiciones paralelas en diferentes plantas).
- Espacio: Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, Madrid).
- Imprescindible: Confrontar el diario de trabajo de Avedon con las hojas de contacto originales expuestas en las salas.
