Ricardo Mateos Sáinz de Medrano:La Reina María Cristina.
Madre de Alfonso XIII y regente de España.Por Lola Diehl
Ricardo Mateos Sáinz de Medrano ha sabido reflejar en esta biografía
el estilo de vida, la forma de pensar de finales del siglo XIX y principios
del XX. Nos acerca al día a día de la familia real española
en unos momentos difíciles y de múltiples cambios. Asistimos
a los cambios de una sociedad, de un mundo, a través de la Reina
María Cristina, cuyo reinado estuvo plagado de tragedia y soledad.
Con
el antecedente del desastroso reinado de Isabel II, España no estaba
dispuesta a pasar por otra etapa similar. Desde el primer momento María
Cristina supo demostrar que en nada se parecía a su regia suegra.
Su apariencia seria, discreta y serena le ayudó a ello, es cierto,
aunque también le granjeó el apelativo de «Doña
Virtudes». Cuando llega a España tiene que luchar contra la
desastrosa imagen que Isabel II dejó de las reinas. También
se encuentra frente al mito de María de las Mercedes, primera esposa
de Alfonso XII y que había fallecido pocas semanas después
de la boda. Desde un primer momento está en desventaja frente al
fantasma de María de las Mercedes. María Cristina ni es
guapa, como su antecesora, ni española. Tendrá que poner
todo su empeño para hacerse con el pueblo español y demostrarle
su voluntad de servicio.
Parece claro que en el momento de contraer matrimonio,
María Cristina estaba muy enamorada de Alfonso XII. Sin embargo
la felicidad duró poco, ya que pronto pudo percatarse de las infidelidades
del mismo, que continuaron hasta su temprano fallecimiento. Y a María
Cristina no le quedó más remedio que aguantar, como a tantas
mujeres de la época. No era Alfonso ni el primer ni el último
español que, queriendo a su mujer, tenía una o varias amantes
e incluso hijos ilegítimos con ellas.
El nacimiento de Alfonso XIII como hijo póstumo
de Alfonso XII iba a marcar no sólo la vida de éste, sino
la de María Cristina. Teniendo en cuenta el número de niños
que morían por enfermedades hoy erradicadas o sin ninguna importancia
y la necesidad de asegurar la continuidad dinástica, a quién
puede extrañar que esta mujer, madre al fin, se volcara en su hijo.
Por mucho que intentara inculcarle valores profundos de amor a la patria,
de responsabilidad y de servicio, es evidente que a este niño no
le iba a faltar nunca de nada y que cualquier deseo iba a ser cumplido,
convirtiendo al futuro rey en un ser caprichoso acostumbrado a hacer lo
que le venía en gana.
María Cristina sufrió la muerte de sus
dos hijas aún jóvenes, la de dos nietos todavía pequeños…
y siguió adelante. Tras los años dedicados a ser reina regente,
a dedicarse a España preparando el camino para su hijo, siguió
ayudando a éste desde un segundo plano, aunque su preferencia era
dedicarse a todos sus nietos, a ser abuela. Probablemente fue la época
más feliz de su vida. Lejos de las obligaciones reales, por fin,
podía vivir como una mujer «normal» dedicada a la familia.
Quedan también patentes en este libro las desavenencias
con su nuera, Victoria Eugenia, en momentos puntuales de enfrentamiento
ideológico y, en general, como en cualquier familia.
El mayor mérito de este libro es haber sabido
reflejar cómo los personajes son producto de una época y,
por tanto, de una educación, una religiosidad y unas costumbres
concretas. Son un reflejo más de la sociedad que les ha tocado
vivir.
Por otro lado, la cantidad de datos aportados, de nombres
y de miembros de familias reales pueden confundir al lector no experto
en el tema. La infinidad de notas dificultan la lectura, sobre todo porque
se encuentran al final del libro. Está claro que las referencias
bibliográficas deben ir en un apartado especial, pero todas aquellas
que aclaran lo escrito deberían ir a pie de página, para
facilitar al lector su comprensión y evitar el estar pasando páginas
constantemente.
La edición ofrece gran cantidad de datos, de
manera que será de imprescindible lectura para el estudioso, y
al mismo tiempo de gran interés para el simple diletante.
Opino que el libro ha reforzado la imagen que tenía
de la Reina María Cristina, eso sí, dándole el valor
real como persona luchadora, fiel a sus ideales, de fuertes sentimientos
religiosos, que supo adaptarse a un país desconocido que hizo suyo
y que dedicó su vida entera a cumplir con su deber. Podemos comprender
sus inquietudes, sus temores y sus desvelos. Vemos su constancia, su sentido
del humor, su generosidad y su profunda religiosidad.
Cualquier lector, mínimamente interesado en la
historia de España, encontrará en las páginas de
«La Reina María Cristina» suficientes motivos para disfrutar
de su lectura.
