Ramiro Pinto Cañón:LA CURVA DEL CUERVO
Manifiesta Ramiro Pinto que el héroe individual de las historias se ha perdido. Despojado
de subjetividad, no habla y la palabra la toma una masa humana que no llega a ser sujeto agente,
sino más bien paciente títere. Dos buenos modos de alertar sobre ese vacío
y los monstruos que nos habitan.
Dos relatos componen este libro, ambos suponen un ejercicio de lucidez para mostrar qué mecanismos
sociales operan en nuestra sensibilidad para configurar la conciencia.
En La curva del cuervo una tertulia literaria, que comenzó siendo la viva expresión
de un pensamiento libre, se acaba transformado en una reunión donde cada gesto está legislado.
Los personajes, están dibujados como rápidas y grotescas caricaturas. En su actuación
esperpéntica radica la fuerza satírica y reveladora de la sumisión social al
pensamiento dominante.
Un narrador en primera persona nos da cuenta de su personal obsesión: la creación de
un poema puro, perfecto; de ahí que versos de El Cuervo aleteen por el relato. Parece
que Poe se divirtió bastante más de lo que creemos buscando arabescos sonoros para
dar con la musicalidad hipnótica de su poema. Cabe suponer que Ramiro Pinto, engarzando los
mimbres de su Curva del cuervo al pájaro de Poe, también. Las referencias
intertextuales son percibidas por el lector como gozosos guiños para leer burlonamente una
poética que identifica perfección y belleza musical; una concepción de belleza
que se opone a la verdad.
En Gavias del corazón , un grupo de familias será víctima de los males
que ellos mismo han engendrado. La casa, en una zona residencial donde pasan el verano ha dejado
de ser una vivienda en el campo, para ser una parte más del asfalto. Sus dueños, atemorizados
infundadamente, se irán vaciando de confianza y alegría para vivir acuartelados.
Si en el relato anterior, la tertulia era una metáfora que permitía ironizar sobre la
pureza aquí, el grupo de la sierra se constituye en escaparate, donde un narrador objetivo
disecciona el comportamiento social inducido por el miedo.
En ambos casos, manifiesta Pinto, el héroe individual de las historias se ha perdido. Despojado
de subjetividad, no habla y la palabra la toma una masa humana que no llega a ser sujeto agente,
sino más bien paciente títere. Dos buenos modos de alertar sobre ese vacío
y los monstruos que nos habitan.
Nº 3 – Agosto / Septiembre de 2005
