Pablo Linsambarth: La alquimia del sur y el enigma de la pintura Por Alejandro Sedano
De la geografía de los volcanes a la madurez de un lenguaje netamente pictórico, el artista chileno analiza su primera década de trayectoria y su próxima llegada al MAVI.
P
ablo, tu próxima colaboración con el Museo de Artes Visuales MAVI (Chile) marca un punto de inflexión en tu trayectoria. ¿Cómo cambia la percepción de tu propio trabajo cuando pasa del estudio a los muros de una de las instituciones más importante de tu país? ¿Sientes que tu lenguaje ha tenido que ‘madurar’ para habitar ese espacio?»
Por lo general cuando pienso o más bien comienzo una obra no estoy imaginando en dónde va a estar colgada, sin embargo, existe en mi mente una especie de sensación que se transmite de alguna manera al lienzo, la cual considera el destino. Es muy extraño de explicar, pero quizá, es una forma de trabajar sin presión sabiendo que existe una gran responsabilidad detrás de una muestra que puede ser visitada por un público muy variado y que además, tiende a consolidar a los artistas de mi país en el propio patrimonio nacional. Puede parecer una contradicción, pero es una cuestión casi aurática que rodea a la obra.
«En el sur global estamos acostumbrados a hacer mucho con poco; es una alquimia sujeta a la precariedad que te obliga a lanzarte al vacío sin miedo».
Sobre la segunda pregunta, si voy hacia algo más más elemental y pudiese distanciarme de mi trabajo por unos cuantos metros, siento que el giro se ha dado principalmente a que la imagen se ha alejado un tanto de lo gráfico y se ha dirigido a algo netamente pictórico. En ese sentido se ha podido ver la maduración en la intención de experimentar constantemente con ciertos paramentos que yo mismo me pongo, hasta obtener el resultado que más se aproxime a la imagen que creo que es la que me satisface.
«Publicar un libro es, en cierta medida, un ejercicio de arqueología personal. Al recopilar tu obra en papel, ¿has descubierto algún patrón o alguna obsesión que se te pasaba desapercibida en el día a día del taller? ¿Qué te ofrece el formato editorial que no te permite el lienzo?»
Desde pequeño, cuando comencé a pintar e imaginar la idea de dedicarme al arte a tiempo completo, soñé con la imagen de que existiera un libro donde se pudieran ver mis trabajos. Quizá, porque cuando iba a las librerías o museos disfrutaba mucho mirando los catálogos y libros de artistas. Además, mi padre compraba los suplementos que venían con los periódicos sobre algún artista y los coleccionaba, por lo que me he sentido siempre muy familiarizado con ese universo.
Respecto a si he descubierto algún patrón o una obsesión en concreto, te diría que me he dado cuenta que casi nunca utilizo un formato igual en mis pinturas, todo eso me he percatado mirando todas las obras que irán colocadas en la publicación, ya que, al encajar casi ninguna es igual en formato que la otra. Me imagino que esto se responde a que yo pinto en todos los tamaños y nunca pierdo ni un centímetro de lienzo, porque hasta del último retazo que queda por ahí, hago una pequeña pintura sin importar que no es un formato ideal.
Lo otro que es interesante, es que el libro te permite jugar con diferentes diseños que el lienzo en sí mismo no tiene, ya que lo genial de la pintura es que todo lo que ocurre está dentro del propio cuadro, en cambio el libro ya es en sí un objeto, donde se pueden armar relaciones con ciertos textos que tal vez nunca fueron pensados para esa imagen y que al juntarlos se comienza algo nuevo.
«Tu uso del color es casi magnético, pero en tus trabajos más recientes se percibe una búsqueda de nuevas texturas y capas. ¿En qué momento se encuentra ahora mismo tu investigación pictórica? ¿Estás buscando más el orden dentro del caos o te interesa explorar ese desbordamiento visual?»
En el último tiempo he hecho bastantes cambios, uno de ellos que considero fundamental, es que ahora estoy preparando yo mismo las telas, desde la elaboración del lienzo en la colocación al bastidor, hasta poner las capas desde la imprimación suficiente al punto que considero que está lista para pintar. Debido a esto, se puede apreciar que el color tiene una pureza más profunda y cierta “limpieza” respecto a lo que hacía antes. Otra de las cuestiones que estoy cambiando de manera consciente, es intentar hacer menos líneas de contorno y dejar que los colores dialoguen por sí solos.
De esta manera, no estoy “encerrando” a la figura, más bien, se va fundiendo con la otra, pero que a su vez, se pueden distinguir perfectamente por el tratado y pigmentación de cada una.
Siento que ahora mismo mi investigación pictórica está más en la observación de la naturaleza, la cual permite sutilezas que no encuentras en lo construido por el hombre, tomo eso de referencia e intento traducir en el lienzo esos elemento orgánicos que pienso que podrían ayudar a mi lenguaje.

«Como artista chileno con una proyección internacional cada vez más sólida, ¿cómo influye tu raíz y el paisaje de tu origen en la obra que produces hoy? ¿Crees que hay una ‘mirada del sur’ que el público europeo o global está empezando a valorar de forma distinta?»
En mi caso, siempre existe una mirada autobiográfica en la obra que realizo, y el uso de los colores no está exento a ello, es una forma de entender mi contexto, tanto cultural, político, como vivencial. Digo esto, porque en Chile, la variedad de paisajes es única, debido a su larga geografía y estructura climática, por ende la cantidad de colores aumenta considerablemente si lo comparas a países que poseen una estación marcada durante todo el año, en Chile tenemos tantos tipos de climas que de alguna manera esas tonalidades se traducen al lienzo. En casi todas las pinturas que hago, existe esa mención al paisaje, a la geografía, a los volcanes, el desierto y la propia ciudad que he habitado, las que de alguna manera, me acompañan en mi imaginario de forma permanente. A esto, le debemos sumar la propia historia política chilena, donde la democracia llegó recién en los años noventa, década en la cual los artistas sentían que podían volver a crear sin censura. Sensación que me fue transmitida por mis profesores en la Universidad y que sí o sí te afecta positivamente en la propia concepción de la obra.
«En casi todas las pinturas que hago, existe esa mención al paisaje, a la geografía, a los volcanes, el desierto y la propia ciudad que he habitado, las que de alguna manera, me acompañan en mi imaginario de forma permanente.»
Respecto a la mirada que el público europeo tiene hacia los artistas latinoamericanos, creo que hace un buen tiempo se está valorando el trabajo que se desarrolla en el sur del mundo, imagino que esto se ha ido incrementando los últimos 10 o 15 años. Pienso que en parte, se debe principalmente a una espontaneidad y arrojo que el artista de Latinoamérica tiene y que siempre ha tenido, por múltiples factores, pero que sin duda uno de estos puede ser, el estar acostumbrado a hacer mucho con poco. Hay una cosa extraña, como una especie de alquimia que está sujeta a una condición más precaria en lo económico y estructural (museos, galerías, mercado e instituciones del arte en general) que te obligan a “lanzarte al vacío” sin mucho miedo a perder, sumado a la gran combinación de influencias que pueden enriquecer la obra, ya sea, desde la propia cultura indígena o milenaria que está presente en casi todo el territorio americano con sus innumerables pueblos originarios, y a su vez, la propia influencia europea y estadounidense, generando cruces muy particulares que solo se pueden conseguir si creciste en el llamado “sur global”.
«En Arteshoy estamos celebrando 20 años de historia con este relanzamiento. Si pudieras enviar un mensaje al Pablo Linsambarth de hace una década, o proyectar tu obra dentro de otros diez años, ¿cuál dirías que es el elemento que permanece inalterable en tu arte a pesar del paso del tiempo?»
Esta pregunta me ha gustado mucho, ya que, hacer un ejercicio de “mirar” a ese Pablo de hace una década, es pararme justamente donde comencé naturalmente mi camino “profesional” en el campo de las artes. De hecho, el libro que menciono más arriba sobre mi trabajo, data los últimos 10 años de trayectoria y en cómo fue la pintura la que finalmente perduró ante todo.
De hecho, siento que lo que ha permanecido en mí desde hace una década, es esa confianza de creer en el camino que he tomado, asumiendo que pueda tener bastantes desviaciones.
Creo que mantengo firme la idea de la pintura como lenguaje, de organizar el cuadro mediante personas o personajes en escenas que posibilitan un enigma.
El carácter figurativo si bien ha ido variando en forma, sigue intacto a nivel de concepto. La pintura es siempre el camino. Dónde a pesar de los formatos o ideas que han ido pasando por mis cuadros, ya puedo ir observando un estilo que de cierto modo me identifica.
Finalmente, si tuviera que proyectar mi obra dentro de los próximos 10 años, creo que sería básicamente ir consolidando todo lo que he mencionado en esta entrevista, quizás con cambios significativos o repeticiones interminables de algo, pero intentando siempre llegar a esa utopía de la búsqueda y el encuentro, para luego, volver a comenzar.
Por todo esto y más, ¡larga vida a la pintura!




