ORFEO XXI.POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y TRADICIÓN
CLÁSICAPor Ángel Luis Luján
La poesía contemporánea lleva tiempo sufriendo su particular temporada en los infiernos.
Desespera de cualquier intento de rescate porque sabe que todo Orfeo acabará volviendo la
vista atrás, hacia un tiempo en que la lírica ocupaba un lugar real y destacado en
la comunicación social. Este libro, entre Orfeo y Jano, mira hacia atrás y hacia delante:
rastrear la presencia de la poesía clásica greco-romana en los poetas españoles
de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, supone una apuesta por recuperar una historia
cultural y es una invitación para que los lectores de hoy se reconozcan en la poesía
de todos los tiempos.
La poesía española actual se pierde en tendencias, grupos, etiquetas, antologías
arrojadizas y, en suma, en una «ceremonia de la confusión», como acertó a llamarla
Diego Jesús Jiménez. Para alguien que se acerque por primera vez a este panorama sin
acotar la desorientación es total, y el espectáculo un guirigai sin orden ni sentido.
Por eso, son bienvenidos estos libros que a través de un hilo temático o siguiendo
la hebra de una determinada actitud buscan un elemento de cohesión en la poesía española
de la segunda mitad del siglo XX. En este caso se trata de una continuidad temática en torno
a la presencia de la poesía clásica greco-latina en nuestra poesía más
o menos reciente.
El libro es fruto de un encuentro en la Universidad de Valladolid, por lo que está dividido
en dos partes: una dedicada a artículos académicos y otra que contiene una muestra
antológica, cuyo responsable (Pedro Conde Parrado) califica de muy parcial, si se tiene en
cuenta que dice llevar recogidos más de 600 poemas que se ajustan a este criterio. La abundancia
del material no permite hacer de la herencia greco-latina el hilo conductor absoluto de la poesía
española de mediados del XX hasta nuestros días, pero habla de una continua vuelta
de la poetas al mundo clásico desde distintas estéticas y desde distintos estilos.
No podemos hablar, en consecuencia, de la clasicidad como el rasgo más destacado de la poesía
española de los últimos cincuenta años, pero sí de una renovada preocupación
por lo clásico que atraviesa, en distintas metamorfosis, periodos y tendencias. Es, por otra
parte, un giro inevitable en la poesía del siglo XX: una poesía desorientada, que
se tiene a sí misma como tema central, que gira una y otra vez sobre los límites y
las capacidades del lenguaje. Una poesía fundamentalmente metapoética no podía
dejar de remitirse a sus orígenes en la tradición occidental, es decir, aquel momento
fundacional de la poesía griega y latina. El tema, pues, está bien elegido, aunque
encontraríamos algo similar si en lugar de desentrañar la presencia de la poesía
clásica lo hiciéramos con la poesía de nuestro Siglo de Oro. Parece que para
encontrar su lugar en la multiplicación de discursos a que ha dado lugar esta sociedad de
la comunicación, la poesía debe retroceder hasta encontrar un origen fundacional.
Los cuatro artículos académicos que sirven de marco a la muestra antológica se
pueden agrupar por pares: los que se dedican a rastrear la presencia de un género de la tradición
clásica y los que hacen el seguimiento de un personaje o una obra. Begoña Ortega Villaro
escribe sobre la pervivencia del epigrama en la poesía contemporánea, realizando un
análisis muy preciso de cómo el género pervive y se transforma. El interesante
y documentado artículo de Francisco Díaz de Castro descubre la pervivencia de las
formas de la elegía. Aunque se centra fundamentalmente en la elegía fúnebre,
tiene en cuenta que la elegía es una constante tonal en la poesía española
contemporánea. El artículo de Jorge Fernández López, de carácter
más enumerativo que crítico, repasa la figura de Orfeo que inevitablemente aparece
una y otra vez en la poesía de todos los tiempos, en tanto que arquetipo mítico del
cantor. Y por fin, el excelente artículo de Conde Parrado sobre la presencia de Ulises y
la Odisea viene a romper tópicos y a mostrar cómo esta figura del héroe
moderno no sólo encuentra su terreno de cultivo en la novela contemporánea.
La muestra antológica, aunque los desborda, se ciñe principalmente a los temas tratados
en la parte crítica. El antólogo se impone este criterio como una forma de restringir
el amplio corpus que tiene seleccionado. Que el orden seguido sea el alfabético supone, por
una parte, no querer arriesgar nada en cuestiones de evolución o de mayor o menor densidad
de los temas en determinada franja generacional; pero a la vez deja constancia, como quiere el editor,
de que esta sección debe tratarse simplemente como lo que es: una muestra, y no un intento
de interpretación, que sería una tarea posterior.
La pluralidad de estéticas y autores ofrece una buena muestra de lo mejor de la poesía
española de la segunda mitad del siglo XX. Alguien que quisiera tomarle el gusto a la poesía
podría empezar por aquí, ya que tenemos todos los tonos: desde el serio metafísico
hasta el más chocarrero, es decir, desde la elegía al epigrama; y todas las generaciones,
pues el arco de edad de los autores es considerable, desde poetas como Julio Aumente (1924) o Francisca
Aguirre (1930) a los más jóvenes como Álvaro Tato (1978) o Fernando López
de Artieta (1983). En la inclusión de algunos de estos poetas junior, con piezas que desmerecen
del digno tono general, se puede apreciar la mano del editor de los Llibros del Pexe, pero es una
tacha menor si tenemos en cuenta la riqueza y calidad general que tiene la selección.
Nº 3 – Agosto / Septiembre de 2005
