Modigliani y su tiempo
Cuando
se habla de Amadeo Modigliani (Livorno 1884-París 1920) nos viene
a la memoria esas figuras medio clásicas, medio modernas de mirada
lánguida, ojos almendrados y rostros alargados. Han sido muchas
las reproducciones que han circulado de sus obras. Pero no es su arte
el único motivo de su popularidad. También lo es por la
leyenda folletinesca de «pintor maldito», adicto al alcohol
y a los más diversos estupefacientes; por sus amores tumultuosos
y, sobre todo, por el trágico final cuando tan solo tenía
treinta y seis años. Una mezcolanza de factores que lo lanzaría
a la gloria póstuma de los incomprendidos. Así nació
la leyenda, el mito Modigliani.
El comisario de la exposición, Francisco Calvo
Serraller, ha centrado la muestra en los años más fructíferos
de Modigliani que coinciden en el tiempo con autores y retrospectivas
tan emblemáticas que cambiarían el curso del arte contemporáneo.
Estamos hablando de exposiciones como las que homenajearon a Gauguin y
Cezanne en 1906, organizadas por el Salon d’Automne. Hablamos también
del grupo de amigos geniales con los que Modigliani compartiría
vida e ideas: Picasso, Derain, Vlaminck, Brancusi, Foujita, Souitine o
Utrillo. De este círculo de amigos, que compartieron su entorno
artístico y vital, como también de la relación del
artista italiano con sus maestros, trata esta soberbia exposición
que nos permite conocer la pintura de un hombre que, sin renunciar a un
lenguaje moderno, fue siempre fiel a la tradición clásica.
Una
de las facetas más interesantes de la exposición es la escultórica
a la que Modigliani se dedicó antes de su llegada a Francia pero
que fue reforzada cuando entró en contacto con Brancusi que le
animó a emprender la talla directa en piedra. No olvidemos tampoco
que en los primeros años de siglo estaba de moda, entre los escultores
más vanguardistas, las esculturas negras procedentes de Costa de
Marfil. Así pues, y a raíz de esta amistad, el artista se
adentra en el mundo de la escultura, una vocación a la que se dedica
con pasión entre 1909 y 1914. Primero en mármol, después
en piedras más frágiles como la arenisca, Modigliani crea
una serie de composiciones elípticas y cilíndricas pero
-curiosamente a lo que se vivía en su entorno- no se aventura en
la abstracción sino que se mantiene fiel a la figura humana. Ejemplo
de ello son sus reiterativos trabajos sobre el tema de las cariátides
