Meditación en torno a Esther FerrerPor Ricardo Pernas
Meditación en torno a El Greco es un pequeño ensayo escrito por Aldous Huxley que comienza así: “Los placeres de la ignorancia son, a su manera, tan grandes como los del conocimiento”. Continúa más adelante: “No pertenezco a la clase de viajeros concienzudos que, antes de visitar un nuevo país, dedican semanas enteras a estudiar su geología, su economía, su arte, su literatura. (…) Sólo después, cuando mi ignorancia ha perdido su virginal frescura, empiezo a leer lo que el sabiondo turista aprendió antes mismo de comprar sus billetes.” Con esta actitud afronta el autor una original (supongo que para muchos disparatada) divagación sobre cómo interpretar las pinturas de El Greco, concluyendo en una inesperada revelación: para él todo el universo de El Greco se encuentra confinado en las entrañas de una ballena. “¿Qué le indujo a sacar a Dios de su infinito Cielo para encerrarlo en el estómago de un cetáceo?”
Este texto sigue la estela de tal declaración de intenciones: la libertad del ignorante para aportar su visión. Tomaré como campo de juego la exposición dedicada a la artista Esther Ferrer, Pliegue y Proceso, que se encuentra actualmente en el Museo Casa de la Moneda en Madrid. Visitaré la exposición dos veces; la primera lo haré a la manera en que a Aldous Huxley le gustaba viajar: partiendo de la inopia y envuelto en la bandera de la ignorancia; la segunda, acompañado de la comisaria Beatriz Martínez Hijazo.
Visita 1
Imaginemos un cuadro conocido; tomaré por ejemplo La Gioconda, probablemente el cuadro más famoso del mundo. Imaginemos que podemos ampliar sus límites aumentando la superficie del lienzo por la derecha. El paisaje continúa, vemos un bosque y una edificación en el horizonte. Ampliemos ahora el lienzo hacia la izquierda; sobre el fondo aparece en primer plano un anciano con una larga barba blanca. Extendamos ahora el cuadro hacia abajo; descubrimos el vestido de la retratada, el torso y las piernas del anciano. A la derecha aparece un pato en posición de ataque. Ampliando más el cuadro vemos a un hombre desnudo a cuatro patas que nos mira. Creciendo hacia arriba aparecerá una bandada de estorninos y, subiendo aún más, una nube con forma de corazón… Expongo una teoría discutible: nunca podremos saber qué pasaría si agrandamos el cuadro; las posibilidades son infinitas. Pasaría lo mismo con El Grito, Los Fusilamientos del 3 de Mayo, con cualquier cuadro de Jackson Pollock o Amarillo, Rojo y Azul de Kandinsky. Nadie puede asegurar qué pasaría más allá de sus límites y, por lo tanto, todas las opciones son posibles.

La primera sala de la exposición Pliegue y Proceso reúne distintos ejemplos de la serie Poesía de los números primos que la artista Esther Ferrer ha realizado a lo largo de los años. Se trata de una serie de composiciones geométricas regidas por un riguroso ritmo marcado por la secuenciación de los números primos. Poniendo atención, cualquiera puede comprender las pautas que rigen dichas composiciones y, por lo mismo, cualquiera podría continuarlo —con certezas y sin hipótesis (al contrario que en el ejemplo de La Gioconda)—. Se trata de un ejercicio de colonización —de invasión del espacio en blanco— a partir de unas normas estrictas que permiten a la obra seguir creciendo incluso si se quisiera, más allá del papel, cubriendo todo lo existente como un enorme tapiz.
Ese espíritu expansivo lo encuentro en muchas de sus obras que parecen nacer con la necesidad de ocupar más y más espacio, ya sea en sus instalaciones o en sus performances (como en Se hace camino al andar).
Quizá su obra más representativa en este aspecto sea Perfiles, un dibujo con una estructura concéntrica dibujado sobre la pared. En torno a su silueta se van dibujando siluetas de la silueta, de la misma manera que se van formando las ondas en el agua al caer una piedra. Cada silueta envolvente pervierte más la forma original al mismo tiempo que el dibujo va ocupando más y más espacio.

¿Por qué acaban donde acaban unas obras que podrían llegar hasta el infinito?
Acaban porque tienen que acabar. Se trata de sistemas infinitos constreñidos en una realidad material y, por lo tanto, deben acotarse a sus restricciones: el lienzo o el papel, la pared, la plaza, el mundo, la vida o el conocimiento humano; al tiempo y al espacio. Autorretrato en el Tiempo es una obra que se expande a través del desarrollo de todas las variables posibles. Cada cinco años Esther Ferrer se toma una foto del rostro, en blanco y negro y sobre un fondo blanco. Recortando cada retrato en dos mitades, va combinando todas las mitades izquierdas con todas las mitades derechas y, de cada collage, surge un nuevo retrato. Es una obra que va creciendo por lustros hasta que la artista se tome el último retrato, en un final que pone de manifiesto las limitaciones de la condición humana.
Visita 2
En la tercera planta del Museo Casa de la Moneda la exposición Pliegue y Proceso se expande más allá de sus límites. Uno de sus “Poemas de los números primos” avanza acompasado por el piso invitándonos a seguirlo. La palabra de Beatriz Martínez Hijazo articula el recorrido y encuentra en el gesto su hilo conductor.
La hoja de sala organiza y categoriza la obra en distintos capítulos cuyos títulos sintetizan esa visión y que funcionan como asideros para acercarse a la exposición:

CONTAR, CLAVAR.
TRANSCURRIR, ACUMULAR.
CALCULAR, EXPANDIR.
RECORRER, ATRAVESAR.
DESCONTEXTUALIZAR, INSCRIBIR.
EXHIBIR, NOMBRAR.
REPETIRSE, DESAPARECER.
Siempre me han interesado los títulos por ser uno de los instantes de más conciencia e intencionalidad en la escritura. Éstos me llevan irremediablemente a la obra Verb List (1968) de Richard Serra, un listado de 84 verbos que explican su práctica escultórica.
Tanto en el trabajo de Richard Serra como en el de Esther Ferrer el proceso se nos revela en la obra acabada (por la naturaleza del propio proceso). Mientras que en el primero se trata de una serie de acciones físicas que transforman la materia, en la segunda el trabajo se sustenta sobre lo intangible. La producción de Esther se desarrolla en torno al ritmo y a la alternancia con una sensibilidad cercana a la música o a la poesía. A través de la combinatoria y la repetición de esos gestos compone melodías; es su sucesión acompasada la que materializa el resultado. De ahí la diferencia con Verb List: el listado de Richard Serra se trata de una enumeración de acciones y los títulos de esta exposición yuxtaponen dos acciones, estableciendo una relación entre ellas. Éstas en ocasiones se complementan y se excluyen en otras, pero es su combinación lo que desarrolla el proceso:
CONTAR (actividad mental) frente a CLAVAR (acción física).
TRANSCURRIR (aquello que pasa), ACUMULAR (lo que se queda).
CALCULAR (estructurar, planificar) para EXPANDIR (crecer).
RECORRER (preso en un mismo espacio), ATRAVESAR (entrar para salir).
DESCONTEXTUALIZAR (extraer algo de sus circunstancias), INSCRIBIR (crear un contexto para algo).
EXHIBIR (visual), NOMBRAR (conceptual).
REPETIRSE (lo que es una y otra vez), DESAPARECER (aquello que no volverá a ser).
Cada una de ellas aislada no se entiende más que como un eslabón de una cadena; es en su conjunto cuando adquiere sentido. La creación concebida como sucesión: ¿son obras que se hacen u obras que suceden?
HACER (verbo transitivo: hacer algo).
SUCEDER (verbo intransitivo: dicho de una cosa, hacerse realidad).
Este juego con los verbos, que no deja de ser un ejercicio personal a partir de mi lectura del trabajo de la comisaria, me acerca de alguna manera a la tesis que sostenía en mi primera visita. Hacer implica a un sujeto que hace algo, y ese algo estará limitado por las limitaciones del propio sujeto. Lo que sucede, sucede sin la necesidad del esfuerzo del otro. Las composiciones de Esther Ferrer funcionan como sistemas que en manos de la artista encuentran sus límites; desprendidos de lo humano, ¿alcanzarían la infinidad?
Fotografías: Jaime Elechiguerra
