Manuel Maristany:La enfermera de Brunete
Una sucesión de personajes, a modo de saga, narran lo que sucedió
y se padeció durante la contienda española de 1936-39. Brunete,
una de las grandes batallas, figura en el título como símbolo
emblemático.
«La
enfermera de Brunete» está escrita con técnica cinematográfica
al cortar y cambiar de plano para hacer avanzar la acción. Es una
visión real desde una visión olvidada en la que la imaginación
sustentada en una memoria bien nutrida vuelve real lo que fue imaginación
porque supo adivinarla. Hay familias que vivieron y padecieron hechos
muy semejantes a los que cuentan la novela.
Como sucede con las grandes obras, han sido varias las
editoriales que la han rechazado por distintas razones hasta que Planeta
la acogió con un buen contrato en la mano. La novela, mitad realidad
y mitad ficción, o lo que es lo mismo, personajes incrustados en
la realidad del pasado bélico, empapan al lector de una sensibilidad
especial que transmite una escritura limpia y transparente.
El escritor Vila-Sanjuán asegura que la novela
de Manuel Maristany (Barcelona, 1930) sobre nuestra guerra equivale a
lo que Pasternak hizo en «El doctor Zhivago» con la revolución
rusa o Margaret Mitchell en «Lo que el viento se llevó».
La guerra, el amor y la muerte se dan cita entre el dolor, el romanticismo
y el drama.
La novela, que transcurre en Cataluña, se inicia
el verano de 1933 en el Castillo de Requesens, con los nietos del duque
de Montcada y sus jóvenes invitados entre los que se encuentran
Marie Thérèse de Clermont y Laura Soler-Ribot. Sigue con
el año 36 en el que los ánimos están cada vez más
enardecidos. Se queman iglesias, se arremete a los empresarios y a los
terratenientes. Calvo Sotelo es asesinado y el país entero retiene
el aliento…
Esta novela tiene algo de reverso de la narrada por Almudena
Gran
des
sobre la Guerra Civil, otro gran novelón saga desde otra óptica.
El autor, Manuel Maristany, un setentón lleno de vitalidad y humor,
está por encima de lo políticamente correcto en el establisment
de Cataluña. «Estamos acogotados con la corrección
política», asegura el autor. «He superado mis complejos»,
declara.
El humor tiñe la tragedia porque un libro no debe
escribirse en plan solemne. Para Maristany «el humor inglés
es el mejor del mundo». El autor cuenta que ha leído más
de doscientos libros sobre la guerra civil antes de escribir el suyo y
recuerda el de Gironella «Los cipreses creen en Dios» con un
protagonista muy desaborido. «Yo quise escribir una novela con un
protagonista comprometido y una heroína bien perfilada».
