«La tienda», de Luis Paret, invitada en Bilbao
«La tienda» es un óleo sobre
tabla (50×58 cms.) que muestra el interior de una tienda indeterminada
que puede pasar como almacén de texti
les
o antigüedades. Hay un mostrador ante el que se encuentra una joven
con mantilla blanca que mira distraídamente al abanico que tiene
en sus manos. Junto a ella, una sirvienta sostiene un niño en brazos.
Al otro lado, un caballero, en actitud relajada, parece estar pagando
al dueño. Otros personajes componen la escena curioseando por el
local. Uno de ellos, incluso, se esfuerza por poner una pieza de tela
en un armario.
Este cuadro fue pintado en 1772, que es tanto como decir
que pertenece a la época inmediatamente anterior a su destierro,
decretado por inmiscuirse en los líos amorosos de su protector,
el infante Luis, hermano de Carlos III. El rey le desterró a Puerto
Rico, donde creó escuela. La pena le fue levantada en 1778 a condición
de que no pisara la capital española.
«Vino a Bilbao en 1779 –indica Carmen
Espinosa, conservadora-jefe de la Fundación Lázaro
Galdiano, de Madrid-, porque aquí se movía entonces
una sociedad floreciente. Había dinero y el pintor creyó
en todo momento que podía recibir encargos importantes. Desde el
principio empezó a colaborar con la sociedad bilbaina y también
con las instituciones culturales vascas».
La
integración social de Paret Alcázar fue
tal que se casó en Bilbao, donde fijó su residencia, y en
esta villa nacieron sus dos hijas. En la capital vasca dejó varios
testimonios de su talento no relacionados únicamente con su actividad
pictórica. Es autor de una magnífica fuente situada frente
a la fachada principal de la catedral de Santiago y que aún está
en funcionamiento. El artista madrileño pintó cuadros para
altares (caso del «Martirio de santa Lucía»
para la parroquia de Larrabetzu) y para particulares, como «Invención
de la cruz».
«Uno de los encargos más importantes
que tuvo en esta época –continúa Carmen
Espinosa– lo recibió del propio rey Carlos III, interesado
como estaba en conocer la costa vasca. Para él, Paret pintó
paisajes del Cantábrico representando a Bermeo, Bilbao, Hondarribia,
San Sebastián, Pasajes… Hoy están considerados obras
maestras».
Entusiasmado con el trabajo, Carlos III
le levantó definitivamente la pena y el pintor pudo regresar a
Madrid donde fue nombrado secretario de la comisión de arquitectura
y vicesecretario de la Academia de San Fernando. Moriría diez años
más tarde dejando constancia de su gran talento y de su vasta cultura.
«El
cuadro que se expone en Bilbao –añade Carmen
Espinosa– es la tercera vez que sale del Museo Lázaro
Galdiano. Fue pintado por encargo del infante don Luis de Borbón
y está considerado como una de los mejores exponentes de quien
está considerado el máximo representante del rococó
español».
«La tienda» sobresale por la viveza
del color, lo chispeante que resulta su pintura, el preciosismo y el detalle
con que está ejecutado… Realmente es una obra que, como dijo
el historiador español Gaya Nuño, «tiene
por derecho propio el mérito de poderse integrar en cualquier catálogo
de lo precioso».
