La fabulista del costumbrismo italiano que Hollywood corteja
A finales del pasado mes de febrero, cuando Jessie Buckley descontaba los días para recoger su Oscar por interpretar a la desgarrada Agnes de Hamnet (Chloé Zhao, 2025), saltó la noticia de que participaría en un nuevo proyecto junto a otras estrellas del celuloide como Dakota Johnson, Saoirse Ronan y Josh O’Connor para llevar a la gran pantalla la novela ilustrada The Three Incestuous Sisters (2005), de la estadounidense Audrey Niffenegger (un fenómeno editorial en el mundo anglosajón no publicado, hasta donde sabemos, en español). Para dirigir esta ambiciosa apuesta, la elegida ha sido uno de los referentes del cine italiano actual, la florentina Alice Rohrwacher, maestra de la fábula del costumbrismo a la que ahora corteja Hollywood tras acumular reconocimientos en Europa.
Hay una cita muy famosa en italiano que se atribuye al filósofo Giordano Bruno —el que murió quemado por la inquisición romana en el hoy muy turístico Campo de’Fiori— que reza Se non è vero, è ben trovato; algo así como que si no es cierto, está bien inventado. Aunque parece que ya otros antes que Bruno la habían usado, la frase encaja a la perfección con el cine de Rohrwacher(Fiesole, 1980), quien enlaza de manera deliciosa fantasía y realidad para construir fábulas que nos sitúan en la realidad más verosímil.
Este mes de abril en que nos encontramos era el elegido para iniciar el rodaje de esta historia que la regista de Fiesole y la norteamericana Ottessa Moshfegh han adaptado libremente sobre tres hermanas que conviven en una casa junto al mar, en medio de un solitario paisaje, y que acaban rivalizando por el amor de Paris, el hijo del farero, como si del mitológico juicio se tratase —cuando el príncipe troyano hubo de escoger entre la belleza de Hera, Atenea o Afrodita—. Buckley, Johnson (Materialistas, Celine Song, 2025; Cincuenta sombras de Grey, Sam Taylor-Wood, 2015) y Ronan (Mujercitas, 2019; Lady Bird, 2017, en ambos casos a las órdenes de Greta Gerwig) encarnarán a estas hermanas en pugna por un Paris al que dará vida el británico O’Connor (Rivales, Luca Guadagnino, 2024; Lee, Ellen Kuras, 2023), con quien Rorhwacher ya trabajó en su última película.
Mitología clásica que tan bien traslada Rohrwacher a las historias cotidianas, aunque esta vez con el reto de hacerlo desde un prisma anglosajón y no mediterráneo como nos tiene acostumbrados, pero siempre desde una mirada muy femenina (la suya, la de la autora de la novela, la de su partenaire en el guion y la del reparto, con una Dakota Johnson que también participará, al igual que la realizadora, como productora).
Y es que si en la reconocida La quimera(2023) nos regalaba el cantar sin gesta de unos saqueadores de tumbas y contrabandistas de arte etrusco, la delicada El país de las maravillas (2014) ya había jugado con la mitología de aquel pueblo itálico a través de un concurso televisivo en el que la espléndida Monica Bellucci se convertía en una suerte de ninfa que promocionaba las exquisiteces de los productores locales.
Leyendas, historia y acervo cultural imbricado en el día a día de gente sencilla que lucha por sobrevivir en un mundo rodeado de belleza y, sin embargo, injusto y cruel. Esa amargura y ese retrato minucioso de lo rural hacen que, pese a tan generosa ración de fantasía, no sea difícil encontrar conexiones entre su cine y el de nuestra Carla Simón, o incluso la literatura del maestro del rural español (sobre todo castellano), Miguel Delibes.

SANTOS INOCENTES Y PAYESES EXPULSADOS
Pese a los destellos de irrealidad sobre los que pivota, Lazzaro feliz (2018), retrato de una aldea de campesinos atrapados en el tiempo por la crueldad y codicia de la marquesa de Luna, recuerda dolorosamente a los protagonistas de la novela Los santos inocentes (1981), obra cumbre de la pluma de Delibes a la que Mario Camus no desmereció cuando la llevó al cine tres años después, con Alfredo Landa, Paco Rabal, Terele Pávez y Juan Diego en un elenco irrepetible. Por su parte, la resistencia casi temeraria de la familia de apicultores que protagoniza El país de las maravillas, a punto de ser expulsada del campo toscano, nos lleva inevitablemente al drama de otra familia dedicada al cultivo de melocotones, en el agro catalán en este caso, a la que la proliferación de los huertos solares deja sin espacio. Hablamos, por supuesto, de la extraordinaria Alcarràs (2022) con la que Simón logró el Oso de Oro en Berlín. Podríamos referirnos, para evitar la manida etiqueta del realismo mágico, de una fabulazione vera que impregna de realidad las historias de la cineasta.
Tras su debut en el largo en 2011 con Corpo celeste (disponible en Mubi), que obtuvo dos nominaciones a los premios David di Donatello del cine italiano, esta artista que ha trabajado el documental, el cortometraje, el mediometraje y hasta las series (La amiga estupenda, HBO, 2018) se consagró con su segundo largo de ficción, El país de las maravillas —Premio del Gran Jurado en Cannes y galardonada en los festivales de Sevilla y Mar del Plata—. En él ya pudimos ver a sus órdenes a su hermana Alba, actriz que protagoniza el último filme de Isabel Coixet (Tres adioses, 2026).
En El país de las maravillas, una familia de precarios apicultores trata de sacar adelante su negocio mientras se cierne sobre ellos una espada de Damocles, aferrándose a la esperanza de un concurso de la tele mientras la presencia de un niño de acogida con problemas legales complicará la convivencia en una familia mayoritariamente femenina que debe lidiar con el carácter difícil de un padre (otro paralelismo con Alcarràs) al que el estrés por salir adelante no ayuda a dulcificar, a pesar de estar rodeado de miel.
Cuatro año después, el mismo año en que vio la luz su serie, se estrenó la que quizá sea su mejor película hasta la fecha, Lazzaro feliz (en Filmin), con la que Rohrwacher volvió a salir galardonada de Cannes (en este caso con el premio al mejor guion), así como en el Festival de Sitges, y donde brilla el trabajo de su protagonista, Adriano Tardiolo, en un reparto de nuevo con Alba Rohrwacher en el que aparecía el actor catalán Sergi López.

Como si del campo extremeño de Los santos inocentes se tratase, la regista nos traslada a un supuesto tiempo pasado en La Inviolata, una aldea —su nombre lo dice todo— donde sus campesinos malviven aislados en un régimen cuasi feudal que esconde una secreta explicación. Frente a tanta crueldad y miseria, la bondad de Lazzaro, un joven inocentón del que todos se burlan o aprovechan, mueve este cuento sobre un santo moderno sediento de afecto que no es consciente de su valor y que el mundo, escéptico a base de golpes y desengaños, no entiende.
Esta exploración de la fábula realista confluyó cinco años después en La quimera (también en Filmin), nominada al Goya a mejor película europea que se llevó una Espiga de Plata en la Seminci de Valladolid. De nuevo ambientada en su Toscana natal, la cinta logró una importante proyección internacional —lanzándola hacia Three Incestuous Sisters—, con O’Connor en el reparto, con el que volverá a trabajar ahora, y nada menos que con Isabella Rossellinni, amén de su hermana Alba, a la que, si no hay sorpresas, echaremos de menos en el próximo elenco. Confiemos en que lejos de esa Italia tan irrealmente verdadera que nos dibuja, sus favole vere nos sigan encandilando.
