JUAN VAN DER HAMEN Y LEONY LA CORTE DE MADRID
Son varios los bodegonistas que han sobresalido en el arte español: Juan van der Hamen y León,
Sánchez Cotán, Zurbarán y Antonio Meléndez. Salvo del primero se han
hecho notables exposiciones. No obstante ahora se celebra en el Palacio Real de Madrid, la primera
exposición monográfica de van der Hamen, artista perteneciente a la Escuela Madrileña
del XVII, patrocinada por La Fundación Santander Central Hispano. La muestra permanecerá abierta
hasta enero del próximo año para exhibirse, seguidamente, en el Medows Museum de
Dallas (Estados Unidos).
Van der Hamen (1596 – 1631) pintó todas sus obras durante la primera década del reinado
de Felipe IV, lo que da idea de su gran capacidad de trabajo. Se sabe que el siempre atareado artista
pintó en el año 1622 más bodegones que en ningún otro momento de su
vida, como si fuera una frenética necesidad de estudiar la naturaleza de frutas, verduras
y otros comestibles que se guardan en la bodega -de ahí el nombre de bodegón-, con
una vida efímera sólo salvada en el tiempo por el arte. Como bodegonista, pareciera
que el pintor van der Hamen quisiera hacer variaciones sobre un mismo tema, un diferente enfoque
de imágenes y de luces, una atenta mirada sobre lo perecedero -a diferencia de la naturaleza
muerta con objetos más perdurables en el tiempo- que requiere la eternidad del arte. Frente
al stillive o la nature morte , del inglés y el francés, respectivamente
para designar pintura de comida o de cosas, el castellano acoge el concepto con dos palabras diferentes:
bodegón y naturaleza muerta.
Conviene recordar que el bodegón o la naturaleza muerta no son un género menor como
la vieja historiografía del arte decía, respecto a la pintura de figura que requería
un mayor escenario y una relación conversacional. Un bodegón puede condensar en sí la
esencia y filosofía de un momento histórico, como sucede con el célebre «Bodegón
del cardo» de Zurbarán, que expresa la esencia, la sobriedad y elegancia de la vida y mirada
de la sociedad del XVII.
Todavía recordamos el magnífico enano de van der Hamen que la Asociación de
Amigos del Museo del Prado regaló a la primera pinacoteca del país, pero hacía
falta ver toda su obra en conjunto, donde se manifiesta como retratista, pintura religiosa y bodegonista.
Resulta gratificante observar con atención su pintura al reflejar la textura de barros o cajas
de madera, botellas de cerámica ornada, mancerinas sobre soportes metálicos o recipientes
de cristal transparente, para ver su agudeza y maestría a la hora de plasmar los colores,
las luces que reflejan la materia ante los ojos del espectador asombrado. Su realismo preciosita
es tal que ofrece impecable un mundo de frutas confitadas o glaseadas, pastelillos adornados con
guindas y azúcar cande, diminutos bollos de masa o de hojaldre y otros manjares. Su «Bodegón
con dulces» (1622) resulta suntuoso y se encuentra en el Museo de Cleveland.
La obra de van Hamen procede en parte de Patrimonio Nacional -sobre todo del convento de la Encarnación-,
y es una ocasión espléndida para contemplar la obra de este artista dispersa por
otros museos y colecciones nacionales o extranjeras. Se recuerda que Patrimonio Nacional es el
organismo público que conserva los bienes de titularidad estatal que pertenecieron en su
momento a la Corona española y que hoy se ponen a disposición del rey para cumplir
sus funciones constitucionales como Jefe del Estado.
Nº 6 – Diciembre de 2005
