Juan José Millás:Los objetos nos llaman
Estas historietas son en su mayor parte humorísticas,
pero es ese humor que nos deja serios y exclamando para nuestros adentros:
¡es verdad!, y nos muestran con una pequeña fábula
la vida entera; son una metonimia, la parte por el todo, donde el recuerdo
de un ser querido es encontrado entre sus pertenencias y encendido supersticiosamente.
Así es como es la buena literatura, te da un cosmos en miniatura,
perdón por el pareado. ¿Cómo podría ser si
no? Una vez, leyendo al filósofo Arthur Danto, noté con
desagrado que él pensaba que las representaciones artísticas
hasta el siglo XX habían sido mera copia de la realidad, ¿para
qué queremos una copia de la realidad si tenemos la realidad misma
a la que ir a preguntarle y de la que aprender? Pero, me pregunto, ¿es
que acaso
podemos
comprender la realidad sin imaginarla, sin pasarla por el tamiz de las
historias? La realidad es demasiado próxima como para verla, demasiado
perturbadora como para comprenderla en el momento. Quizá sólo
en el recuerdo o en las historias podemos pensar alguna vez en ella.
Un denominador común a las historias de Millás:
siempre hablan de las relaciones personales a través de una mirada
que relativiza con humor lo que consideramos necesario trágicamente:
los lazos familiares, la identidad… Lo hace piadosamente, porque comprende
y comparte esta vulnerabilidad nuestra por la cual es casi imposible seguir
siendo los mismos, esta inconstancia que nos hace dudar de lo más
incuestionable. De todos modos, al acabar de leer, uno tiene la impresión
de que hay que creer en algo. Es algo como lo que hacía Brecht.
Pero Brecht nos reprendía, sus parábolas eran duras con
el género humano y pintaba como eternas y necesarias las cosas
que consideramos inútiles para que viéramos la trampa de
los valores impuestos por nuestra cultura: no son eternos. No había
consuelo al final de los cuentos de Brecht, sólo lucha.
Un hijo va andando por la calle detrás de su padre,
pero no lo ha reconocido: de pronto, el hombre al que admiraba se ha vuelto
un hombre cualquiera, y el hijo un huérfano, y aquí tenemos
la trágica lucidez de la edad adulta. Una encuestadora por teléfono
se va a vivir a casa de un tipo anónimo al que sólo conocía
a través de las encuestas, y entonces tenemos una parábola
del amor. Y así muchas historias.
La ciudad está llena de gente así, personas
que pasan las tardes en las cafeterías, frente a una taza de la
que simulan beber.
Juan José Millás es uno de mis escritores
predilectos. En 2007 ganó el premio Planeta con El mundo,
una novela que, desde estas páginas, recomiendo a todos.
