JUAN FRANCISCO YOCREINTERPRETA EL QUIJOTE
Artista guatemalteco afincado en El Escorial, Juan Francisco Yoc Cotzajay (Ciudad de Guatemala, 1960)
es uno de los mejores dibujantes del momento. Su dominio de la línea o de la mancha a la
hora de la forma sobre el papel o el lienzo es asombroso. Como buen pintor, no ha querido dejar
pasar el V aniversario de la publicación de El Quijote, para dar su propia versión
sobre el Hombre de la Mancha, obras que ha presentado en la Casa de América (Madrid) y en
una muestra itinerante, patrocinada por Iberdrola y la embajada de su país. La historiadora
y crítica de arte, Wendy Serrano, ha sido su comisaria.
El artista ha hecho una trayectoria vital del hombre a través de los diferentes episodios
cervantinos en su gran libro, con guiños a la tradición goyesca, sobre todo en
una pieza clave como es el aguafuerte «Las alucinaciones de Don Quijote», que trae a la memoria
la estampa goyesca «El sueño de la razón produce monstruos». Mención especial
merecen los retratos en primer plano de Don Quijote, uno en dibujo y otro en acuarela, donde
parece captar el pensamiento del personaje a través de la mirada.
Con manchas de acuarela, Yoc perfila las figuras de Don Quijote apaleado o Sancho y Rucio. Una
vida de aventuras que pasa como un sueño del que solo quedan las sombras. Una visión
calderoniana de este protagonista literario, arquetipo universal, que se presenta como hidalgo
y fracasado en la representación del guatemalteco.
Un cuadro titulado «Quijote melancólico» (100 x 80 cm.) resuelto en acrílicos es
de una gran sagacidad analítica. Don Quijote vuelve al primer plano, con una mirada
replegada sobre sí mismo, ausente del exterior. Sus manos finas y alargadas son un prodigio
de buen dibujo. El catálogo termina con un cuadro titulado «Los monstruos de la sinrazón» un
acrílico en el que el caballero andante, espada en mano, arremete contra los rostros
que le atacan y le afligen, cerrando así el ciclo que comenzó por el mismo tema
pero sin lucha: un hidalgo abatido en su sillón en torno al cual rondaban los monstruos
que le impedían el descanso.
Nº 4 – Octubre de 2005
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