Juan Antonio Aguirrey su pintura retiniana
Aquellos que en los 90 decían que la pintura ha muerto no dieron en la diana. Es difícil
dar partida de defunción – y no hay por qué- a un arte que tiene raíces de
siglos y ha educado la sensibilidad y el gusto de muchas generaciones. Juan Antonio Aguirre ha
sido desde los años 60 un gran animador cultural de exposiciones en la madrileña
sala Amadís, una institución por la que desfilaron numerosos nombres jóvenes
que hoy figuran en la primera nómina del país. Comisario de algunas exposiciones
como la primera institucional de arte naïf en el Palacio de Cristal de Madrid (Aguirre fue
el gran valedor del Mallebrera) poco a poco dejó la gestión cultural para consagrarse
de lleno a la pintura, sorprendiendo a todos con una hermosa obra de pincelada sensual y alegrías
retinianas a lo Matisse.
Cultural Rioja le ha dedicado una exposición monográfica en la sala Amos Salvador
en la que una vez más se percibe su libertad y alegría de pintar. A la memoria
viene el aserto del artista francés «Lujo, calma y voluptuosidad» que llena e invade
sus lienzos. Atrás quedaron sus primeros intentos ingenuistas para dar paso a un cromatismo
más elaborado de alguien que conoce mucho y en profundidad la historia de la pintura.
Campos de color salvaje en composiciones espaciales notorias, Aguirre se desenvuelve con soltura
a la hora de pintar y contagia su disfrute al espectador. Sus viajes por mares y playas quedan
plasmados para deleite de todos, así como sus figuras erguidas o reclinadas que se presentan
fauvistas en medio del cuadro.
La exposición presenta también una serie de dibujos denominada «Brasil» de gran interés
por su limpio esquematismo y sugerentes alusiones vegetales de aquella naturaleza americana. Una
orgía de formas curvas y rayados de gran coherencia.
Nº 5 – Noviembre de 2005
