John Martin (1789-1854): La oscuridad visible
Estamos
ante la primera muestra monográfica dedicada en España a
John Martin (Haydon Bridge, Northumberland, 1789 –
Douglas, Isla de Man, 1864), que ha sido organizada por la Calcografía
Nacional, en colaboración con el Centro Cultural Conde Duque del
Ayuntamiento de Madrid y del Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Martin es uno de los pintores y grabadores
británicos menos conocidos entre nosotros y eso que su obra es
tan numerosa como importante. Está considerado como uno de los
personajes fundamentales del romanticismo europeo y figura clave de la
estética de lo sublime. Desde este punto de vista, crea y potencia
una visión apocalíptica con grandes escenografías
que tendrá seguidores tanto en el mundo de la pintura como de otras
artes plásticas, arquitectura e incluso en el cine colosalista.
En el caso concreto del grabado, John Martin
es uno de los maestros indiscutibles de la manera negra o “mezotinta”,
técnica en la que la imagen se construye no a través del
diseño, sino de las pequeñas superficies punteadas que crean
un efecto de oscuridad aterciopelado muy particular. De ahí que
el título sea “La oscuridad visible”, porque el efecto
que invade todos sus grabados es negro y de él afloran las luces.
La muestra que ahora se puede ver en Bilbao sirve para
revisar
la evolución creativa de uno de los máximos exponentes de
la estética de lo sublime. En muchos de sus trabajos trata de despertar
la emoción del espectador representando lo sobrenatural de una
forma ampulosa que recuerda los dibujos de Doré,
sobre todo en los que tienen como tema los motivos bíblicos.
Las representaciones arquitectónicas son de una
complejidad extrema. Ruinas clásicas o simplemente invenciones
arquitectónicas sitúan a su autor como un visionario con
inquietudes urbanísticas. Algunas de sus ideas fueron llevadas
a la práctica muchos años después de su muerte.
La importancia de John Martin es tan
trascendental que en su momento llegó a ser un creador más
cotizado, más reconocido y más prestigioso que figuras claves
contemporáneas suyas, como William Blake que usó
el color, la luz y la forma de un modo muy personal; Joseph Mallord
William Turner que se caracteriza por la intensa luminosidad
de los efectos atmosféricos de sus pinturas; u otras grandes figuras
del romanticismo británico.
La exposición está dividida en varias
secciones, la primera de las cuales incluye un retrato del autor y algunas
acuarelas y estampas pertenecientes a su primera etapa. Le siguen acuarelas
inspiradas en aguafuertes italianos del siglo XVIII, estudios de la suntuosa
mansión de Sezincot y sus alrededores, y finalmente temas procedentes
de Ovidio y de la Biblia.
Hay obras que son clásicas en el catálogo
de Martin, como “El festín de
Baltasar”, uno de los mejores ejemplos de
lo sublime en el arte romántico, para cuya realización el
pintor se documentó exhaustivamente en textos bíblicos y
matemáticos. En 1837 hizo “Marcus Curtius”,
una de sus obras más populares y posiblemente la que ha generado
el mayor número de copias al
óleo.
Otro de sus trabajos más conocidos es el titulado
“El diluvio” con una grandiosidad escénica
y un extraordinario juego de luces. Pertenece a la serie bíblica
que hizo el artista a partir de 1830 con un proyecto que, por caro, se
vino abajo. Sólo así se explica la frecuencia con que Martin
grabó este tipo de estampas y de las que “La
Crucifixión” y “El Juicio
Final” son trabajos clave.
Todo el romanticismo y la visión poética
de John Martin está a nuestro alcance en una muestra
que descubre a un artista. Por si hiciera falta.
