Jeff Buckley:Grace(1994)Por Xavier Valiño
Grace
(1994), el único disco editado en vida por Jeff Buckley y
puede que el gran disco de los 90, ha venido dejando su impronta en buena
parte del rock hecho desde entonces. ¿Qué se puede pensar
hoy en día de un disco de debut que mezclaba brillantes canciones
originales con temas de Nina Simone, Leonard Cohen o Benjamin Britten?
Pues, evidentemente, que su responsable no era un cualquiera y que tenía
que estar muy seguro de lo que se traía entre manos. No, no hablamos
de un desconocido.
Cuando Jeff Buckley apareció casi por sorpresa
en el 94 -antes sólo había editado un EP de cuatro canciones
en directo, Live At Sin-é-, se le pudo ubicar fácilmente
por ser hijo del atormentado y gran cantautor Tim Buckley, que había
fallecido unos cuantos años antes víctima de una sobredosis.
No servía de nada: Jeff casi no había conocido a su padre
y renegaba de él por haberse fugado de su casa cuando aún
era un niño. La mala suerte hizo que Jeff acabara prematuramente
su carrera, como su padre, aunque en su caso ahogado en el Mississippi,
dos años después de publicar su debut.
Grace destaca en una primera escucha, sobre
todo, por la brillantez vocal de Jeff Buckley, su instrumentación
ambiciosa y un sentimiento de ser fiel y verdadero al espíritu
de la
s
canciones, así que poca importancia tiene que tres de ellas sean
versiones. Canciones nuevas sin ataduras, versiones insospechadas y una
voz tan profunda y inusual como la de su padre son sólo algunos
de los elementos de quien se descubrió entonces como un talento
único.
Su primer y único disco editado en vida es un
álbum definido por sus extremos y, ciertamente, no es recomendable
para oyentes que no le dan al rock apasionado una segunda oportunidad.
Buckley canta con poder y una intensidad perturbadora. El trabajo de guitarra
de Buckley desafía cualquier definición: espartano y cristalino
en “Lilac Wine” o “Hallelujah”, melancólico
y acústico en la maravillosa “Lover, You Should Have Come
Over” o como un muro de sonido eléctrico en otras ocasiones.
Si hay que sonar como Led Zeppelin, Buckley lo hace
y no pide perdón, como en “Mojo Pin” o “Grace”,
ambas coescritas con el antiguo guitarrista de Captain Beefheart,
Gary
Lucas. Además, cuenta con una gran labor de equipo, gracias a la
percusión de Matt Johnson, el bajo de Mick Grohndahl y pinceladas
de color de una sección de cuerda, un órgano y tablas.
Grace sigue mostrándose fascinante hoy en día y difícil
de escuchar por su intensidad. Tal vez sea el único disco imprescindible
de los 90. El disco más influyente en la generación de músicos
de los últimos años. Nunca lo confundirías con cualquier
otro disco.
Cuando Jeff Buckley apareció casi por sorpresa
en el 94 -antes sólo había editado un EP de cuatro canciones
en directo, Live At Sin-é-, se le pudo ubicar fácilmente
por ser hijo del atormentado y gran cantautor Tim Buckley, que había
fallecido unos cuantos años antes víctima de una sobredosis.
No servía de nada: Jeff casi no había conocido a su padre
y renegaba de él por haberse fugado de su casa cuando aún
era un niño. La mala suerte hizo que Jeff acabara prematuramente
su carrera, como su padre, aunque en su caso ahogado en el Mississippi,
dos años después de publicar su debut.
Grace destaca en una primera escucha, sobre
todo, por la brillantez vocal de Jeff Buckley, su instrumentación
ambiciosa y un sentimiento de ser fiel y verdadero al espíritu
de la
s
canciones, así que poca importancia tiene que tres de ellas sean
versiones. Canciones nuevas sin ataduras, versiones insospechadas y una
voz tan profunda y inusual como la de su padre son sólo algunos
de los elementos de quien se descubrió entonces como un talento
único.
Su primer y único disco editado en vida es un
álbum definido por sus extremos y, ciertamente, no es recomendable
para oyentes que no le dan al rock apasionado una segunda oportunidad.
Buckley canta con poder y una intensidad perturbadora. El trabajo de guitarra
de Buckley desafía cualquier definición: espartano y cristalino
en “Lilac Wine” o “Hallelujah”, melancólico
y acústico en la maravillosa “Lover, You Should Have Come
Over” o como un muro de sonido eléctrico en otras ocasiones.
Si hay que sonar como Led Zeppelin, Buckley lo hace
y no pide perdón, como en “Mojo Pin” o “Grace”,
ambas coescritas con el antiguo guitarrista de Captain Beefheart,
Gary
Lucas. Además, cuenta con una gran labor de equipo, gracias a la
percusión de Matt Johnson, el bajo de Mick Grohndahl y pinceladas
de color de una sección de cuerda, un órgano y tablas.
Grace sigue mostrándose fascinante hoy en día y difícil
de escuchar por su intensidad. Tal vez sea el único disco imprescindible
de los 90. El disco más influyente en la generación de músicos
de los últimos años. Nunca lo confundirías con cualquier
otro disco.
Grace destaca en una primera escucha, sobre
todo, por la brillantez vocal de Jeff Buckley, su instrumentación
ambiciosa y un sentimiento de ser fiel y verdadero al espíritu
de la
s
canciones, así que poca importancia tiene que tres de ellas sean
versiones. Canciones nuevas sin ataduras, versiones insospechadas y una
voz tan profunda y inusual como la de su padre son sólo algunos
de los elementos de quien se descubrió entonces como un talento
único.
Su primer y único disco editado en vida es un
álbum definido por sus extremos y, ciertamente, no es recomendable
para oyentes que no le dan al rock apasionado una segunda oportunidad.
Buckley canta con poder y una intensidad perturbadora. El trabajo de guitarra
de Buckley desafía cualquier definición: espartano y cristalino
en “Lilac Wine” o “Hallelujah”, melancólico
y acústico en la maravillosa “Lover, You Should Have Come
Over” o como un muro de sonido eléctrico en otras ocasiones.
Si hay que sonar como Led Zeppelin, Buckley lo hace
y no pide perdón, como en “Mojo Pin” o “Grace”,
ambas coescritas con el antiguo guitarrista de Captain Beefheart,
Gary
Lucas. Además, cuenta con una gran labor de equipo, gracias a la
percusión de Matt Johnson, el bajo de Mick Grohndahl y pinceladas
de color de una sección de cuerda, un órgano y tablas.
Grace sigue mostrándose fascinante hoy en día y difícil
de escuchar por su intensidad. Tal vez sea el único disco imprescindible
de los 90. El disco más influyente en la generación de músicos
de los últimos años. Nunca lo confundirías con cualquier
otro disco.
Su primer y único disco editado en vida es un
álbum definido por sus extremos y, ciertamente, no es recomendable
para oyentes que no le dan al rock apasionado una segunda oportunidad.
Buckley canta con poder y una intensidad perturbadora. El trabajo de guitarra
de Buckley desafía cualquier definición: espartano y cristalino
en “Lilac Wine” o “Hallelujah”, melancólico
y acústico en la maravillosa “Lover, You Should Have Come
Over” o como un muro de sonido eléctrico en otras ocasiones.
Si hay que sonar como Led Zeppelin, Buckley lo hace
y no pide perdón, como en “Mojo Pin” o “Grace”,
ambas coescritas con el antiguo guitarrista de Captain Beefheart,
Gary
Lucas. Además, cuenta con una gran labor de equipo, gracias a la
percusión de Matt Johnson, el bajo de Mick Grohndahl y pinceladas
de color de una sección de cuerda, un órgano y tablas.
Grace sigue mostrándose fascinante hoy en día y difícil
de escuchar por su intensidad. Tal vez sea el único disco imprescindible
de los 90. El disco más influyente en la generación de músicos
de los últimos años. Nunca lo confundirías con cualquier
otro disco.
Si hay que sonar como Led Zeppelin, Buckley lo hace
y no pide perdón, como en “Mojo Pin” o “Grace”,
ambas coescritas con el antiguo guitarrista de Captain Beefheart,
Gary
Lucas. Además, cuenta con una gran labor de equipo, gracias a la
percusión de Matt Johnson, el bajo de Mick Grohndahl y pinceladas
de color de una sección de cuerda, un órgano y tablas.
Grace sigue mostrándose fascinante hoy en día y difícil
de escuchar por su intensidad. Tal vez sea el único disco imprescindible
de los 90. El disco más influyente en la generación de músicos
de los últimos años. Nunca lo confundirías con cualquier
otro disco.
