Jay-Jay Johanson, la saudade del NortePor Xavier Valiño
Con su suave voz melancólica y un infalible instinto
por lo nuevo, Jay-Jay Johanson no es una mera estrella de pop sino un
intérprete emocional, un estilista melódico de algo que
está en el aire. Johanson absorbe el estado de ánimo del
ambiente, lo filtra a través de su propio sentimiento y lo traduce
en atmosféricas composiciones.
¿Cómo
describirías tu nuevo disco?
– Ya sabes, tiene un aire de otoño, un lado hechizante
y un definitivo sentimiento de emoción y tristeza. Está
muy alejado de la electrónica de mi álbum Antenna
(2002) y el coqueteo con el house francés de los últimos
años en Rush. Éstas son, probablemente, las canciones
más jazz que he hecho nunca.
¿De qué forma ha influido tu carrera
musical anterior en la música que haces ahora?
– En cierto modo he regresado a las atmósferas
más misteriosas y densas en las que trabajé durante finales
de los años noventa. Y están esos ingredientes muy presentes
en todo mi trabajo, como mi voz, por supuesto, y la forma en la que sigo
centrado, pero también los temas que sigo representando tienen
una cierta continuidad, como la soledad, los remordimientos y el viajar.
Algunas cosas siempre permanecerán igual; por ejemplo, la sorpresa
de las primeras experiencias y el estado de ánimo de aislamiento,
tanto en tiempo como en lugar. Un sentimiento de aislamiento puede resultar
reconfortante. Siempre me han gustado las canciones tristes. Incluso cuando
intento escribir una canción feliz termina sonando algo melancólica.
¿Cuál fue tu primera fascinación
por la música? ¿Cuándo empezaste a verte como un
músico?
– Ya escribía canciones y melodías en
nuestro piano de casa a los siete años. Mi profesora de piano de
aquella época era una preciosa mujer mayor con pelo blanco que
me hizo escuchar a Chopin y Satie. Más tarde, en la escuela de
música, tuve varios maestros de instrumentos de viento pero ninguno
de ellos me impresionó. No obstante, continué y entré
a estudiar música en la universidad para acabar dejándolo
después de un año. Era demasiado aburrido porque sólo
querían que los estudiantes nos convirtiésemos en expertos
con nuestros instrumentos, sin centrarse para nada en la composición,
que era el elemento en el que yo estaba verdaderamente interesado. No
fue hasta mi época en la escuela de arte que la composición
empezó a tomar forma, se convirtió en algo con significado,
algo bueno, algo de lo que podía estar orgulloso.
¿Hubo gente o un entorno que inspirara
tu creatividad, que te guiara hacia tu carrera en la música?
– Los dos primeros que calaron en mi mente fueron mi
padre y Chet Baker. En Skara, en la primavera de 1984, me fui al club
donde mi padre organizaba conciertos. Yo sólo había visto
dos espectáculos antes, Gerry Mulligan y Stan Gets, y no me habían
gustado especialmente. Pero en aquella noche de primavera Chet Baker estaba
en la ciudad y fui con mi padre. Y allí estaba, frágil,
casi transparente, cantando aquellas canciones que tantas veces antes
había cantado, pero todavía lo hacía con sinceridad
en cada palabra. Y cada vez que hacía un solo con su trompeta,
y hay que decir que esto fue treinta años después de su
gran época, no fallaba ni una nota. Y aquel sonido particular,
tanto el sonido del aire como la notas en sí y las palabras, simplemente
me encantó. Desde entonces mi fascinación por Chet, sus
trabajos y su catálogo de grabaciones, han seguido creciendo conmigo,
le sentí a mi lado antes de subir al escenario en Montreal y Boloña,
y lo tuve cerca en los estudios de grabación en Barcelona, París
y Lidingö.
¿Hay algún pensamiento o ideología
específica que quieres transmitir con tu música, algo que
quieras compartir en especial con la gente?
– Siempre he intentado ser directo y sincero. Puede
ser más fácil comprobar eso en mis actuaciones en directo
que escuchando mi trabajo grabado, pero estoy trabajando en eso. Intento
mejorar todo el tiempo. No estoy actuando, no soy diferente de cualquier
otra persona. No quiero ser una estrella de pop, y no quiero que la gente
piense que lo soy. Soy simplemente como ellos.
En mi opinión pareces una persona interesada
en la modernidad y lo nuevo. ¿Cuál piensas que es la fuerza
motriz tras esto?
– Bueno, me gusta descubrir campos nuevos y quizás
el hecho de que nunca estoy satisfecho del todo con mi trabajo, hace que
esté determinado a mejorar, a hacer algo mejor en la siguiente
ocasión. Siempre intento encontrar caminos nuevos para lograr eso.
Trato de entrar en el estudio con un punto de vista nuevo, nunca haciendo
las cosas por rutina, nunca utilizando la misma receta dos veces.
