Javier Reverte, aventurero por naturaleza
Le
quedan muy pocos rincones del planeta por descubrir y ya hace planes para
recorrer el Yukón, un río que discurre por parajes paradisíacos
del Canadá. Luego nos lo contará. A sus 62 años acaba
de publicar el libro «La aventura de viajar» que para
él empieza en las excursiones colegiales y acaba… Enamorado
del Tercer Mundo, recuerda en Arteshoy el egoísmo
de los habitantes del Primero.
Curtido en mil viajes profesionales, el periodista Javier
Reverte acaba de publicar su libro «La aventura de viajar»
(Plaza y Janés, 2006) en el que cuenta experiencias que empiezan
en sus primeros escarceos colegiales, con excursiones por buena conducta,
hasta sus aventuras por casi todo el mundo. Cronista de diversas guerras
en distintos medios, Reverte muestra en esta obra sus
sentimientos más profundos. Está satisfecho con el resultado.
– En su faceta como escritor, ¿por qué
eligió el tema viajes y no, por ejemplo, el de cocina?
– A mí siempre me ha gustado más viajar
que cocinar. También cocino, pero entiendo que para eso siempre
hay tiempo: Estás en casa, ojeas las recetas, coges la sartén…
En cambio, para viajar siempre he tenido la impresión de que se
ha de ser un poco joven. Sigo haciéndolo a los 62 años y
pienso que moriré viajando antes de cocinar.
– ¿Se pueden hacer todavía viajes extraordinarios
cuando ya el turismo lo ha invadido todo o casi todo?
– Extraordinario puede ser un viaje cualquiera, porque
se sale de lo normal. Haces algo que no es habitual en ti. No ves las
mismas caras, ni practicas el ceremonial de siempre. Para mí, todo
viaje significa una situación extraordinaria.
Javier Reverte se forjó en el
desaparecido diario «Pueblo» y sus crónicas periodísticas
en frentes de guerra fueron seguidas con avidez a través de TVE.
Su primer éxito editorial como escritor se produjo en 1996 con
«El sueño de África», título al
que siguieron otros relacionados con el continente negro como «Vagabundo
en África», «Los caminos perdidos de África»
y «Dios, el diablo y la aventura», en torno a la vida
de Pedro Páez, jesuita español que fue
el primer europeo que llegó a las fuentes del Nilo en Etiopía.
– Guardo un inmejorable recuerdo de mi primer viaje
largo a este continente. Me encontré con la sorpresa de esa naturaleza
africana tan rica, tan extraordinaria, tan potente, que te toca el alma.
No obstante, todavía tengo pendiente de conocer un rincón
del mundo que me apasiona, el río Yukón, en Canadá,
y por extensión el Ártico. Lo que pasa es que me gustaría
hacerlo antes de que se deshiele y parece que eso va muy deprisa.
– Mucho. Es el contraste de tus pensamientos con
los ajenos y actitudes ajenas y costumbres. Y sobre uno mismo, porque
al viajar, en cierta manera te expones a lo que no sabes, a lo que no
conoces, y en consecuencia tienes que sacar de ti energías que
no imaginas, cierto valor en algunos momentos no frente al peligro, sino
frente a situaciones que desconoces, un sentido de la improvisación.
El viaje te mantiene alerta. Te pone los sentidos al filo de la sensibilidad.
– ¿Qué le ha enseñado el Tercer
Mundo?
–
Primero, que se puede vivir con menos de lo que vivimos. Gastamos
mucha energía, tiempo y dinero en cosas que son bastante inútiles
y no esenciales. Y segundo, hasta qué punto en un momento determinado,
cuando la gente ha aprendido a salir de una situación difícil,
ha sobrevivido, ha podido comer… se alegra. En cierto sentido, me
ha enseñado el placer de la alegría. El mundo rico no es
un mundo alegre. La gente siempre se está quejando. Supongo que
el rico tiene que quejarse siempre, mientras que el pobre se alegra con
lo poco que tiene.
– ¿Tiene solución la situación en
que se encuentra el Tercer Mundo?
– ¡Claro que la tiene! Además hay estudios
que demuestran evidentemente que la pobreza podría erradicarse.
Lo que pasa es que el Primer Mundo no quiere. La verdad es que no comprendo
la psicología de los superpoderosos porque, ¿para qué
querrán tanto si no es necesario? La acumulación es una
enfermedad mental. En definitiva, creo que los superpoderosos tienen una
mentalidad algo enfermiza. Pero, ¿cómo combatir una enfermedad?
Tal vez a los supermillonarios habría que meterles un psiquiatra
en casa que no les permita ser más ricos.
– Tal vez, estas gentes piensen que es necesario que
exista el Tercer Mundo para que se mantenga el primero.
– El Tercer Mundo ha sido siempre expoliado por lo
que llamamos Primer Mundo. Se han explotado sus materias primas, su riqueza,
pero no se ha reinvertido en el continente negro. Yo creo que si se hiciera
una política solidaria -que yo no sé si los políticos
de hoy la quieren-, sería seguramente tan sencillo como reinvertir
una parte del beneficio de lo que se saca en el propio continente. Con
esa reinversión se crearían infraestructuras, una cierta
riqueza y la posibilidad de que crecería la cultura y sobre todo
la democracia. Con democracia las cosas se arreglan bastante.
– Son mis experiencias de muchos y muy diversos
viajes. Desde excursiones infantiles cuando participaba con el colegio,
hasta viajes periodísticos a las guerras o siguiendo a los Reyes
de España. También hay relatos de viajes que h
e
hecho como escritor para confeccionar mis libros. Cuento todas las perspectivas
que he tenido en mi vida, cómo se viaja… Yo he viajado de
muchas formas. He tenido esa fortuna y lo cuento con cierto sentido del
humor en un intento de narrar lo que ha sido una vida viajera.
En el primer capítulo en «La aventura
de viajar» nos podemos ver reflejados muchos de los que vivimos
el sistema de enseñanza de la década de los años
50. Situaciones muy comunes que Reverte recrea de forma
directa no exenta de sátira. Luego incide en su vida profesional
en busca de la exclusiva periodística por cumbres, conferencias,
elecciones, hoteles… Detalla naturalmente en su etapa como corresponsal
de guerra y termina cuando, mochila al hombro, empezó a recorrer
inhóspitos lugares en un intento de conocer nuevas gentes y culturas.
El resultado es un libro de lectura muy amena y entretenida que satisfará
las exigencias de los amantes de la aventura y los viajes.
