Ignacio Martínez de Pisón:Enterrar a los muertosBarcelona. Seix Barral, 2005. 271 págs.Por Iván Gallardo
Ésta podría ser la historia de un asesinato. O también el recuento de su investigación.
Pero sería injusto reducir esta obra a la esfera de lo particular. Enterrar a los
muertos es
la constatación de la derrota sin paliativos de la dignidad del hombre. Es el testimonio de la
represión desencadenada por el estalinismo en la zona republicana durante la guerra civil española.
Es un homenaje a los ciudadanos que en esa purga se vieron despojados de su libertad y de su vida. Es
el análisis de las actitudes adoptadas por algunos escritores durante la contienda y la persecución,
asedio y derribo no de elementos desviados de la obediencia a Moscú, sino de una parcela de la
historia española reciente hurtada, manipulada o silenciada a veces con descaro.
José Robles Pazos fue un hombre de izquierdas que nunca se afilió a ningún partido
político. En 1916 conoció a John Dos Passos, y la amistad que entablaron le llevó a
realizar la primera traducción al español de su novela Manhattan Transfer .
Una vez terminados sus estudios, consiguió una plaza como profesor de literatura en una universidad
de EE.UU. y, como venía haciendo habitualmente, regresó a Madrid en 1936 para disfrutar
de sus vacaciones estivales. Allí le sorprende, junto a su mujer e hijos, el inicio de la
guerra y, sin dudarlo, decide ponerse al servicio del gobierno legítimo de la República.
Gracias a su dominio del ruso, y con el rango de teniente coronel, empieza a trabajar como traductor
en el Ministerio de Guerra y en la embajada soviética, pero sobre todo colabora con los hombres
de Vladimir Gorev, el principal agente de la Inteligencia militar (GRU) en España. Cuando
el gobierno decide trasladarse a Valencia, Robles le acompaña y continúa su labor
en la capital levantina.
Poco tiempo después de que parte de los militares se sublevasen contra la República,
John Dos Passos, conocido simpatizante de izquierdas y famoso periodista y escritor en aquella época,
decide viajar a España para colaborar en el guión y en las localizaciones de la película
propagandística Tierra española , dirigida por Joris Ivens. Dos Passos empieza
a publicar con regularidad artículos sobre la guerra en la prensa extranjera, cuando recibe
la noticia de que su amigo Pepe Robles ha desaparecido inexplicablemente. En el transcurso de sus
pesquisas, y después de que importantes personalidades republicanas – léase Julio Álvarez
del Vayo, a la sazón Ministro de Estado de los gobiernos de Largo Caballero y Negrín,
por citar sólo una- se desentendieran del caso, directamente lo taparan, o incluso deslizasen
no veladas amenazas si seguía investigando, después de que Hemingway demostrase una
nula humanidad al respecto (el fin justifica los medios), después de la rápida entrevista
con Andreu Nin en Barcelona poco antes de su macabro final, y después de su precipitada salida
de España ya desencantado de la República, Dos Passos empezaría a atisbar parte
de la verdad: Pepe Robles había sido detenido por miembros de la NKVD -el Servicio secreto
soviético que dirigía Alexander Orlov, el mismo que organizó ese sistema parapolicial
y penitenciario conocido con el nombre de «checas», que hace que hoy la terrible Guantánamo
parezca un jardín de infancia si lo comparamos, el mismo que dirigió la brutal persecución
contra los miembros del POUM y los anarquistas, y que más tarde organizaría el asesinato
de Trotski a manos de Ramón Mercader-, llevado a diversas checas, asesinado y finalmente
difamado con diversos bulos que aseguraban su colaboración con los fascistas.
Estos son los dos hilos argumentales que permiten a Ignacio Martínez de Pisón tejer
esta poderosa narración. Una narración que por un lado se beneficia de su buen hacer
como novelista para asegurar una óptima organización de los hechos en el relato y
un estilo que huye de la ambigüedad, y que por otro recuerda al mejor periodismo de investigación
en el acertado uso de las fuentes y las citas y en el manejo de las hipótesis de trabajo,
todas ellas verosímiles y sólidamente argumentadas. En cada una de sus páginas
demuestra que se está ante un libro que no engaña, que no tiene vocación de
buscar subterfugios -políticos, ideológicos, bibliográficos o históricos-
para justificar tesis preconcebidas. Además, el libro plantea sin circunloquios las preguntas
fundamentales para que un reportaje histórico como este funcione. Parece que Martínez
de Pisón hubiera tomado como azogue para su trabajo el Homenaje a Cataluña de
George Orwell por la similitud del tema y de los propósitos, y El caso Aldo Moro de
Leonardo Sciascia por su sagacidad investigadora y su insobornable independencia; dos padrinos exquisitos.
La defensa de una visión antitotalitaria desde el seno de la izquierda, la denuncia de ciertos
intelectuales -Alberti, Bergamín, Wenceslao Roces, Hemingway sobre todo- que justificaron
los métodos estalinistas porque eran «necesidades históricas» y que más tarde
establecieron una especie de conspiración de silencio al respecto, y el exponer, con la precisión
del entomólogo y de forma pormenorizada, un episodio de represión despiadada en el
bando republicano, parecen argumentos suficientes para asegurar que éste es uno de esos escasos
libros de hoy que, sin duda alguna, merece ser leído.
Nº 1 – Mayo de 2005
