Ignacio García-Valiño:Querido Caín
Por Isabel Ancillo Gómez
La última obra finalista del Premio de Novela
Ciudad de Torrevieja es «Querido Caín», de Ignacio García-Valiño.
Un perfilado análisis de lo que puede llegar a suponer la maldad
infantil en una sociedad como la nuestra.

García-Valiño sabe bien que el ser humano, en muchas ocasiones
inconscientemente, va contracorriente, contra sí mismo. Por algo
es psicólogo, y se muestra admirador del psicoanálisis en
su nueva novela, aunque su personaje no lo practique.
Nico, un preadolescente de clase alta, cohabita, más
que vive, con su familia en una lujosa zona de Madrid. Se manifiesta hermético
y sólo expresa su también rico mundo interior como una olla
a presión deja salir el vapor. Simultáneamente, sus padres
intentan acercarse a él, hacerse querer y, sobre todo, comprenderle,
privilegios que únicamente cede, en ínfima parte, a su pequeña
hermana adoptiva, algo que, a primera vista, no encaja en la composición
que el lector se hará acerca del trastorno psicológico que
aparentemente presenta Nico.
Ante ciertos hechos, comenzando por la muerte del perro,
que pondrán en jaque el equilibrio familiar, los asustados padres
buscarán la ayuda de un psicólogo que, hasta cierto punto,
logrará poner límites externos, claramente sólo aparentes,
al complejo ser que constituye este Caín «perfecto»,
inteligente manipulador.
El psicólogo se verá pronto desbordado
ante nuevas situaciones delirantes creadas por el niño, como la
reacción que manifiesta ante un regalo paterno o, más adelante,
la manera de acercarse a la sobrina del psicólogo que, generando
inquietud, constituirá una
de
las claves en el entorno ajedrecístico del que Nico entrará
a formar parte. Algo desconcertante resulta que la trama se vuelva más
hacia las relaciones sentimentales entre el psicólogo y la madre
de Nico, dejando en parte al margen la relación de ayuda que se
le solicita a éste en un principio (lo que, por otra parte, resultaría
poco creíble en la realidad).
Una antigua relación entre Coral, la madre de
Nico, y Julio, el psicólogo, trasladada al presente, dará
un giro importante a la narración, dentro de la red de Nico. «Querido
Caín», atrapa a sus lectores en una telaraña que, por
su tensión y sensación de peligro constantes, invita a una
quietud atenta. El lector se verá abocado a adelantarse precipitadamente
a esa araña, que, por suerte para él, se mantendrá
muy ocupada a lo largo de este thriller psicológico.
Prácticamente toda la acción permanece
ambientada en torno al mundo del ajedrez, donde el pequeño despliega
su instinto de dominación, hasta las últimas consecuencias.
No se trata de una novela en la que haya un juego de
investigación, una trama, a través de movimientos ajedrecísticos.
Aquí, el ajedrez es un campo de expresión, una manipulación
sin palabras, la más inteligente y preferida por Nico. Para sus
lectores, la metáfora de un enfrentamiento entre mentes sometidas,
al fin, a unas reglas. Ganar una partida de ajedrez supone encontrar un
nuevo lugar en el mundo, el elegido trabajosamente, posicionándose
de un modo ventajoso. Seguramente, esto es lo que García-Valiño
trata de dar a conocer sobre sí mismo, a través de Nico
y su evolución en el ajedrez.
Aparecen
en esta ocasión marcas de fuego también de sus otras novelas:
la soledad, la dificultad para relacionarse, la complejidad de los motivos
y sentimientos humanos, la melancolía, la fuerza de la inteligencia,
la ternura, el aislamiento de la razón en pugna por la expansión
del corazón…, todo soportado siempre desde cierta visión
optimista de la llama, constituida por el deseo de amar.
Su novela de amor «La irresistible nariz de Verónica»,
es un continuo en este tema, junto a los amores entre David y Betsabé,
en «Urías y el rey David». «La caricia del escorpión»,
mostraba cómo los esfuerzos por salir de su autismo y disfrutar
de una relación amorosa auténtica, embriagaban al pitagórico
protagonista. En «Una cosa es el silencio», dos jóvenes
buscan a la mujer de la que ambos están enamorados. Por último,
Coral, la madre de Nico, expresa una relación de amor incondicional
hacia su hijo a lo largo de toda la novela, aún más relevante
que la que vivirá con Julio.
«Querido Caín» es sin duda el libro
más autobiográfico de García-Valiño. Pese
a que suele decirse que el escritor se manifiesta del modo más
pleno en sus primeras obras, parece no haber ocurrido así con el
autor de «El vuelo de la lechuza», una primera novela publicada
que en ningún momento deja entrever a la persona asomada ahora
a «Querido Caín», alguien expresando el lado más
duro de sus vivencias infantiles, adolescentes y, en otro plano, profesionales,
a través de los sentimientos de sus personajes.
En esta novela no se aprecian tantos toques de humor
como en las anteriores, aunque sí ese mismo estilo ágil,
lleno de quebradas.
Un narrador omnisciente pone orden en el relato, límites
de nuevo, pero esta vez a las voces que, en ocasiones con fuerza, resuenan
en atractivos diálogos.
Hay retrocesos temporales y también simultaneidad
de acciones en otros momentos, lo cual hace aún más activa
su lectura.
En definitiva, se trata de una obra que hará
vibrar en el sillón a sus lectores, y quizá despierte más
de una reflexión filosófica acerca de los orígenes
de la maldad y la influencia que puede llegar a tener, en ciertos entornos
familiares.
La última obra finalista del Premio de Novela
Ciudad de Torrevieja es «Querido Caín», de Ignacio García-Valiño.
Un perfilado análisis de lo que puede llegar a suponer la maldad
infantil en una sociedad como la nuestra.

García-Valiño sabe bien que el ser humano, en muchas ocasiones
inconscientemente, va contracorriente, contra sí mismo. Por algo
es psicólogo, y se muestra admirador del psicoanálisis en
su nueva novela, aunque su personaje no lo practique.
Nico, un preadolescente de clase alta, cohabita, más
que vive, con su familia en una lujosa zona de Madrid. Se manifiesta hermético
y sólo expresa su también rico mundo interior como una olla
a presión deja salir el vapor. Simultáneamente, sus padres
intentan acercarse a él, hacerse querer y, sobre todo, comprenderle,
privilegios que únicamente cede, en ínfima parte, a su pequeña
hermana adoptiva, algo que, a primera vista, no encaja en la composición
que el lector se hará acerca del trastorno psicológico que
aparentemente presenta Nico.
Ante ciertos hechos, comenzando por la muerte del perro,
que pondrán en jaque el equilibrio familiar, los asustados padres
buscarán la ayuda de un psicólogo que, hasta cierto punto,
logrará poner límites externos, claramente sólo aparentes,
al complejo ser que constituye este Caín «perfecto»,
inteligente manipulador.
El psicólogo se verá pronto desbordado
ante nuevas situaciones delirantes creadas por el niño, como la
reacción que manifiesta ante un regalo paterno o, más adelante,
la manera de acercarse a la sobrina del psicólogo que, generando
inquietud, constituirá una
de
las claves en el entorno ajedrecístico del que Nico entrará
a formar parte. Algo desconcertante resulta que la trama se vuelva más
hacia las relaciones sentimentales entre el psicólogo y la madre
de Nico, dejando en parte al margen la relación de ayuda que se
le solicita a éste en un principio (lo que, por otra parte, resultaría
poco creíble en la realidad).
Una antigua relación entre Coral, la madre de
Nico, y Julio, el psicólogo, trasladada al presente, dará
un giro importante a la narración, dentro de la red de Nico. «Querido
Caín», atrapa a sus lectores en una telaraña que, por
su tensión y sensación de peligro constantes, invita a una
quietud atenta. El lector se verá abocado a adelantarse precipitadamente
a esa araña, que, por suerte para él, se mantendrá
muy ocupada a lo largo de este thriller psicológico.
Prácticamente toda la acción permanece
ambientada en torno al mundo del ajedrez, donde el pequeño despliega
su instinto de dominación, hasta las últimas consecuencias.
No se trata de una novela en la que haya un juego de
investigación, una trama, a través de movimientos ajedrecísticos.
Aquí, el ajedrez es un campo de expresión, una manipulación
sin palabras, la más inteligente y preferida por Nico. Para sus
lectores, la metáfora de un enfrentamiento entre mentes sometidas,
al fin, a unas reglas. Ganar una partida de ajedrez supone encontrar un
nuevo lugar en el mundo, el elegido trabajosamente, posicionándose
de un modo ventajoso. Seguramente, esto es lo que García-Valiño
trata de dar a conocer sobre sí mismo, a través de Nico
y su evolución en el ajedrez.
Aparecen
en esta ocasión marcas de fuego también de sus otras novelas:
la soledad, la dificultad para relacionarse, la complejidad de los motivos
y sentimientos humanos, la melancolía, la fuerza de la inteligencia,
la ternura, el aislamiento de la razón en pugna por la expansión
del corazón…, todo soportado siempre desde cierta visión
optimista de la llama, constituida por el deseo de amar.
Su novela de amor «La irresistible nariz de Verónica»,
es un continuo en este tema, junto a los amores entre David y Betsabé,
en «Urías y el rey David». «La caricia del escorpión»,
mostraba cómo los esfuerzos por salir de su autismo y disfrutar
de una relación amorosa auténtica, embriagaban al pitagórico
protagonista. En «Una cosa es el silencio», dos jóvenes
buscan a la mujer de la que ambos están enamorados. Por último,
Coral, la madre de Nico, expresa una relación de amor incondicional
hacia su hijo a lo largo de toda la novela, aún más relevante
que la que vivirá con Julio.
«Querido Caín» es sin duda el libro
más autobiográfico de García-Valiño. Pese
a que suele decirse que el escritor se manifiesta del modo más
pleno en sus primeras obras, parece no haber ocurrido así con el
autor de «El vuelo de la lechuza», una primera novela publicada
que en ningún momento deja entrever a la persona asomada ahora
a «Querido Caín», alguien expresando el lado más
duro de sus vivencias infantiles, adolescentes y, en otro plano, profesionales,
a través de los sentimientos de sus personajes.
En esta novela no se aprecian tantos toques de humor
como en las anteriores, aunque sí ese mismo estilo ágil,
lleno de quebradas.
Un narrador omnisciente pone orden en el relato, límites
de nuevo, pero esta vez a las voces que, en ocasiones con fuerza, resuenan
en atractivos diálogos.
Hay retrocesos temporales y también simultaneidad
de acciones en otros momentos, lo cual hace aún más activa
su lectura.
En definitiva, se trata de una obra que hará
vibrar en el sillón a sus lectores, y quizá despierte más
de una reflexión filosófica acerca de los orígenes
de la maldad y la influencia que puede llegar a tener, en ciertos entornos
familiares.
