Howe Gelb en conciertoPor Xavier Valiño
Cuando
Howe Gelb volvió a la habitación del hotel, con la intención
de reflejar de algún modo la experiencia que acababa de vivir,
y el cielo rompió en una tormenta impresionante, lo interpretó
como una señal. Así que contactó con el grupo Voices
Of Praise y grabaron siete canciones nuevas, además de tres viejos
temas de Giant Sand que él siempre había pensado que pedían
a gritos un coro, y tres canciones de su desaparecido amigo Rainer Ptacek.
Durante la grabación de ´Sno Angel Like You el invierno
siguiente en Otawa, Howe Gelb se inspiró en la belleza radical
de la nieve y un frío no muy frecuente en Tucson.
Pero ese frío no se transmitió en su actuación
en Compostela. No podía ser así, porque el coro gospel le
da otra dimensión a su música, esa dimensión que
es la que ha conseguido que ese disco se haya convertido en el más
vendido de su trayectoria, en el que más gente acerca a sus conciertos
y en el que le ha traído un respaldo crítico aún
mayor que el que suele tener.
Howe Gelb reconocía en su día: «Me
cautivó esa sensación, me pegó al asiento. Nunca
había escuchado nada igual, nunca me había sentido así,
y cuando llegas a mi edad y algo te llega de esa manera a la cabeza y
el corazón, lo celebras y te regodeas un poco en ello. Me impresionó
físicamente».
Más o menos, así se sale de un concierto
suyo con Voices Of Praise. Howe Gelb, convertido en maestro de ceremonias,
mostró en Compostela una interpretació
n
cercana a Lou Reed y un cierto parecido al Bob Dylan de hace 20 años,
haciendo chistes con los pimientos de Padrón y las camisetas de
Zara, y versiones del «Inmigrant Song» de Led Zeppelin y el
«Lay Lady Lay» de Dylan.
En todo momento el coro brilló con luz propia,
transmitiendo y contagiando optimismo, y pasando de las canciones más
contundentes, soul y gospel, a los momentos más reposados, aunque
igualmente intensos, con un gusto exquisito. Uno de los momentos más
emocionantes fue la interpretación de Spiral, con Gelb
al piano recordando al Lou Reed de Berlin. Si en solitario gana
en intimismo, con el apoyo de las voces negras del coro consigue poner
la carne de gallina. Y no hubo tormenta esa noche aunque afuera llovía.
