Goldfrapp, ensueño paganoPor Xavier Valiño
La
última vez que vimos a Goldfrapp, eran las consumadas bestias de
la música disco, blandiendo el sonido subversivo de estilizado
glamour de los 70 con un golpe de látigo de erótica y un
lametazo de humor británico que habían destilado a lo largo
del curso de tres álbumes: Felt Mountain (2000) Black Cherry (2003)
y Supernature (2005). Desde el barrido de «Lovely Head» al empuje
de «Ooh La La», el suyo era un sonido que estaba impecablemente
concebido, emocionantemente ambicioso, una explosión de bolas de
discoteca, electrónica, pistas de baile y lujuria, reforzado por
actuaciones en directo que incluían bailarines con borlas y caballos
disco.
Ahora regresan con Seventh Tree, un álbum que
integra todo lo que vivieron con anterioridad, sobre todo en su primer
álbum: cálido y sensual, es el sonido de un delirio muy
británico, haciendo eco de la poesía disparatada de Edward
Lear y las excentricidades de los primeros Pink Floyd. Grabado en un bungalow
de los años 60 en Bath, fue un movimiento consciente para alejarse
del toque Weimar del trabajo anterior y explorar un terreno más
psicodélico.
«Repetíamos que tenía que ser más
psicodélico, más psicodélico», recuerda Will.
«Y ninguno de nosotros sabíamos qué quería decir
eso en realidad. Creo que era nuestra palabra para describir algo que
tenía una especie de sentimiento rural de ensueño pero que
también tenía cierta oscuridad. Siempre hemos mencionado
películas como The Wicker Man (El hombre de mimbre)», añade
Alison, «películas que eran muy inglesas y bastante oscuras,
con elemento de paganismo, pero con humor, un humor muy británico.
Así que es esta combinación del toque folk ingenuo británico
con un poco de horror y sol californiano metido dentro».
Alison y Will se conocieron en 1999. Les unía
el amor por la vanguardia, en concreto Add N To (X) y Scott Walker. Se
intercambiaron cintas, libros y cartas, empujando barreras y poniéndose
a prueba mutuamente un poco, para ver si sus gustos eran lo suficientemente
fuertes para sostener su peso combinado. Cuando se pusieron
a
hacer música juntos nació su sonido sin esfuerzo y creció
rápidamente.
Su sonido era extraño, simbólico, irresistible,
un collage de Roxy Music, ciencia-ficción y cabezas de lobo y,
quizás hartos del indie-rock impasible de Oasis y similares, el
público se quedó con ellos. Pronto fueron aclamados por
toda Europa y EEUU, su música aceptada tanto por el cine como por
la televisión, sus vídeos eran devorados, y rápidamente
se ganaron una reputación por ser una de las bandas más
interesantes y emocionantes en directo.
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
La
última vez que vimos a Goldfrapp, eran las consumadas bestias de
la música disco, blandiendo el sonido subversivo de estilizado
glamour de los 70 con un golpe de látigo de erótica y un
lametazo de humor británico que habían destilado a lo largo
del curso de tres álbumes: Felt Mountain (2000) Black Cherry (2003)
y Supernature (2005). Desde el barrido de «Lovely Head» al empuje
de «Ooh La La», el suyo era un sonido que estaba impecablemente
concebido, emocionantemente ambicioso, una explosión de bolas de
discoteca, electrónica, pistas de baile y lujuria, reforzado por
actuaciones en directo que incluían bailarines con borlas y caballos
disco.
Ahora regresan con Seventh Tree, un álbum que
integra todo lo que vivieron con anterioridad, sobre todo en su primer
álbum: cálido y sensual, es el sonido de un delirio muy
británico, haciendo eco de la poesía disparatada de Edward
Lear y las excentricidades de los primeros Pink Floyd. Grabado en un bungalow
de los años 60 en Bath, fue un movimiento consciente para alejarse
del toque Weimar del trabajo anterior y explorar un terreno más
psicodélico.
«Repetíamos que tenía que ser más
psicodélico, más psicodélico», recuerda Will.
«Y ninguno de nosotros sabíamos qué quería decir
eso en realidad. Creo que era nuestra palabra para describir algo que
tenía una especie de sentimiento rural de ensueño pero que
también tenía cierta oscuridad. Siempre hemos mencionado
películas como The Wicker Man (El hombre de mimbre)», añade
Alison, «películas que eran muy inglesas y bastante oscuras,
con elemento de paganismo, pero con humor, un humor muy británico.
Así que es esta combinación del toque folk ingenuo británico
con un poco de horror y sol californiano metido dentro».
Alison y Will se conocieron en 1999. Les unía
el amor por la vanguardia, en concreto Add N To (X) y Scott Walker. Se
intercambiaron cintas, libros y cartas, empujando barreras y poniéndose
a prueba mutuamente un poco, para ver si sus gustos eran lo suficientemente
fuertes para sostener su peso combinado. Cuando se pusieron
a
hacer música juntos nació su sonido sin esfuerzo y creció
rápidamente.
Su sonido era extraño, simbólico, irresistible,
un collage de Roxy Music, ciencia-ficción y cabezas de lobo y,
quizás hartos del indie-rock impasible de Oasis y similares, el
público se quedó con ellos. Pronto fueron aclamados por
toda Europa y EEUU, su música aceptada tanto por el cine como por
la televisión, sus vídeos eran devorados, y rápidamente
se ganaron una reputación por ser una de las bandas más
interesantes y emocionantes en directo.
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Ahora regresan con Seventh Tree, un álbum que
integra todo lo que vivieron con anterioridad, sobre todo en su primer
álbum: cálido y sensual, es el sonido de un delirio muy
británico, haciendo eco de la poesía disparatada de Edward
Lear y las excentricidades de los primeros Pink Floyd. Grabado en un bungalow
de los años 60 en Bath, fue un movimiento consciente para alejarse
del toque Weimar del trabajo anterior y explorar un terreno más
psicodélico.
«Repetíamos que tenía que ser más
psicodélico, más psicodélico», recuerda Will.
«Y ninguno de nosotros sabíamos qué quería decir
eso en realidad. Creo que era nuestra palabra para describir algo que
tenía una especie de sentimiento rural de ensueño pero que
también tenía cierta oscuridad. Siempre hemos mencionado
películas como The Wicker Man (El hombre de mimbre)», añade
Alison, «películas que eran muy inglesas y bastante oscuras,
con elemento de paganismo, pero con humor, un humor muy británico.
Así que es esta combinación del toque folk ingenuo británico
con un poco de horror y sol californiano metido dentro».
Alison y Will se conocieron en 1999. Les unía
el amor por la vanguardia, en concreto Add N To (X) y Scott Walker. Se
intercambiaron cintas, libros y cartas, empujando barreras y poniéndose
a prueba mutuamente un poco, para ver si sus gustos eran lo suficientemente
fuertes para sostener su peso combinado. Cuando se pusieron
a
hacer música juntos nació su sonido sin esfuerzo y creció
rápidamente.
Su sonido era extraño, simbólico, irresistible,
un collage de Roxy Music, ciencia-ficción y cabezas de lobo y,
quizás hartos del indie-rock impasible de Oasis y similares, el
público se quedó con ellos. Pronto fueron aclamados por
toda Europa y EEUU, su música aceptada tanto por el cine como por
la televisión, sus vídeos eran devorados, y rápidamente
se ganaron una reputación por ser una de las bandas más
interesantes y emocionantes en directo.
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
«Repetíamos que tenía que ser más
psicodélico, más psicodélico», recuerda Will.
«Y ninguno de nosotros sabíamos qué quería decir
eso en realidad. Creo que era nuestra palabra para describir algo que
tenía una especie de sentimiento rural de ensueño pero que
también tenía cierta oscuridad. Siempre hemos mencionado
películas como The Wicker Man (El hombre de mimbre)», añade
Alison, «películas que eran muy inglesas y bastante oscuras,
con elemento de paganismo, pero con humor, un humor muy británico.
Así que es esta combinación del toque folk ingenuo británico
con un poco de horror y sol californiano metido dentro».
Alison y Will se conocieron en 1999. Les unía
el amor por la vanguardia, en concreto Add N To (X) y Scott Walker. Se
intercambiaron cintas, libros y cartas, empujando barreras y poniéndose
a prueba mutuamente un poco, para ver si sus gustos eran lo suficientemente
fuertes para sostener su peso combinado. Cuando se pusieron
a
hacer música juntos nació su sonido sin esfuerzo y creció
rápidamente.
Su sonido era extraño, simbólico, irresistible,
un collage de Roxy Music, ciencia-ficción y cabezas de lobo y,
quizás hartos del indie-rock impasible de Oasis y similares, el
público se quedó con ellos. Pronto fueron aclamados por
toda Europa y EEUU, su música aceptada tanto por el cine como por
la televisión, sus vídeos eran devorados, y rápidamente
se ganaron una reputación por ser una de las bandas más
interesantes y emocionantes en directo.
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Alison y Will se conocieron en 1999. Les unía
el amor por la vanguardia, en concreto Add N To (X) y Scott Walker. Se
intercambiaron cintas, libros y cartas, empujando barreras y poniéndose
a prueba mutuamente un poco, para ver si sus gustos eran lo suficientemente
fuertes para sostener su peso combinado. Cuando se pusieron
a
hacer música juntos nació su sonido sin esfuerzo y creció
rápidamente.
Su sonido era extraño, simbólico, irresistible,
un collage de Roxy Music, ciencia-ficción y cabezas de lobo y,
quizás hartos del indie-rock impasible de Oasis y similares, el
público se quedó con ellos. Pronto fueron aclamados por
toda Europa y EEUU, su música aceptada tanto por el cine como por
la televisión, sus vídeos eran devorados, y rápidamente
se ganaron una reputación por ser una de las bandas más
interesantes y emocionantes en directo.
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Su sonido era extraño, simbólico, irresistible,
un collage de Roxy Music, ciencia-ficción y cabezas de lobo y,
quizás hartos del indie-rock impasible de Oasis y similares, el
público se quedó con ellos. Pronto fueron aclamados por
toda Europa y EEUU, su música aceptada tanto por el cine como por
la televisión, sus vídeos eran devorados, y rápidamente
se ganaron una reputación por ser una de las bandas más
interesantes y emocionantes en directo.
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Seventh Tree se grabó a lo largo de un periodo
mucho más largo que cualquiera de los discos anteriores, una decisión
consciente tras la intensidad de las giras, y el deseo de crear algo tangiblemente
diferente. «Es más un giro a la izquierda», declara Will.
«Nuestras cabezas estaban estallando con Supernature después
de la gira. Y pensamos que sería agradable tener simplemente ¿un
bonito espacio vacío?, y no toda esa intensidad musical retrocedida.
Y cuando se piensa en un espacio vacío, a veces se piensa en alguien
simplemente rasgueando una guitarra, reunidos alrededor de una fogata.
El problema es que ninguno de nosotros tocamos la guitarra».
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Célebres por la privacidad de sus métodos
de trabajo, en Seventh Tree Will y Alison no sólo introdujeron
a Flood para la coproducción, sino que también añadieron
otros músicos a la mezcla, artistas como la intérprete de
arpa Ruth Wall, que trajo un arpa de cuerdas de acero diseñada
en el siglo XVII, y que samplearon en el tema «Road To Somewhere»
(«Carretera a alguna parte»).
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
«Nunca había escuchado un sonido como ése»,
declara Alison. «Es casi como un sitar. Te imaginas a las arpas como
algo angelical, pero salía en cambio aquel sonido feo arenoso.
Muchas veces los sonidos son formas muy buenas de empezar a componer,
son muy inspiradores. Ésa ha sido la historia de este álbum.
Hacer que viniesen intérpretes reales ayudó mucho, mientras
que antes se habían creado en un proceso laborioso y de forma bastante
inorgánica».
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
En el tema «Eat Yourself» («Cómete
a ti mismo») aparece un instrumento particularmente inusual. «Era
un juguete fabricado por Mattel llamado Optigon; es un juguete, pero se
trata de un órgano muy sofisticado que corre sobre unos diminutos
discos ópticos, que son pequeños loops de sonido. En este
caso era un precioso punteo de guitarra folk, pero tambalea completamente
porque está hecho en los años 60 y estaba muy degradado.
Y luego Alison puso esa especie de improvisación encima. Lo que
se escucha es lo primero que hizo, era algo que en realidad nunca le había
escuchado hacer antes. Pensamos que sonaba como un cruce entre los New
Seekers y Emmanuel».
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Muchos
de los temas empezaron a tomar forma en una ráfaga de sesiones
de improvisación musical y lírica. «La gente asume
automáticamente que porque usamos sintetizadores y sonidos pregrabados
no hay nada de ese proceso», dice Alison. «Pero es un mito realmente.
La gente tiene la idea de que no se trata de un instrumento real porque
es un teclado, de que por ser un sonido electrónico no implica
habilidad o pensamiento. Y ésa es una idea totalmente equivocada,
sólo se trata de una calidad muy diferente en sonido».
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Los frutos de su improvisación espontánea
se pueden escuchar en temas como el que abre el disco, «Clowns»
(«Payasos»), con sus letras inspiradas en la televisión,
implantes de mama y la idea de estar siendo observado, así como
en «Cologne Cerrone Houdini», una canción que Alison
dice que trata «sobre estar de viaje con alguien y darse cuenta de
que no está pasando». Muchas de las canciones van, añade,
«musical y líricamente sobre ir a algún sitio».
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
De hecho, «Little Bird» («Pajarito»)
es la historia de una amiga de Alison que «constantemente se mueve
por todas partes, mientras que «Caravan Girl» («Chica de
caravana») habla de una chica con amnesia que quiere huir con una
chica en una caravana». Letras que supuestamente surgen de ninguna
parte y que se entrelazan con una música deliciosamente frenética.
«Es una cosa de Do mayor», declara Will. «Nos metimos en
un sentimiento un tanto feliz y se convirtió en esa pieza de órgano
de iglesia. Pero es también una locura. Es una producción
tan implacablemente bombástica y sonrisa burlona, pintado todo
con colores brillantes… Hay algo enfermo y maravilloso en ello también».
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Otros viajes les llevan a Los Ángeles, una ciudad
que «me gusta para tres días, en una especie de accidente
de coche estilo Crash», explica Alison. «Después de ese
tiempo la encuentro bastante perturbadora». Consecuentemente, la
letra de «Monster Love» («Amor de monstruo») invoca
corazones rotos y la loca frivolidad de Hollywood.
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
No todos los viajes son literales. «Happiness»
(«Felicidad») es más una especie de viaje mental, una
exploración de las formas en las que buscamos ser felices. «Trabajamos
hasta convertirlo en una pieza ligeramente chiflada», comenta Alison.
«Estábamos intentando darle un sonido ligeramente psicodélico,
ligeramente peripuesto, casi delirante».
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
Con el álbum ya listo, Goldfrapp están
intentando ahora idear una forma de trasladar su nebulosa psicodelia inglesa
a los escenarios. «Para mí, lo musical y lo visual son inseparables»,
declara Alison. «Cuando se habla de sonido, tiene una atmósfera
y tiene un sentimiento y colores y carácter». Sonríe
un poco perversamente y continúa. «Así que puedo imaginar
quizás bailarines de folk ligeros de ropa con lazos y flores, bailando
con una pértiga alrededor de cucañas…»
