Ernst Bloch:El principio de la esperanza
Ernst
Bloch (1885 – 1977) ha partido de Hegel y Marx para reflexionar
su filosofía. Al primero dedicó su monografía «Sujeto-Objeto».
Su preocupación por la dimensión religiosa del ser humano
le llevó a escribir una monografía sobre Thomas Müntzer,
titulado «Thomas Müntzar, teólogo de la revolución.
El pensamiento de Hegel». Su gran obra «El principio de la esperanza»
es la síntesis de su pensamiento.
La obra se escribió entre 1938 y 1947, durante
el exilio de filósofo en los Estados Unidos de América y
más tarde reelaborado en su retorno a Alemania. Para el autor,
la utopía es la verdadera dinámica del ser humano y este
libro ha sido calificado como verdadera «enciclopedia de las utopías».
Su particular estilo, entre el romanticismo y el expresionismo alemán,
lo hacen muy particular e interesante.
En el tercer volumen, la obra se centra en las denominadas
por el propio autor: «imágenes desiderativas del instante
colmado». Personajes como Don Quijote, Fausto o argumentos de viejos
cuentos de la tradición, le sirven para recrear un pensamiento
rico y sugerente, aunque siempre lastrado de cierto marxismo, por muy
utópico que él lo quiera derivar.
«La verdadera génesis no se encuentra al
principio sino al final» es una de las tesis de Erns Bloch, al reflexionar
sobre el franqueamiento de fronteras, la música, las imágenes
de la esperanza contra la muerte o la religión.
«Los
Herodes apuntan a la nada, mientras que Orfeo, Zoroastro, Buda, Moisés,
Jesús apuntan a lo maravilloso: depende de este siglo si va a hacer
real, al menos, lo fácilmente alcanzable. Si el reino de la libertad
se va aproximar de tal manera que sea posible una entrada en lugar de
un éxodo», escribe el autor.
Bloch recoge el pensamiento de Goethe en los versos de
«Diván de Oriente y Occidente» que dice: «Un mensaje
de claves secretas/ ocupa el mundo,/ hasta que al final, todo giro/ conduce
a lo mismo».
«Nada es bueno en sí, si no es apetecido.
Pero nada es apetecido si no se lo representa uno como bueno. El que un
impulso se dirija a algo, presupone el impulso, pero así mismo
que el objeto al que se dirige es capaz de satisfacerlo», escribe
el autor en el capítulo de «Impuso y comida».
Ernest Boch es un hombre de metas y utopías. «En
nosotros se esconde lo que puede llegar a ser. Se nos muestra como desasosiego
de no estar suficientemente determinados».
