Ernesto García López:El desvío del otro
Ya desde la nota preliminar el autor postula que los
poemas, una vez escritos, terminan siendo ajenos; se completan con la
lectura y la recepción de otras personas. Terminan por ser, así,
obras independientes de uno. De este modo, el libro explora esa vía
de manera constante, bien mediante el cuestionamiento del sujeto creativo
y del receptor (el ‘yo’ y el ‘otro’), bien mediante
el reconocimiento de lo creado.
García López tensa las implicaciones del
sujeto: lo agujerea con dudas, los desdobla, se transforma en ‘otro’
sin dejar de ser ‘yo’; culmen de la empatía: «el
poema crece ahí delante, extramuros de su origen».
El
autor es coherente con su poética y la explica de manera plástica:
la plantea como una aprehensión de lo inasible («intentan
comprimir / lo que se expande»). Sus poemas, por tanto, ofrecen su
visión y su relación visceral con la escritura. Además,
sobre ella ejerce un análisis intelectual, no meramente estético
o ideológico: «déjame que lo dicho / no se parezca
en nada / a lo pensado».
Por todo ello, el libro recoge multitud de poemas que
son intenciones, deseos (de ahí la abundancia de infinitivos, preguntas
retóricas y los «quisiera» y «desearía»),
junto a su puesta en práctica. Resulta, así, un acierto
que no se quede en una exposición teórica más o menos
notable, si no en una expresión auténtica de las vértebras
de su quehacer poético.
La mayor parte de la obra está compuesta por
poemas breves, sintéticos, que buscan la precisión antes
que la descripción (a pesar de que pretenden explicar procesos,
conceptos o también escenas). En ese sentido, construye algunos
poemas con versos de sólo una palabra. Se perciben entonces ciertos
ecos de Valente. Por otro lado, el volumen recoge un tramo formado por
poemas en prosa o con versículos, que contrasta con fuerza con
lo expuesto anteriormente.
El poeta suele comparar la escritura con acciones muy
físicas, que requieren un esfuerzo, siguiendo categorizaciones
ya clásicas, pero aparecen en esta ocasión destiladas, desnudas,
sin tratar de erigirse como una metáfora novedosa, sino apelando
a su concepto esencial. Junto a ellas, la obra posee poemas de angustia,
desasosegante, en los cuales plasma sensaciones y entornos a jirones («somos
/ una desolación tendida»), del mismo modo que quedan deshilachados
los individuos («entre siluetas mudas»). Presenta en ese momento
a la ciudad como cenit de todo ello («una ciudad como tantas, igual
de insalubre, / igual de enloquecida, hipócrita, vieja, / infectada
por el cáncer, / manuscrita, levantada a golpe de talonario, /
a golpe de voluntades compradas, de corrupciones / diminutas, igual de
posmoderna, / de improvisada, igual de carcelaria»).
El desvío del otro ofrece también una
reafirmación de la circunstancia orteguiana. En ese sentido, concluye
el poema titulado «Biografía» de esta expresiva forma:
«Sólo me queda entonces lo demás, lo otro, lo que se
esparce fuera de mí y tiene nombre y eres tú y son ellos
y somos nosotros, todos nosotros». Es el vehículo que evita
que el poeta caiga en el ensimismamiento, que mire alrededor. De esta
manera, transmitiendo incertidumbre e incomodidad, reflexiona sobre la
resignación: «porque escribir no es un ejercicio de morfina,
sino de desborde». Ernesto García López, desde luego,
recoge bien ese principio y comparte su búsqueda de superación
de límites con los lectores. El desvío del otro resulta,
por tanto, un ejercicio no anestesiante, sino una lectura estimulantes
y recomendable.
