EntrevistaManuel García Viñó teoriza sobre la novela española
No es políticamente correcto y son muchos los que le
temen y por eso lo aíslan, vapulean o lo ignoran. Otras veces le llaman
resentido porque sus obras: doce libros de poemas y veinticinco novelas,
no han adquirido el gran éxito aunque se las haya reconocido. Denuncia
los trapicheos de las editoriales, los lanzamientos de mediocres con un
marketing patético, los premios a la española a base de jurados fieles
a las propias editoriales. Su último libro «El País: la cultura como
negocio» (Txalaparta) le costó encontrar un editor valiente, al fin
lo consiguió y estuvo firmando ejemplares en la última Feria del Libro
de Madrid. La coherencia en su crítica y en el Centro de Documentación
de la Novela Española nadie la discute. Sus respuestas al cuestionario
de arteshoy.com son valientes.
Su libro «La novela en la España del siglo
XX» es un libro clave para conocer el estado de la cuestión ¿Ha mejorado
la situación?
– No. La situación va cuesta abajo. Va a peor, siempre
a peor. El libro mio que usted menciona es, sí, en su segunda parte, una
presentación del estado de la cuestión, pero mucho más lo son Historia
de una impostura (Libertarias/Prodhufi), La gran estafa: Alfaguara,
Planeta y la novela basura (Vosa) y El País: la cultura como
negocio (Txalaparta). También han establecido con gran claridad y
rigor el estado de la novela sobre todo; pero también de otros géneros-,
en estos tiempos, en España, La Fiera Literaria y los Cuadernos
de Crítica, publicaciones del Centro de Documentación de la Novela
Española. Pero, salvo para ayudar en su autoconvencimiento a personas
que, por sí solas, habían alcanzado la verdad de lo que está pasando y
se sienten felices de coincidir con alguien que, como yo, lleva dedicado
al tema desde los años 60, no creo que sirva para nada. O sólo, como dice
Juan Ignacio Ferreras, para que dentro de un siglo sepan que no todos
los españoles de este tiempo éramos tontos.
– Prefiero remitirme a mis libros mencionados. Dar ahora
aquí sólo unos cuantos de ellos me dejaría incómodo.
¿Cómo ve la crítica literaria en la Universidad
y en los periódicos?
– Crítica propiamente universitaria no existe. Los profesores
universitarios que hacen crítica, la hacen en los suplementos culturales
de los diarios. No hay revistas especializadas. En cuanto a esos profesores
que hacen críticas en los diarios, no se diferencian nada de los críticos-periodistas.
Unos y otros practican el amiguismo y la crítica dirigida, no se dedican
a ilustrar a los lectores, sino a «servir» a los autores y,
sobre todo, a los editores.
La mezcolanza editorial de libros y periódicos
¿está enrareciendo la crítica fiable?
– Por supuesto. De hecho, no hay crítica fiable.
¿La poesía española está mejor que la novela?
– Por su condición minoritaria, parecería que la poesía
corre menos peligros, pero, en al aspecto de ser conocida y difundida,
pienso que los problemas son los mismos. Pocas veces he apostado en mi
vida
, o quizá me he pasado la vida apostando, no sé, pero, en el Centro
de Documentación de la Novela Española, hay un rincón para la poesía.
Pues bueno, hace unos meses y por pura casualidad, irrumpió allí como
un amanecer la obra de una joven profesora de Literatura, Elena Tejada,
que me pareció, y no sólo a mí, que tiene una voz personal, además de
un decir precioso, riquísimo y una profundidad de la que hoy tantos carecen.
¿Qué podemos hacer quienes la valoramos, si ni ella ni yo pertenecemos
a ninguna capilla? Como en el caso de algunos jóvenes novelistas que se
me han acercado, sé que ella no va a dejar de escribir, pero es injusto
que se vea obligada a hacerlo para un círculo restringido. En fin, en
un mundo literario tan plano, quede claro que, sea cual sea la autoridad
que se me reconozca, apuesto por Elena Tejada.
– Yo es que no sé que haya teatro hoy en España
¿Dónde estaría el remedio a tanta desorientación?
– Si yo conociera el remedio, no estaría hablando con
usted, sino por ahí, vestido de bombero, aplicándolo. Lo único que podemos
hacer quienes no estamos conformes con la situación es practicar lo que
el profesor Vidal Beneyto ha llamado «resistencia cultural»,
resistencia que él, por cierto, no practica, pues se encuentra metido
en el sistema hasta las taleguillas. A mí me aterra pensar que esto vaya
a seguir así y hasta degradándose más y más, indefinidamente. Pero el
arreglo no puede venir desde dentro de la cultura. La resistencia, sí;
pero no el remedio. El remedio tiene que salir de una revolución del espíritu,
provocada por toda la sociedad. Y eso puede venir del hastío.
Usted ha arremetido fuerte contra la narrativa
de Javier Marías ¿Qué piensa de su ingreso en la Real Academia Española
de la Lengua?
-Yo podría escribir un libro para contestarle, pero voy
a dictar simplemente una sentencia: «Javier Marías es la persona
que peor escribe y ha escrito nuestra lengua en todos los tiempos y lugares».
Además, con su mala lengua, no escribe más que obviedades, vulgaridades,
vaciedades y estupideces. Que esté en la Academia, como que estén Juan
Luis Cebrián, Pérez Reverte, Fernán Gómez y Muñoz Molina, entre otros,
es una prueba de la inversión de valores que hoy reina en nuestra sociedad.
Como la que representan los bomberos de «Fahrenheit 451», que,
en vez de apagar, prendían fuego. Lo increíble para mí es que el desbarajuste
de la RAE comenzara con don Fernando Lázaro Carreter. Porque que haga
tonterías Víctor García de la Concha, acreditado tonto peninsular, no
es para sorprenderse.
Hacen falta filólogos pero entran escritores
¿A qué cree que se debe?
– A que la Academia está al servicio de un grupo mediático
y, acogiendo en su seno a escritores de la cuadra de ese grupo, les da
lustre. Es tristísimo, pero hoy el destino de la literatura se dilucida
en la cancha de la publicidad, directa o subliminal.
En «Breve historia de la misoginia»
de Anna Caballé se denuncia la marginación que José Carlos Mainer ha hecho
de la narrativa escrita por mujeres. ¿Cree que falta
relevancia a la palabra escrita por las españolas del XX?
– Aunque no tenga que ver con la pregunta, le diré que
Anna Caballé me parece una escritora admirable. Sus libros se cuentan
por aciertos de originalidad y de hondura. Como los de Victoria Sendón,
que es una fuera de serie. Y muchas más
Rosa María Rodríguez Magda, Ángela
Vallbey
Un momento: me parece que voy añadir algo a un juicio anterior
(este momento es importante, porque soy el primero que lo dice): puede
que la solución al problema de que venimos hablando esté en que el hombre
sea empujado al lugar que le corresponde, y que es varios pasos por detrás
de la mujer, y que sea ésta la que reordene
la
sociedad con arreglo a su tabla de valores y a sus cualidades. Porque
uno de los grandes errores que se han cometido al conceder (una porción)
de los derechos a la mujer, ha sido, por parte de las que he llamado más
de una vez, «tontitas del sistema» Almudena Grandes, Maruja
Torres, Elvira Lindo, Rosa Regás, etc.- querer equipararse al hombre,
no ya en derechos, que eso, habría que ser académico para discutirlo,
sino en bastedad, mal gusto, realismo, ausencia de ternura, idealismo,
delicadeza, generosidad, etc. Si se organizase la sociedad según una concepción
del mundo y una estética femenina, el caos social se convertiría en ordenado
cosmos. En cuanto a José Carlos Mainer, que tiene preparación para hacer
las cosas bien, se ha vendido de lleno al sistema. Entre los años cincuenta,
sesenta y setenta, han escrito mujeres como María Beneyto, Paulina Crusat,
Rosa Chacel, María Teresa León, Carmen de Icaza, Concha Castroviejo, Susana
March, Elena Quiroga, Carmen de Burgos, Carmen Laforet, Carmen Martín
Gaite, Ana María Matute, Marta Portal, Lidia Falcón, Teresa Barbero, y
muchas más. Más cerca, Ana María Navales, Adelaida García Morales
Muchas.
En no nombrar a la «tontitas del sistema», ha hecho bien Mainer,
aunque sus razones puede que hayan sido diferentes a las mías. Según los
criterios de Anna Caballé, ellas son misóginas: rivalizan en ser procaces,
en arrebatar al hombre la antorcha el mal gusto, en decir palabrotas que
no se atrevería a decir un astronauta y, lo peor, en resaltar los «los
valores» viriles y el carácter de adorno de la mujer.
¿Cree que no hay mujeres dignas de entrar en
la RAE?
-Claro que sí las hay. Pero no son las que estarían «en
la mente de todos» a la hora de meter alguna.
¿Hay mejores perspectivas en la literatura latinoamericana?
-Lo ignoro, en cuanto a valores literarios. Pero la industria
cultural de los países americanos está en las mismas manos que las de
aquí.
Usted llama «premios a la española»
a los que conceden las editoriales. ¿Son mejores los premios concedidos
por las instituciones oficiales?
– No lo creo, pero, por lo menos, salvan las apariencias.
Los premios comerciales, que se organizan para obtener publicidad gratuita,
están viciados de raíz. En el campo cultural, constituyen la más alta
representación de la España zaragatera y triste.
¿Qué juicio le merecen los últimos premios Cervantes?
– Ni siquiera sé lo que ha pasado en ellos.
Su último libro «El País, la censura como
negocio» ha sido novedad en la pasada Feria del Libro ¿Ha tenido
respuesta en los medios informativos?
