Entrevista: Josh Rouse, de Nashville al MediterráneoPor Xavier Valiño
Subtítulo
es el disco que motiva esta conversación. Pero Subtítulo
tiene para nosotros un significado mayor: es el disco español
de Josh Rouse. No porque esté cantando en castellano, sino porque
Josh lo compuso durante la temporada que residió en los últimos
meses en Altea, lugar al que llegó por cuestiones sentimentales.
Así lo indica el título del álbum, los títulos
de dos de sus canciones («La Costa Blanca», «El otro
lado») y, sobre todo, la letra del single que todo el mundo debería
estar escuchando, «Quiet Town». Sí, la luz y el sol
del Mediterráneo han impregnado sus estrías y, por raro
que parezca, un álbum optimista y radiante, movido por el amor,
se convierte en algo necesario, frente al tópico de que son los
discos compuestos en épocas de sufrimiento para sus autores las
verdaderas obras maestras.
Pero lo que cuenta, al margen de datos coyunturales, son sus canciones.
«Quiet Town» lo abre con esa declaración tajante sobre
lo a gusto que se siente en Altea («I lived in cities where there
is no solitude / and made some friends i hope i never loose / but for
now i want to stay in this quiet town» -«He vivido en ciudades
en las que no hay descanso / y he hecho algunos amigos que espero no
perder nunca / pero por ahora quiero vivir en esta tranquila ciudad»-)
y una melodía simple y efectiva, que eriza los pelos cuando se
pone a silbar y entra el falsete. «Summertime» es la primera
parada en la bossa nova brasileña, un sonido que ha influido
bastante en la atmósfera de este disco, según él
mismo reconoce. «It Looks Like Love» es uno de esos singles
-o debería serlo, si no lo ha sido aún- en la línea
de aquel recordado «Love Vibration». A continuación
aparece el instrumental «La Costa Blanca», con una guitarra
algo más dura, pero que recuerda a cosas de los 70 como Al Stewart,
mientras que en «Jersey Clowns», en plan acústico -nueva
vuelta sobre los sonidos brasileños-, parece que su voz esté
a punto de quebrarse.
La hipotética cara B se abre con «His Majest
y
Rides», una de las canciones más pop y soul del disco. «Givin’
It Up» sería otro de esos perfectos singles pop que Rouse
compone -parece- con pasmosa facilidad. Puede que el momento más
prescindible llegue con «Wonderful» -otra bossa-, una balada
con sección de cuerda, que al final coge carrerilla, y que cuenta
con un falso final con sonidos de ambiente en un tono mucho más
bajo. En «The Man Who» le acompaña su chica, Paz Suay,
quien no lo hace nada mal, en un hermoso dúo que va creciendo
a medida que avanza, convirtiéndose en la espina dorsal de un
álbum que se cierra con «El otro lado», a base de guitarras
acústicas en un medio tiempo que también consigue emocionar.
– Bueno, ya ha acabado, pero ha ido realmente bien. Me sorprendo con
la cantidad de gente que está yendo a nuestros conciertos en
los últimos tiempos.
¿Qué es lo que más te llama la atención
ahora cuando visitas tu país?
– El nivel de consumismo que hay en los Estados Unidos. Y lo acogedor
que es. ¡Incluso en Nueva York!
¿Cómo te sientes viviendo entre dos países
y dos culturas?
– Es algo interesante. Cuando me canso de España, me largo
a los Estados Unidos durante un mes. ¡Eso es, por lo general,
tiempo más que suficiente para gastar todo mi dinero! En ese
momento regreso aquí y disfruto de la luz del sol y de la comida.
Desde fuera siempre se ve más fácilmente. ¿Qué
es lo que más y menos te gusta de la vida en España?
–
Me gusta mucho el ritmo de vida más tranquilo que en los EEUU.
Tengo más tiempo para disfrutar de la vida. Al mismo tiempo,
se puede volver un tanto aburrido. Me gusta también el hecho
de que se trata de un país pequeño. Los Estados Unidos
son tan grandes que parecen 3 países. Aquí no parece haber
diferencias extremas entre las clases sociales. En los Estados Unidos
tenemos gente realmente rica y un buen montón de gente pobre.
Hay un problema muy grande de gente sin techo y al gobierno no le preocupa
lo más mínimo.
Tus discos siempre han sido bastante personales, como 1972
o Nashville. También lo es Subtítulo, con un título
español y una primera canción de letra tan clara como
«Quiet Town». ¿No te importa sincerarte?
– Aunque puede que parezca que mis discos son bastante personales,
la mayor parte de lo que contienen no lo es. Se trata de pasárselo
bien con los textos.
¿Te inspira lo que te rodea? ¿Y cómo ha
afectado el lugar en el que vives al nuevo disco?
– Sí. Mi fuente principal a la hora de inspirarme es la gente,
los lugares, las situaciones… Viví en Altea durante un tiempo,
donde compuse el disco y era, también, el lugar en el que iba
a la playa todos los días. Así que creo que este disco
y sus canciones tienen un aire de playa, que están impregnadas
por la luz del sol.
¿Puede que por ello haya más influencia de música
brasileña en este disco? ¿La has seguido desde hace tiempo?
– Bueno, soy un gran seguidor de la música brasileña
y mientras escribí este disco escuché mucha música
brasileña, claro.
¿Algún descubrimiento reciente?
– ¡Diría que el funk y el jazz que se hizo en Etiopía
entre 1965 y 1970!
Da la impresión de que realmente has pensado el orden
de las canciones en el disco. ¿Ha sido así?
– Siempre me tiro un buen montón de tiempo para hacerlo. Creo
que es muy importante que un disco se mueva en una cierta dirección.
Parece que Subtítulo completa una trilogía en
cuanto al sonido, al haber trabajado con Brad Jones. ¿Es quien
mejor te entiende o quien saca lo mejor de ti? ¿Habrá
cambios próximamente o tienes ya un sonido propio con el que
estás cómodo?
– Brad Jones y yo trabajamos muy bien juntos. Es un gran arreglista
y un doctor que trata a las canciones. Respecto a qué haré
en un futuro próximo, puedo decir que estoy cocinando algo distinto
ahora.
Parece tus canciones se han ido transformando en algo más
reposado frente al sonido más americana de tus inicios y el punk
que te gustaba como adolescente. ¿Es una evolución natural?
– Simplemente se trata de que me he convertido en un mejor arreglista
y que he mejorado como compositor, y, también, que he contado
con más dinero a la hora de contratar una sección de cuerda
y músicos que pudieran poner en cinta las ideas que tenía
en mi cabeza.
Tus discos siempre han sido bien recibidos por la crítica.
¿Te da aliento,
sientes
la presión o no te preocupa?
– Ya no me preocupo en absoluto si a la crítica le gustan o
no mis discos. Me preocupaba cuando empecé a hacer música,
pero luego te das cuenta de que los críticos no compran discos
y que, generalmente, no tienen demasiados amigos.
¿Qué nos puedes contar de Bedroom Classics? ¿Cómo
se pueden conseguir los EPs?
– Bedroom Classics es el nombre de mi sello discográfico, así
como de un par de EPs que he grabado y editado. Ninguno de los dos se
puede conseguir ya porque están completamente agotados.
¿Cómo fue que grabaste con Kurt Wagner en el EP
Chester? Discos como Nixon se asemejan bastante a tu música.
– Bueno, se dio la casualidad de que era mi vecino y de que escribimos
algunas canciones juntos.
Siempre se comenta tu influencia de los 70, pero a ti te gustaban
grupos como The Cure o The Smiths (de hecho, «Winter In The Hamptons»
tiene un riff como «The Queen Is Dead»). Creo que escribes
canciones pop perfectas y que la gente debería olvidarse de las
influencias y disfrutarlas.
– Pues pienso exactamente lo mismo que tú.
¿Y la relación con gente como Bart Davenport,
Richard Hawley o Ron Sexmith? ¿Qué te parecen?
También parecen gustarte las bandas sonoras. ¿Te
gustaría componer una? ¿Qué película iría
bien con Subtítulo?
– Si se me presentase la oportunidad, me encantaría hacerlo.
Por lo que respecta a Subtítulo, la película
que pudiera ir con el disco no se ha hecho todavía.
Nº 13 – Agosto / Septiembre de 2006
26/11/2006
