El jardín revelado: Por qué José Quintanilla ha decidido dejar de «registrar» la realidad para empezar a pintarlaPor Alejandro Sedano
La intervención ‘El jardín revelado’ en CentroCentro desafía la velocidad de la cultura visual contemporánea mediante un diálogo ‘site-specific’ que difumina las fronteras entre el lienzo y el píxel.
En un ecosistema cultural saturado por la inmediatez, donde la imagen técnica se ha visto reducida a menudo a un objeto de consumo compulsivo, fugaz y algorítmico, el artista José Quintanilla (Yecla, 1963) propone una resistencia activa: un alto en el camino. Su última intervención, titulada El jardín revelado e inaugurada en el cotizado espacio EPICENTRO de CentroCentro (Palacio de Cibeles, Madrid), trasciende los límites de una exhibición fotográfica convencional. Se trata, en palabras del propio creador murciano, de una auténtica «epifanía» visual que cuestiona cómo nos relacionamos con el paisaje y la memoria a través de la luz.
De la «cámara mecánica» a la «impronta manual»: Un camino de retorno
Para comprender la densidad conceptual de El jardín revelado, es necesario analizar la evolución metodológica de Quintanilla. El artista reflexiona abiertamente sobre el trauma y el cisma histórico que la irrupción de la fotografía supuso a mediados del siglo XIX, un nacimiento técnico que desplazó de forma fulminante a los pintores de su rol tradicional como fedatarios de la representación fiel de la realidad.
Hoy, en pleno siglo XXI y rodeados de una marea de imágenes artificiales, Quintanilla realiza un viaje de retorno inverso. El fotógrafo procesa la luz digital utilizando estrictos criterios pictóricos, buscando de manera deliberada recuperar aquella «impronta manual» y física que marcó sus inicios artísticos como dibujante, mucho antes de que las pantallas y los ordenadores dominaran los procesos de la creación contemporánea.
“Es una manera de acercarme al mundo pictórico desde la fotografía… echar de menos ese acercamiento al trabajo manual”, confiesa José Quintanilla durante su conversación con nuestra cabecera.
Esta resistencia a la automatización transforma el píxel en una suerte de pincelada digital, un rastro donde el tiempo del autor queda impregnado en el soporte físico de la obra.
El «no-impresionismo» de Giverny: El sabotaje de la postal turística
Uno de los puntos más fascinantes del proceso creativo de esta muestra reside en la intrahistoria de su investigación en Francia. José Quintanilla llegó al mítico jardín de Claude Monet en Giverny de manera totalmente «colateral», mientras se encontraba inmerso en un proyecto de investigación teórica sobre la figura del filósofo Jean-Jacques Rousseau.
Al encontrarse rodeado por el paisaje que dio origen al impresionismo, el primer impulso del fotógrafo fue de rechazo absoluto hacia la iconografía comercial. Lejos de querer caer en el cliché de las «postcards» —un formato predecible que el propio artista confiesa que le horrorizaba por estar ya masificado y trillado por la cultura de masas—, Quintanilla decidió tomar las imágenes y guardarlas en un cajón. Permanecieron allí, congeladas en el subconsciente, durante más de dos años.
Fue necesario un largo proceso de maduración y una profunda reflexión teórica sobre la mirada del maestro francés para reactivar el material. Quintanilla entendió una disociación clave para la historia del arte: el jardín real de Giverny no era, en absoluto, impresionista; el impresionismo fue, única y exclusivamente, la interpretación subjetiva y visceral del pintor.
De esa revelación nace este proyecto de deconstrucción fotográfica. El jardín revelado se articula así como una búsqueda abstracta donde el color ya no depende de la naturaleza objetiva del elemento retratado, sino de una vibración cromática especial y autónoma que atrapa la atención psicofísica del espectador.
Un muro para la contemplación: La experiencia a escala en CentroCentro
Consolidado como el tercer creador invitado al prestigioso programa comisarial EPICENTRO —tomando el testigo de las aplaudidas intervenciones previas de Illán Argüello y María Oriza—, Quintanilla ha proyectado una majestuosa obra site-specific que dialoga de tú a tú con la imponente escala arquitectónica y la luz cenital del Palacio de Cibeles.
La pieza está minuciosamente diseñada por el fotógrafo para ser descubierta y habitada por el público en dos tiempos visuales claramente diferenciados:
- El primer contacto (La distancia): Una aproximación conceptual desde una lejanía de unos 30 metros, donde la obra funciona como una gran masa pictórica abstracta, integrándose en los muros del centro cultural madrileño.
- El acercamiento progresivo (El desvelo): Un tránsito físico donde el espectador, a medida que acorta la distancia con el soporte, desvela los microdetalles ocultos de la vegetación, la granulosidad de la toma y una compleja técnica de colores complementarios directamente inspirada en las teorías ópticas del siglo XIX.
En ArtesHoy te invitamos a pulsar el botón de reproducción del vídeo adjunto y sumergirte de lleno en esta pausada y lúcida conversación con José Quintanilla. Una pieza audiovisual imprescindible sobre el silencio, la vigencia de la técnica fotográfica y la necesidad contemporánea de volver, contra viento y marea, a dibujar con la luz.
Ficha técnica de la exposición:
Enfoque crítico: Fotografía pictórica, abstracción del paisaje y diálogo site-specific.
Exposición: El jardín revelado (Programa EPICENTRO).
Artista: José Quintanilla.
Espacio: CentroCentro, Palacio de Cibeles, Madrid.
