«EL ARTE DEL DIBUJO – EL DIBUJO EN EL ARTE»
Exposición: «El arte en el dibujo-El dibujo en el arte».
Comisario: José Luis Merino.
Lugar: Aula de Cultura de la BBK, calle Elcano 20, Bilbao.
Fecha: Del 22 de agosto al 8 de octubre de 2005.
Horario: De lunes a sábado: 10,00-13,30 y 17,00-21,00.
Domingos y festivos: 10,00-13,30.
Precio entrada: Gratis.
¿Qué pueden tener en común un dibujo de Dalí con uno de Arteta?. ¿Uno
de Chillida con otro de Picasso?. Posiblemente nada. Sin embargo, verlos juntos tal vez nos ayude
a comprender muy bien los diferentes estilos que en ese campo han existido y existen. Todos los
días no se tiene la oportunidad de tener reunidas nada menos que noventa y siete obras pertenecientes
a otros tantos artistas con un impresionante reparto de etiquetas. Ahí es nada, reunir a
Antoni Tapies, Antonio López, Antonio Saura, Benjamín Palencia, Daniel Vázquez
Díaz, Matisse, Dubuffet, Miró, Gris, Barceló, Palazuelo, Picasso, Richard Serra,
Chagall, Léger, Vázquez Díaz, Klee y Dalí por sólo citar unos
pocos.
Junto a ellos está lo que muy bien pudiéramos denominar «plana mayor vasca» que encabeza
Eduardo Chillida y la completan Alberto Arrúe, Arteta, Amarica, Iturrino, Maeztu, Ucelay,
Guiard, Zumeta, Beobide, Losada y Balerdi. Es, por tanto, una ocasión de oro para comparar
etapas, técnicas…
Aunque el comisario asegure que no ha existido intencionalidad de comparación, ésta
resulta inevitable. Se ha tomado la figura de Picasso como eje de la exposición y a partir
de él los demás giran a su alrededor en el tiempo. El malagueño está representado
con su «Double portrait» realizado en 1969 con aquella velocidad casi ciega que imprimió a
sus dibujos y «collages» en la última etapa. De una forma trágica y lúdica
a la vez, don Pablo dejó plasmada en su obra el amor a la vida que siempre tuvo.
Aquí encuentra el espectador una total representación de los ismos que han existido.
Hay de todo. Desde el «collage» de Amable Arias con utilización de papel de fumar a un boceto
grande de Gris. De la representación del cubismo, expresionismo y surrealismo de Klee, Matisse
y Miró al retrato de Arteta que aporta Vázquez Díaz.
La «Composición» de Hartung nos hace evocar la importancia que tuvo el alemán en el
tachismo europeo, mientras que en el polo opuesto encontramos el «Estudio para la fundición» de
Aurelio Arteta que viene a ser un canto a los temas fabriles y suburbiales a través de modelos
reales que exhiben la fuerza musculosa de sus brazos.
En el «Espantapájaros metafísico» de Benjamín Palencia, se aprecia la atracción
que siempre sintió por el paisaje y el vigor expresivo que dio a sus obras. De Lucien Coutaud
se presenta «Les coutières», un guache de 1934 que le aproxima al surrealismo daliniano.
Del artista de Figueras precisamente se puede ver «Apparition d’une infante de Velásquez
au sommet d’un temple hindou» firmado en 1940-41 y que constituye una mezcla de menina y la esquina
fotografiada de un templo hindú.
La muestra se completa con piezas fundamentales del arte moderno y contemporáneo reivindicando
el dibujo en sus dos aceptaciones más esenciales: como pieza valorativa en sí misma y como
un proceso que le sirve al creador para poder llegar a culminar obras de más altos vuelos. No
en vano Antonio López asegura en el magnífico catálogo que acompaña a la
muestra que «el dibujo es el lenguaje más directo, el más sofisticado y con más
capacidad de transformación del mundo objetivo» . Tal vez por eso sea arte en su estado más
puro.
Junto a ellos está lo que muy bien pudiéramos denominar «plana mayor vasca» que encabeza
Eduardo Chillida y la completan Alberto Arrúe, Arteta, Amarica, Iturrino, Maeztu, Ucelay,
Guiard, Zumeta, Beobide, Losada y Balerdi. Es, por tanto, una ocasión de oro para comparar
etapas, técnicas…
Aunque el comisario asegure que no ha existido intencionalidad de comparación, ésta
resulta inevitable. Se ha tomado la figura de Picasso como eje de la exposición y a partir
de él los demás giran a su alrededor en el tiempo. El malagueño está representado
con su «Double portrait» realizado en 1969 con aquella velocidad casi ciega que imprimió a
sus dibujos y «collages» en la última etapa. De una forma trágica y lúdica
a la vez, don Pablo dejó plasmada en su obra el amor a la vida que siempre tuvo.
Aquí encuentra el espectador una total representación de los ismos que han existido.
Hay de todo. Desde el «collage» de Amable Arias con utilización de papel de fumar a un boceto
grande de Gris. De la representación del cubismo, expresionismo y surrealismo de Klee, Matisse
y Miró al retrato de Arteta que aporta Vázquez Díaz.
La «Composición» de Hartung nos hace evocar la importancia que tuvo el alemán en el
tachismo europeo, mientras que en el polo opuesto encontramos el «Estudio para la fundición» de
Aurelio Arteta que viene a ser un canto a los temas fabriles y suburbiales a través de modelos
reales que exhiben la fuerza musculosa de sus brazos.
En el «Espantapájaros metafísico» de Benjamín Palencia, se aprecia la atracción
que siempre sintió por el paisaje y el vigor expresivo que dio a sus obras. De Lucien Coutaud
se presenta «Les coutières», un guache de 1934 que le aproxima al surrealismo daliniano.
Del artista de Figueras precisamente se puede ver «Apparition d’une infante de Velásquez
au sommet d’un temple hindou» firmado en 1940-41 y que constituye una mezcla de menina y la esquina
fotografiada de un templo hindú.
La muestra se completa con piezas fundamentales del arte moderno y contemporáneo reivindicando
el dibujo en sus dos aceptaciones más esenciales: como pieza valorativa en sí misma y como
un proceso que le sirve al creador para poder llegar a culminar obras de más altos vuelos. No
en vano Antonio López asegura en el magnífico catálogo que acompaña a la
muestra que «el dibujo es el lenguaje más directo, el más sofisticado y con más
capacidad de transformación del mundo objetivo» . Tal vez por eso sea arte en su estado más
puro.
Aunque el comisario asegure que no ha existido intencionalidad de comparación, ésta
resulta inevitable. Se ha tomado la figura de Picasso como eje de la exposición y a partir
de él los demás giran a su alrededor en el tiempo. El malagueño está representado
con su «Double portrait» realizado en 1969 con aquella velocidad casi ciega que imprimió a
sus dibujos y «collages» en la última etapa. De una forma trágica y lúdica
a la vez, don Pablo dejó plasmada en su obra el amor a la vida que siempre tuvo.
Aquí encuentra el espectador una total representación de los ismos que han existido.
Hay de todo. Desde el «collage» de Amable Arias con utilización de papel de fumar a un boceto
grande de Gris. De la representación del cubismo, expresionismo y surrealismo de Klee, Matisse
y Miró al retrato de Arteta que aporta Vázquez Díaz.
La «Composición» de Hartung nos hace evocar la importancia que tuvo el alemán en el
tachismo europeo, mientras que en el polo opuesto encontramos el «Estudio para la fundición» de
Aurelio Arteta que viene a ser un canto a los temas fabriles y suburbiales a través de modelos
reales que exhiben la fuerza musculosa de sus brazos.
En el «Espantapájaros metafísico» de Benjamín Palencia, se aprecia la atracción
que siempre sintió por el paisaje y el vigor expresivo que dio a sus obras. De Lucien Coutaud
se presenta «Les coutières», un guache de 1934 que le aproxima al surrealismo daliniano.
Del artista de Figueras precisamente se puede ver «Apparition d’une infante de Velásquez
au sommet d’un temple hindou» firmado en 1940-41 y que constituye una mezcla de menina y la esquina
fotografiada de un templo hindú.
La muestra se completa con piezas fundamentales del arte moderno y contemporáneo reivindicando
el dibujo en sus dos aceptaciones más esenciales: como pieza valorativa en sí misma y como
un proceso que le sirve al creador para poder llegar a culminar obras de más altos vuelos. No
en vano Antonio López asegura en el magnífico catálogo que acompaña a la
muestra que «el dibujo es el lenguaje más directo, el más sofisticado y con más
capacidad de transformación del mundo objetivo» . Tal vez por eso sea arte en su estado más
puro.
Nº 3 – Agosto / Septiembre de 2005
