Del melodrama a Cannes, la actriz que elevó el cine mexicano
Acompáñenme en esta triste historia. En realidad no es para tanto, pero quizá mucho usuario de redes sociales recuerde la muletilla que se popularizó hace algunos años para introducir, casi siempre con un tono mordaz, hilos o memes. Fuera de México, pocos conocerán su origen, tras el que está Silvia Pinal (1931-2024), estrella de la interpretación que contribuyó a elevar el cine de su país en el panorama internacional más allá de su recordada Edad de Oro.
Con motivo de la celebración en Madrid, hasta el domingo 5 de julio, de la Semana del Cine Mexicano, que este año alcanza su tercera edición, el director, productor e investigador Roberto Fiesco comisaria una retrospectiva dedicada a esta Liz Taylor mexicana que, como su contemporánea estadounidense (sólo se llevaban seis meses), fue una estrella del celuloide, enamoró a medio mundo con su belleza, protagonizó portadas y se casó varias veces (sólo cuatro frente a las ocho de Taylor, pero ambas lo hicieron con actores, productores, cantantes y políticos). Pinal incursionó en política, ya en su madurez, y en su etapa final condujo el programa televisivo Mujer, casos de la vida real (Televisa), donde popularizó su célebre frase para presentar las tristes historias que se abordaban en el programa.
Mexicana a más no poder —nació durante el mes patrio, septiembre, y su apellido materno era Hidalgo—, Silvia Pinal despuntó pronto ante las cámaras en un momento de gran apogeo para el cine de su país, cuando sus estudios desafiaban a Hollywood con un torrente de producciones de calidad dispar, pero que hacían las delicias del público y trascendían fronteras, llegando a todos los rincones del mundo hispanohablante. De esos años es El rey del barrio (Gilberto Martínez Solares, 1949), uno de sus primeros papeles protagónicos. La película se proyectará el viernes, 3 de julio, en el Cine Doré —sede de la Filmoteca Española, dentro de la programación de esta Semana que reúne más de 40 películas entre estrenos de ficción, estrenos documentales y sesiones especiales, a lo que se suman clases magistrales, actividades familiares y coloquios.
SALTO A LA FAMA
A la Edad de Oro del cine mexicano pertenecen otros dos filmes incluidos en la retrospectiva: Un extraño en la escalera (Tulio Demicheli, 1955) y El inocente (Rogelio A. González, 1956). La primera, que se proyectó el pasado sábado en el Círculo de Bellas Artes, supuso el salto a la fama de una jovencísima Pinal. Para vencer los recelos de su partenaire masculino, Arturo de Córdova, que prefería a la italiana Gina Lollobrigida o a la cubana Rosa Carmina, Pinal hubo de ceder a la tiranía de la industria y cambiar de look para potenciar su aspecto físico y su sensualidad. Pese a su escepticismo, Córdova acabaría enamorándose de ella y ambos mantendrían un romance de película. Entre las muchas cintas que la actriz estrenó al año siguiente destaca El inocente (sábado 4, Círculo de Bellas Artes), una comedia de enredo sobre el amor y las clases sociales donde compartió cartel con la estrella del cine y la canción Pedro Infante.
A partir de 1956, la saturación del público, la irrupción de la televisión y los avances técnicos que Hollywood comenzó a aplicar en sus producciones iniciaron el ocaso de aquella época dorada, a pesar de lo cual, algunos de sus géneros predilectos, como el denominado cine de charros —que seguía la estela de la exitosa Allá en el rancho grande (Fernando de Fuentes, 1936)—, continuaron encontrando hueco en las carteleras. Así, en 1958 la actriz protagonizaría junto a Carlos López Moctezuma Una cita de amor, en la que su director, el controvertido Emilio El Indio Fernández, puso el dedo en la llaga sobre las abismales diferencias sociales que provocaron la Revolución Mexicana de 1910. Esta proyección cerrará la Semana del Cine Mexicano el domingo 5 en el Círculo de Bellas Artes.
La fama lograda por Silvia Pinal le permitió dar el salto internacional con trabajos en España e Italia. De esta época son comedias como Maribel y la extraña familia (José María Forqué, 1960), donde compartió plantel con Adolfo Marsillach; Adiós, Mimí Pompom (Luis Marquina, 1960), junto a Fernando Fernán Gómez, o El marqués, su sobrina y la doncella (Giorgio Bianchi, 1959), en la que tuvo por compañero a un icono del celuloide italiano como Vittorio De Sica.

Sin embargo, la mexicana huyó de la comodidad de melodramas y comedias románticas, apostando por producciones que elevarían el cine de su país y le devolverían el prestigio de años anteriores. Fue su empeño en trabajar con el exiliado Luis Buñuel, nacionalizado mexicano en los años 40, lo que, además de consagrarla como actriz, brindaría al de Calanda el acceso al productor Gustavo Alastriste (segundo esposo de Pinal). De la mano de Pinal y Alatriste, Buñuel volvería a rodar en España. Fue con Viridiana (domingo 5, Cine Doré), título en el que Pinal compartió cabeza de cartel con Fernando Rey y Francisco Rabal. El filme, de 1961, es a día de hoy, la única Palma de Oro del cine español (aunque en España fue prohibida). Pinal explicó años después que fue ella quien salvó esta coproducción de su destrucción (ordenada por el régimen de Franco tras las críticas del periódico vaticano L’Osservatore Romano), escondiendo los negativos en el forro de su abrigo para pasar los controles del Aeropuerto de Barajas.
Un año después, en 1962, Buñuel y Pinal rodarían en México la surrealista El ángel exterminador (miércoles 1, Cine Doré) y, en 1965, redondearían su colaboración con el mediometraje Simón del Desierto (domingo 5, Casa de México), en la que realizó su primer desnudo en el cine y, en su opinión, su mejor papel de los interpretados para el aragonés.
Concluida esta etapa, casi a la vez que terminaba su matrimonio con Alatriste, Silvia Pinal filmaría títulos como el drama La soldadera (José Bolaños, 1966), donde con el trasfondo de la Revolución Mexicana, se evidencia la violencia que relega a la mujer a mero botín de guerra (viernes 3, Casa de México). Con Alatriste tuvo una hija llamada precisamente Viridiana, con Buñuel como padrino de bautizo y que compartió escena con su madre en varias ocasiones, antes de fallecer en un accidente de tráfico a los 19 años. Viridiana Alatriste fue la única descendencia de este matrimonio y la segunda de los cuatro hijos (tres mujeres y un varón) que tuvo Pinal con sus respectivas parejas.
En los años 70 protagonizó la adaptación del esperpento valleinclanesco Divinas Palabras (Juan Ibáñez, 1977). La escena del escarnio a la adúltera enjaulada Mari Gaila incluyó un desnudo integral de la actriz cuya filmación le resultó tremendamente incómodo por tener que rodarlo ante más de un centenar de extras, según declaró.
INCURSIÓN EN POLÍTICA
El mismo año de la muerte de Viridiana Alatriste, 1982, la actriz se casó por cuarta vez con el político y gobernador del estado de Tlaxcala Tulio Hernández. De su tercer marido, el cantante Enrique Guzmán, con el que tuvo a la cantante Alejandra Guzmán y al músico Luis Enrique Guzmán, se divorció tras desvelar agresiones físicas, acusaciones que Guzmán acabó admitiendo. De la mano de Hernández, del que se divorciaría en 1995, Pinal entró en política en las filas del entonces omnipresente PRI. Bajo sus siglas ocupaba el cargo de diputada federal cuando protagonizó Modelo Antiguo (Raúl Araiza, 1992), el otro de los títulos que componen esta retrospectiva y que pudo verse el sábado pasado en la Casa de México.
A través de esta selección representativa de las distintas etapas en la filmografía de Pinal, sus responsables buscan ir más allá de su colaboración con Buñuel —la más conocida a este lado del charco— para mostrar la versatilidad de la actriz a lo largo de seis décadas, pues como subraya el propio Roberto Fiesco en declaraciones facilitadas a los medios, Pinal fue una intérprete “capaz de habitar personajes profundamente distintos sin perder nunca autenticidad, convirtiéndose en una de las figuras más complejas, modernas y representativas del cine mexicano”.
