De la webserie a los altares del cine
Hace una década, Javier Calvo y Javier Ambrossi probaban suerte en el formato de las webseries con Paquita Salas (2016) una sátira muy humana sobre el mundo del cine y las agencias de representación, la precariedad de las actrices cuando pasan de moda y el ocaso de los poderosos en una industria que no perdona el paso del tiempo. Un formato muy fresco y dinámico para un tema a priori no tan generalista. La serie lo reventó. De la plataforma Flooxer —el espacio de Atresmedia para aquellos contenidos más juveniles de dudoso encaje en la parrilla generalista— al gigante Netflix, que la compró y siguió desarrollando en sucesivas temporadas. Diez años después, sin haberse alejado del mainstream desde su particular estilo, los Javis acaban de asaltar los altares del cine, sentándose a la mesa de Almodóvar o Buñuel y consolidándose, a golpe de descaro, entre la aristocracia del cine internacional.
Su trabajo no deja indiferente a nadie, se los adora o se los aborrece, y tras conseguir el premio a mejor dirección en este Festival de Cannes por La bola negra, las luchas entre partidarios y detractores no se han hecho esperar, no sólo en el bar de las redes sociales, también en los foros más cinéfilos, donde ha escandalizado sentar un Calvo o un Ambrossi a la misma mesa que un Pawlikowski o un Mungiu.
Su película, una tríada de relatos marcados por el deseo queer, el dolor y la figura de Federico García Lorca, reúne un elenco en el que resalta Penélope Cruz, fetiche del cine de su padre cinematográfico, Pedro Almodóvar, un giro edípico que bien podría haber salido de una cinta del manchego. También es de destacar la participación en el guion de un deudor de Lorca y referente de nuestro teatro actual como Alberto Conejero, en cuya obra La piedra oscura (2015) se basa parcialmente esta película.
La bola negra ha logrado el plácet del jurado y una larguísima ovación en el Palais, de 20 minutos, aunque la experiencia obliga a ser cauto con estas cosas de los festivales, los jurados y sus dinámicas. De lo que no cabe duda, es de que el soplo de frescura que los Javis aportan al séptimo arte no es ya cosa de un público joven de plataformas de nicho, llega hasta las salas más prestigiosas y ha abierto una importante pugna por los derechos de exhibición internacional. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

UN ESTILO PROPIO QUE SABE CAUTIVAR AL MERCADO
Siempre desde un estilo propio, pero con una visión del mercado que a menudo se reprocha al cine nacional, Calvo y Ambrossi van de fenómeno en fenómeno, poniendo a bailar a los espectadores con el musical La llamada (2017) —disponible en Prime Video, SkyShowtime y RTVE Play—antes de que se abriera el debate sobre el resurgir de la espiritualidad en nuestra sociedad, y que elevaron a la categoría de drama, sin renunciar nunca a la originalidad, en otro éxito como fue La Mesías (Movistar Plus+, 2023), aquella secta familiar convertida en matriarcado discográfico, o apostando de nuevo por el humor, como en la serie Paca la piraña, ¿dígame? (Atresplayer, 2020), donde demostraron su capacidad para hacer reír sin dejar de reflejar la dignidad de los considerados freaks, como el caso de la vedette Francisca Aracil, o de un modo más destacado, el de Cristina Ortiz, la Veneno, a través de la cual pusieron en foco en el hostigamiento y la crueldad a las personas trans en el pasado en Veneno (Atresplayer, 2020).
Temas fuera de lo mainstream, como la identidad u orientación de género, abordados desde un enfoque puramente comercial. Una estética muy particular y un gusto exquisito por los papeles femeninos (aunque en el caso de Paquita Salas su icónico personaje estuviera interpretado por Brais Efe), han situado siempre a Los Javis como los herederos de Almodóvar, al que rindieron homenaje en la serie documental Pedro x Javis (Movistar Plus+, 2025), donde la admiración que siempre lo han mostrado se convirtió en una suerte de ofrenda ritual antes de recibir el testigo de su maestro.
Su carácter descarado y excéntrico, sus aparatosas fiestas o lo mediático de sus vidas han sido combustible, más allá de los argumentos cinematográficos, para muchos de sus detractores, pero es inevitable cuando una figura trasciende la fama para convertirse en icono, que surjan iconoclastas, no tienen más que preguntarle a Almodóvar, a Oliver Laxe o Albert Serra, integrantes de una larga lista de cineastas donde sus particularidades personales dan más que hablar que su cine y que son más respetados fuera que dentro de España, aunque de eso no se libran tampoco los perfiles más sencillos, que se lo digan a Carla Simón, presidenta por cierto del jurado de cortos en esta edición de Cannes. Aunque quizá el secreto de los Javis resida en su habilidad para encandilar a la élite sin dejar de entusiasmar al espectador corriente, con un ojo avezado tanto para la creación, como para la producción de proyectos ajenos, otra faceta en la que destacan últimamente. A fin de cuentas, a punto estuvo este país de retirarle la nacionalidad a su única Palma de Oro hasta la fecha, la Viridiana (1961) de Luis Buñuel.
