CocoRosie en conciertoPor Xavier Valiño
En la mayor parte de los casos, cuando alguien se acerca a un concierto de CocoRosie, lo que hay es
curiosidad, una profunda necesidad de comprobar cómo es su mundo tan especial, no sólo
para saber cómo se traslada su sonido al directo, sino para hallar en él alguna de
las claves de tan particulares discos.
En escena, al menos en esta gira, CocoRosie aparecen
acompañadas de otras dos personas: una mujer vestida como un mimo se encarga de tocar instrumentos
percusivos distintos a los habituales, collares, silbatos y otros aparatos, de apretar alguna tecla
y poco más; la otra, una voluminosa cantante de color, se encarga de hacer con su voz alguna
que otra percusión. Las dos llaman la atención sobre el escenario, pero está claro
que su presencia no es imprescindible.
Pero son las hermanas Bianca y Sierra Cassidy -¿Realmente
son hermanas? ¿Nos creemos lo de su reencuentro en París tras haberse separado cuando
eran
niñas?- el centro de atención. La primera sorpresa, sus voces. Lo que se escucha
en disco es todo real y casi mejorado en directo; sólo en muy contadas ocasiones distorsionan
la voz con un juguete de bebés. Bianca tiene un tono cercano a Billie Holiday, mientras que
Sierra aporta la dulzura y, en ocasiones, los gorgoritos operísticos. En conjunto logran
algo único, melodías que parecen provenir de otra galaxia, algo que a la mayoría
encandila y a algunos irrita.
Cuando tocan alguna que otra canción al piano
o a la acústica, se puede pensar en algo cercano al folk. Sin embargo, por lo general, al
introducir arpas, cajas de música, samplers y otros cacharros, combinados con esas voces
tan especiales, aquel espíritu original deja paso a otra dimensión que, lo mejor que
se puede decir, es que mantiene al público en suspenso hasta el último momento.
A todo se le suman unas proyecciones especiales por
detrás y su atípica forma de presentarse, tanto en el vestuario como en su aparente
timidez desde el primer momento. Cuando se muestran apegadas a su arte, CocoRosie pueden resultar
cargantes, pero si se lo toman con sentido del humor y se ponen al nivel de su audiencia, como hicieron
en la última parte de su actuación, entonces no se les puede reprochar nada y sólo
queda disfrutar de sus canciones, por muy originales que sean.
Nº 8 – Febrero de 2006
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