Cees Nooteboom:Perdido el paraíso
Por Arancha Oña Santiago
Impactante desde un comienzo, Nooteboom recurre a la
interpretación del Angelus Novus de Klee en la voz y escritura
de Walter Benjamin, para introducirnos de lleno en el eterno sufrimiento
de la historia, haciendo que desde un principio nos preguntemos por lo
bueno y lo zafio de la naturaleza humana, por esa tragedia cósmica
que hemos heredado y que John Milton reflejó inquietantemente en
su libro El paraíso perdido, del que Nooteeboom también
toma algunos de sus versos para principiar y terminar su novela.
Con
un estilo moderno, jugando con la metafísica del tiempo y sus diferentes
narraciones, Noteboom entrecruza diferentes voces que pertenecen a una
misma composición, una fuga de historias humanas con contrapuntos
de dolor y misterio, justicia y responsabilidad, alentados por los fuelles
de la negatividad y el optimismo. Una armonía serial de voces,
quejidos, lenguajes ancestrales y contemporáneos, timbrados por
interpretaciones estéticas y filosóficas.
Como un gran conocedor de la psicología humana,
descriptor de sus personalidades e intérprete de sus atributos
y significados, el escritor hace que su historia divague bajo una mirada
de autenticidad en la que las múltiples connotaciones nunca llegan
a definir y acotar las posibilidades y el misterio de la naturaleza, haciendo
que sus personajes se muevan entre la transparencia y la opacidad, provocando
sonrisas de satisfacción cuando descubre detalles escondidos en
el mundo de sus sombras. A la presentación de sus diferentes registros
les sucede un trance dinamizado por las gradaciones y tensiones de la
historia, cadenciado por la independencia de unas identidades que se dirigen
hacia el futuro con cierta valentía y también resignación,
jugando con el destino y su libertad, en un universo donde el caos parece
formar parte del orden.
Un universo al que pertenecen Almut y Alma, amigas desde
niñas y grandes soñadoras. Una de ellas sufre y ha perdido
la sonrisa. La otra intenta ayudarla. A las dos les gusta el arte, a una
el renacentista y a otra el moderno y contemporáneo, las dos son
jóvenes y ansían experimentar y conocer el mundo; su esencia
aventurera les hace soñar y viajar a Australia, un sueño
que mantienen todavía vivo y un país que no resulta ser
tal y como lo habían imagi
nado.
Un viaje también espiritual para Alma, quien ya había conocido
el dolor y el horror y quien logra cierta empatía y simbiosis con
un universo de armonía y cierta evasión. Sus alas de ángel,
un disfraz para un festival literario en una ciudad australiana, contrastan
con las cadenas y tridentes de la historia y su realidad, mientras su
voz concluye con que «los ángeles no pertenecen al mundo de
los hombres», una voz angelical y metafórica que anima a la
especulación abstracta sobre el dolor, el misterio y también
el amor.
Impactante desde un comienzo, Nooteboom recurre a la
interpretación del Angelus Novus de Klee en la voz y escritura
de Walter Benjamin, para introducirnos de lleno en el eterno sufrimiento
de la historia, haciendo que desde un principio nos preguntemos por lo
bueno y lo zafio de la naturaleza humana, por esa tragedia cósmica
que hemos heredado y que John Milton reflejó inquietantemente en
su libro El paraíso perdido, del que Nooteeboom también
toma algunos de sus versos para principiar y terminar su novela.
Con
un estilo moderno, jugando con la metafísica del tiempo y sus diferentes
narraciones, Noteboom entrecruza diferentes voces que pertenecen a una
misma composición, una fuga de historias humanas con contrapuntos
de dolor y misterio, justicia y responsabilidad, alentados por los fuelles
de la negatividad y el optimismo. Una armonía serial de voces,
quejidos, lenguajes ancestrales y contemporáneos, timbrados por
interpretaciones estéticas y filosóficas.
Como un gran conocedor de la psicología humana,
descriptor de sus personalidades e intérprete de sus atributos
y significados, el escritor hace que su historia divague bajo una mirada
de autenticidad en la que las múltiples connotaciones nunca llegan
a definir y acotar las posibilidades y el misterio de la naturaleza, haciendo
que sus personajes se muevan entre la transparencia y la opacidad, provocando
sonrisas de satisfacción cuando descubre detalles escondidos en
el mundo de sus sombras. A la presentación de sus diferentes registros
les sucede un trance dinamizado por las gradaciones y tensiones de la
historia, cadenciado por la independencia de unas identidades que se dirigen
hacia el futuro con cierta valentía y también resignación,
jugando con el destino y su libertad, en un universo donde el caos parece
formar parte del orden.
Un universo al que pertenecen Almut y Alma, amigas desde
niñas y grandes soñadoras. Una de ellas sufre y ha perdido
la sonrisa. La otra intenta ayudarla. A las dos les gusta el arte, a una
el renacentista y a otra el moderno y contemporáneo, las dos son
jóvenes y ansían experimentar y conocer el mundo; su esencia
aventurera les hace soñar y viajar a Australia, un sueño
que mantienen todavía vivo y un país que no resulta ser
tal y como lo habían imagi
nado.
Un viaje también espiritual para Alma, quien ya había conocido
el dolor y el horror y quien logra cierta empatía y simbiosis con
un universo de armonía y cierta evasión. Sus alas de ángel,
un disfraz para un festival literario en una ciudad australiana, contrastan
con las cadenas y tridentes de la historia y su realidad, mientras su
voz concluye con que «los ángeles no pertenecen al mundo de
los hombres», una voz angelical y metafórica que anima a la
especulación abstracta sobre el dolor, el misterio y también
el amor.
