Carmen Iglesias:No siempre lo peor es cierto
Se trata de una reflexión historiográfica
de diversos trabajos que abarcan temas desde el Renacimiento a nuestros
días, todo ello escrito con gran claridad expositiva y dominio
de la bibliografía especializada.
El
libro, publicado en Galaxia Gutenberg fue presentado por el editor Joan
Tarrida, el historiador Gonzalo Anes y José Varela, presidente
de la Fundación Ortega y Gasset. La autora del libro destacó
la obsesión identitaria que viven determinadas regiones españolas,
cuando los nacionalismos son un pensamiento de grupo, que excluyen por
definición y crean desigualdad. Carmen Iglesias lamenta la salvajada
de fragmentar el conocimiento según los planes de las distintas
autonomías, lo que ha llevado a un fracaso en la educación
de los españoles. Para la autora, hemos llegado a un sistema federal
con vaciamiento del Estado, sin vertebramiento jurídico.
La historiadora señaló que la sociedad
española es más madura que los políticos y que una
ley de memoria histórica sólo lleva a un reabrir heridas
en lugar de a la concordia y el perdón. «La historia es un
relato razonado muy diferente a la memoria subjetiva o al recuerdo emocional.
Ha de estar objetivada y alejada de la arrogancia moral o el deseo de
juzgar al otro», subrayó. «Conocer la Historia es un
elemento decisivo e imprescindible para lograr un sociedad sana».
Carmen
Iglesias es una autora preocupada por el papel de la mujer en la historia
y la sociedad, por lo que dedica una parte del libro a este tema. Reconoce
que existe una misoginia encubierta que se traduce en posturas agresivas
contra la mujer que nunca se daría contra hombres. Al mismo tiempo
lamenta la insolidaridad de género, ya que con frecuencia se utiliza
a una mujer que se deja manipular para atacar a otra.
Para la autora de No siempre lo peor es cierto,
la Historia de España no ha sido tan negativa como a veces pretendemos
y pone en su sitio la leyenda negra, el cainismo guerra-civilista, el
catastrofismo o el complejo de inferioridad. Insistió en que la
separación de poderes es clave para una democracia y que los políticos
tratan de cambiarla hasta donde pueden. Lamenta la falta de alternancia
serena en el poder, ya que en vez de competir con el adversario se busca
destruirlo. Una democracia inmadura.
