Bryan Ferry, entendiendo a DylanPor Xavier Valiño
Entre
la idea y su ejecución, Ferry ha estado ocupado: además
de ser el líder de la banda de rock-arte elegantemente moderno,
Roxy Music, también ha pasado los últimos treinta y tantos
años estableciéndose como un gran compositor («Love
Is The Drug», «Mother Of Peral», «More Than This»,
«Slave To Love») y como un cantante distintivamente moderno
capaz de transformar una canción de otro compositor en una pieza
de convincente e imprevisible drama, repleto de complejidad emocional
y estructurado con perfecta coordinación.
Al versionear canciones escritas y grabadas por otros
artistas, ya sea «The Price Of Love», «As Time Goes By»
o «I Put A Spell On You», Ferry crea un vehículo para
su propio estilo inimitable, trabajos únicos creados a partir de
la fuente principal de la cultura popular que atrae y seduce sin fin.
Pero fue con aquella primera y asombrosa versión de «A Hard
Rain’s A-Gonna Fall» con la que él, junto con Jimi Hendrix
y The Byrds, se ganó la entrada en el selecto club de artistas
que han versioneado a Dylan antes que nadie.
Y ahora llega un álbum de canciones de Dylan,
Dylanesque, que es más cercano en espíritu a These
Foolish Things que a los trabajos de mediados de su carrera de Avalon
o Boys & Girls. Los fans de su trabajo más reciente,
el álbum de estándares de los años treinta nominado
a los premios Grammy de 1999, As Time Goes By, el inquieto y
apasionado Frantic de 2002 o los dos temas que grabó para el reciente
proyecto Rogues’ Gallery de Hal Wilner, habrán reconocido
una nueva voz que emerge: vulnerable, inspirada y de algún modo
intrépida.
Con este nuevo álbum, estaba feliz de entrar
tranquilamente y registrarlo en una semana. «¡Esta vez sencillamente
lo clavamos!», declara sonriendo Ferry, casi sorprendido de su propia
eficacia. «Quería alejarme de la sensación de estar
encerrado en el estudio. Hacíamos las voces en directo, la armónica,
todo, en directo…»
Con el apoyo de la banda que le acompaña en los
conciertos, Ferry grabó unas 20 canciones de Dylan, de las que
11 aparecen aquí. En conjunto, estas interpretaciones comprenden
su particular mundo emocional, un lugar fresco y vívido, cortado
a veces por profundas sombras y abierto a su estado de ánimo.
Ferry utiliza el vehículo de las canciones de
Dylan, su potencia lírica, su ternura, visión o portentoso
matiz, para hacer una declaración musical que es en parte u
n
retrato de Dylan y, en gran medida, un autorretrato. Como conocedor de
la música de otros artistas, con un amor especial por el blues,
Ferry revela un compromiso profundamente sentido con la escritura de Dylan,
con las historias y reflexiones de un trovador urbano y rural.
«En cuanto a las palabras, es un poco como un actor
abordando a Shakespeare», declara Ferry. «Me gusta descubrir
las melodías que Dylan ha escondido ahí. Me senté
con el pianista Colin Good y trabajamos los tonos, el tempo, el sentimiento
de la obra. Sin maquetas. Lo hicimos directamente. La mayor parte de la
grabación se hizo en una semana. Luego hicimos un par de días
en los estudios 4th Street Recording, un viejo estudio funky en Santa
Mónica en el que solían grabar los Beach Boys».
La mayor parte de la escritura de Dylan es densamente
poética, con la mismísima forma de las palabras perfeccionada
hasta la áspera, endurecida y casi desdeñosa calidad de
su particular entonación. En estas nuevas versiones, sin embargo,
Ferry ha creado una atmósfera vocal y musical en la que inscribe
su propia firma artística: el meticuloso equilibrio de plañidero
romanticismo o introspección llena de alma, contra una robusta
instrumentación.
A esto se le añade esa cualidad que sólo
Ferry parece poseer como cantante: un matiz de sentimiento en su voz que
parece a la vez atractivo y hastiado, empapado en presencia emocional
aunque floreciente en fría distancia, permitiendo que las palabras
de una canción abran las puertas a un mundo más emocionante,
un lugar de sentimientos intensificados.
Con esto en mente, Dylanesque arranca con fuerza,
abriendo con «Just Like Tom Thumb’s Blues», grabada originalmente
por Dylan en 1965, y seguida por «Simple Twist of Fate», del
álbum de 1975 Blood On The Tracks. La primera introduce
el estado de ánimo musical que Ferry construye a lo largo de las
once canciones seleccionadas de este álbum. En un estilo a la vez
poco denso, entusiasta y contundente, los músicos van adentrándose
en la canción, cobrando una velocidad muscular que encaja perfectamente
con las letras de Dylan de lamento beatnik, disparadas con ironía
poética y cinismo curtido.
Quizá el tema más sorprendente del álbum
es la toma de Ferry del himno de protesta de Dylan de 1964, «The
Times They Are A Changin». «La forma en la que lo hago no significa
que no sea una canción protesta. Esta canción puede ser
lo que quieras que sea. Crecí con la idea del jazz de que se puede
hacer una canción de muchas formas distintas».
Con «All I Really Want To Do», Ferry fue por
«una especie de sentimiento del viejo mundo, casi como una balada
medieval. Estás versioneando a los Byrds también porque
ponen un sello excepcional en ello, así que es bueno ir por otro
toque diferente».
Parte del genio de Ferry al interpretar canciones de
otros artistas radica en la forma en la que puede intensificar el estado
de ánimo de una canción al revertir virtualmente su humor
original. Este es el caso en «Simple Twist of Fate», grabada
por Dylan como un himno trotamundos al juego de la fortuna, y remodelada
aquí por Ferry como vivaz, manejada de forma ligera y con paso
seguro. Es una versión que da vida a la sencilla energía
de las viejas bandas americanas de furgoneta, creando un sólido
chasis de ritmo para transportar la vívida imaginería y
el resignado fatalismo de la letra. Esta versión se deja llevar
por una brillante interpretación de Ferry a la armónica,
recordando el estilo y don con el que ha utilizado ese instrumento desde
los primeros tiempos cuando grababa «Let’s Stick Together».
Al
igual que todas las grandes versiones, el álbum de versiones de
Dylan se complace en retar ideas preconcebidas. La canción de amor
de country áspero «If Not For You» se transforma aquí
en una suspendido calima de cuarteto de cuerdas y «mejoras sonoras»
a cargo de Brian Eno. El amargo revestimiento de «Positively 4th
Street» está re-trabajado por Ferry convirtiéndolo
en algo roto y vulnerable, mejorado por un exquisito arreglo de cuerdas
de Warren Ellis de los Dirty Three, interpretado por el violonchelista
clásico y antiguo alumno de Ferry, Anthony Pleeth.
El álbum se cierra con Ferry abordando dos de
los temas más famosos de Dylan. «Knocking On Heaven’s Door»
tenía su riesgo, admite, «porque ha sido versioneada tantas
veces por gente tan diferente… Pero bueno, también lo ha sido
«Smoke Gets In Your Eyes». Con «All Along The Watchtower»
había un guiño a Hendrix además de a Dylan. La pista
de acompañamiento se hizo hace unos ocho años, sólo
una guitarra acústica tocada por Robin Trower, bajo, batería
y yo. No dejaba de echarle un ojo y pensar, un día tengo que terminarla».
Siempre ha habido un elemento en el estilo musical de
Ferry, un color particular en su paleta creativa, por decirlo de algún
modo, que recuerda el ambiente de los antros y piano-bars. Con este fin,
la interpretación de Ferry de «Positively 4th Street»,
originalmente grabado por Dylan sólo cuatro días después
de enfurecer a los fundamentalistas de la música folk al tocar
la guitarra eléctrica en el Newport Folk Festival de 1965, ocupa
su lugar como una muestra especial de estados de ánimo y control
emocional. Con consumada elegancia, Ferry convierte el cáustico
mensaje de Dylan hacia una comunidad musical en una canción de
amor de gran fuerza, suavizando el original de tal forma que agudiza la
amargura de la letra.
«Tengo la sensación de que la gente espera
de mí algo medianamente refinado», concluye Ferry, «Mi
voz se ha hecho más profunda y el álbum tiene un cierto
elemento de aspereza y, espero, una especie de calidad hechizante. El
cantante que hay en mi está pletórico por cantar estas canciones».
Por si quedaba alguna duda, Ferry nunca ha conocido a Bob Dylan. «¿Qué
diría si le conociese? ‘Espero que no te importe’, le diría».
