Boat Beam, Alicia en el país de las maravillasPor Xavier Valiño
¿Cómo os conocisteis y cómo
surgió el proyecto?
– Josephine y Alisha se conocieron en la academia donde
ambas impartían clases de inglés. Josephine ya daba unos
conciertos como solista bajo el sobrenombre de Igloo, proyecto que ya
había comenzado en su país natal, y que desarrollaba en
paralelo a la banda australiana que la había contratado y con la
cual se encontraba realizando diversas giras, hasta que decidió
abandonarla para venirse a vivir a Madrid. Pero a Josephine siempre le
ha resultado mucho más interesante el trabajo en grupo, y por eso
decidió preguntarle a Alisha si le gustaría tocar con ella,
a lo que ésta accedió encantada. Probaron en un ensayo,
y la cosa funcionaba tan bien que enseguida Igloo se dejó escuchar
como dúo. Pocos meses después, yo -que ya tenía noticia
del grupo a través de MySpace-, me enteré, por un amigo
común, que Igloo iba a tocar en El Zaguán, así es
que me acerqué a escucharlas en directo. Y me quedó tan
embelesada que decidí acercarme a felicitarlas y a ofrecerme como
músico. De nuevo, hubo un previo ensayo de prueba, y como todo
encajaba como un puzzle, la cosa siguió adelante. Josephine sintió
entonces que necesitaba un nuevo nombre para el grupo, y al poco tiempo
dio con él: nacía Boat Beam.
¿Cuáles son vuestros antecedentes en la música?
– Josephine se ha formado dentro del terreno indie de
Australia, tocando en diversas agrupaciones de amigos y proyectos propios,
mientras que Alisha y yo hemos recibido una formación clásica,
desarrollándola en diversas agrupaciones orquestales y camerísticas,
si bien, tanto la una como la otra hemos colaborado igualmente en diferentes
grupos de jazz, pop, rock…
¿Qué
influencias o sonidos tomasteis como referencia para hacer algo en común?
– Realmente no nos planteamos en ningún momento
tomar una serie de referencias. Sencillamente, teníamos unos temas
compuestos por Josephine sobre los que Alisha y yo elaborábamos
‘dibujos melódicos’ hasta encontrar algo que nos convencía.
Era como un juego de pistas: tocábamos hasta dar con la solución
del rompecabezas, hasta que la música y la letra de las canciones
se volvían ‘hermanas’.
¿Descubristeis que tenéis mucho en común
o se trató más de buscar un punto de encuentro entre tres
personas con gustos y formación distintos?
– Curiosamente, a pesar de que la música que
habíamos escuchado antes de conocernos no se parecía demasiado
(salvando los típicos grupos que han traspasado generaciones o
que han nacido y perfilado la nuestra), en lo personal teníamos
tantos puntos en común que todo ha resultado muy fácil.
De hecho, desde que tocamos juntas y compartimos nuestros nuevos descubrimientos
musicales, ¡nos hemos percatado de hasta qué punto coinciden
nuestros gustos!
¿En qué momento pensasteis que estabais ante algo
nuevo, que habías encontrado el sonido de Boat Beam?
– Es difícil contestar a esta pregunta. Primero,
porque asumir el concepto de nuestro sonido como algo cerrado es algo
imposible, porque el sonido es precisamente una entidad orgánica
en constante evolución; y segundo, porque esta idea está
lejos de nuestra intención: nos entusiasma probar opciones diferentes,
y nos encantaría colaborar con músicos que puedan aportar
algo nuevo a nuestra música.
¿Qué parte del disco estaba ya hecho por Josephine
en Australia y qué parte se hizo ya aquí?
– Josephine tenía hechas las baterías,
los bajos, algunos pianos y unas poquitas guitarras. El resto se grabó
aquí.
¿Qué canción del disco os gusta más
y cuál está teniendo mejor acogida en directo?
– Pues la verdad es que no podemos elegir. Es como si
a una madre le preguntas: «¿a cuál de tus hijos quieres
más?». Cada canción tiene su propia historia y necesitaba
‘nacer’ en aquel momento. Y sobre cuál parece tener
mejor acogida, pues es posible que «The Rain Pauly» sea la que
más llama la atención.
Vuestra formación no es nada común. ¿Se hace
limitado el formato para hacer cualquier tipo de canción o no hay
problema con ello?
– Realmente no creemos que nuestro formato sea un problema.
Cada una de nosotras toca al menos dos instrumentos diferentes, y eso,
quieras que no, nos aporta cierta versatilidad.
¿Cómo acepta el formato la gente en directo?
– Pues por lo de pronto parece que lo llevan bien, ja,
ja. Suponemos que hay gustos para todo, y habrá quien eche de menos
más sección rítmica, pero hay gente que nos ha comentado
que le encanta el hecho de poder escuchar las canciones tan desnudas,
porque adquieren una fragilidad y una sensibilidad diferentes.
¿Y
la diferencia de cultura en la que habéis crecido ha supuesto en
algún momento algún problema?
– Pues por el momento no, ¡y crucemos los dedos!
¡Ja, ja! Eso sí, provoca situaciones muy simpáticas
cuando se dan conflictos lingüísticos.
¿Qué cosas os inspiran a la hora de componer las
canciones? ¿El cine, la literatura…? ¿Qué autores
o directores?
– Pues es una mezcla de todas nuestras experiencias
personales, de nuestra sensibilidad particular, de nuestro bagaje cultural…
En concreto, citaría a directores y autores como Michael Ende,
Tim Burton, Virginia Wolf o Patrick Suskind.
¿Tenéis algún héroe,
musical o no?
– Sí, sin duda alguna: Shostakovich para Aurora
y Alisha, y Elliot Smith, Amanda Palmer y Flea para Josephine y Alisha.
John Williams y Danny Elfman para Aurora.
¿Cómo lleváis la realidad en la que vivimos?
– Suponemos que como casi todo el mundo: sobreviviéndola.
¿Cuáles son los objetivos y proyectos a medio plazo?
– Seguir mejorando y enriqueciendo el directo, componer
nuevos temas para poder cocinar a fuego lento el siguiente disco, y por
supuesto, ¡tocar todo lo que nos dejen!
¿Qué sorpresas habrá y qué podemos
esperar en vuestros conciertos gallegos?
– Pues en Galicia algunas canciones sonarán en un formato más
eléctrico.
Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota
de este tiempo en el mundo de la música?
– ¡Pasan todos los días! A lo mejor, cuando
dos de nuestros instrumentos se dañaron el día 13 del mismo
mes… y todavía seguimos tocándolos.
