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Virginia de Felipe. Abstracción matéricaErmita de San Roque. SigüenzaPor Julia Sáez-Angulo Un universo de sugerencias
La llamada de la pintura no se hizo esperar y en el 2000, la dibujante, sin abandonar el trazo de la tinta china, se adentró de lleno en el pigmento sobre lienzo. Su preparación con cursos especializados sobre producción de pigmentos naturales y sintéticos en la Casa Caremi de Sevilla, así como los estudios especializados de trabajo con metales: colado, repujado y soldadura de metales nobles, le facilitaron la tarea. Virginia de Felipe descubrió con entusiasmo la fuerza del gesto en el soporte de gran formato, la viveza y los recursos del color en campos abiertos, las posibilidades inmensas de los pigmentos y otros materiales: acrílico, gel, resinas, polvo de alabastro, de mármol, de porcelana... Todo ello trabajado en una masa compacta y firme sobre el lienzo. A veces se acompañan de collage con textiles, sobre todo de seda, retículas, mallas metálicas... también elementos de madera, cristal o metal. El resultado fue una pintura abstracta, matérica, rica en elementos que llevan a una variedad de sugerencias. No copiar la apariencia La pintora había descubierto su lenguaje plástico, aquel que resolvía la forma de comunicar su pensamiento, porque había hecho suya la máxima aristotélica de que “hay que dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no copiar su apariencia”. Nada más alejado de la realidad que la apariencia de realidad, la mimética reproducción de la naturaleza y las cosas. Para Virginia de Felipe el arte ha de ir más allá y trascender la mímesis de las apariencias para dar la visión global del concepto. Su abstracción que nace de la admiración por el expresionismo americano, por Marck
Rothko, Jackson Pollock y William de Kooning. También por el Edward Munch o el grupo
español El Paso... En su paleta los colores metálicos –plata, bronce, dorado- cobran una protagonismo decisivo, tanto en el fondo como en los motivos visuales, lo que no obsta para que la pintora acoja en su repertorio cromático rojos vivaces o acarminados, verdes bosque, azules de Prusia o ultramar, violetas... Virginia de Felipe establece amplios campos como geografías de color que inundan la superficie del cuadro. Artista inquieta, Virginia de Felipe ha estudiado a fondo el mundo de la evolución de los símbolos a través de la Historia y sus conexiones con las distintas culturas. Estudió el sánscrito, incluida su variante pali y hebreo antiguo. Añadió conocimientos de la caligrafía árabe, especialmente la relacionada con el misticismo sufí. Indagó en la alquimia medieval y su relación con los símbolos arraigados en Europa desde la Edad Media a la actualidad y su influencia en conceptos culturales contemporáneos, así como su interrelación con ramas del conocimiento de Extremo Oriente (budismo, shintoismo o budismo zen) Lectora acérrima del pensador Jung, algunas de sus reflexiones le han llevado a pintar varios de sus cuadros, como lo certifican determinados títulos. La pintura de esta autora se va decantando en matices en el transcurso del tiempo. |
Nº 10 - Abril de 2006 |
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