Antonio Muñoz Molina:El viento de la luna
Por Julia Sáez-Angulo
Una
hermosa narración que ha venido a ser un homenaje al padre del
escritor ya fallecido, un hortelano silencioso y taciturno, con una sabiduría
ancestral escondida. Por otra parte, un adolescente que despega a la vida
en la segunda mitad del siglo XX y observa ese contraste de mundos: el
familiar anclado en una tradición rústica de siglos y el
futuro de la aldea global y proyectos interplanetarios que se generan
en la NASA, en el Imperio occidental de los Estados Unidos. La naturaleza
del joven se cruza y surge la fuerza de la sangre, el descubrimiento del
sexo, la autosatisfacción placentera, la mirada lasciva a la hermosa
tía Lola que parece desmarcarse del ambiente más sórdido.
Quizás se aprecia cierto abuso en el libro sobre este asunto de
la masturbación.
La prosa del escritor jienense es envolvente y capta
al lector. La historia viene a ser una original parábola de contrastes
entre dos mundos, uno que se va, que desaparece y otro que avanza implacable
con toda la fascinación de la llegada de un hombre a la luna. Ya
nada va a ser igual. Aquella hazaña invita a la aventura y al sueño,
no sin un deje de melancolía por otro mundo que tiene otra poética,
otro ritmo, otro vocabulario. Las generaciones se tocan pero se acaban
esculpiendo de distinta manera.
El escritor ha llevado a cabo esta novela durante su
estancia en Nueva York -como director del Instituto Cervantes durante
dos años-, tras visitar el Museo A
eroespacial,
donde la hazaña de la llegada a la luna tiene un protagonismo decisivo,
que contrastaba con esos mismos años en España, lugar que
se magnifica o pone en primer plano en la memoria del autor al hacerse
narrativa. Conjuntar esos dos mundos ha sido el acierto de esta novela,
en la que Muñoz Molina se autofabula de nuevo, como ha hecho de
alguna manera en otras de sus novelas, por ejemplo en El jinete polaco
donde el contraste del tímido chico de provincias y la mujer decidida
de gran ciudad.
Joan Didion dice que escribir ensayo es una actividad
racional y escribir novela es algo muy parecido a soñar. La narrativa
de Muñoz Molina tiene mucho de ensoñación sobre lo
visto y lo vivido, todo ello devuelto al lector con la magia de su escritura.
Cierto que el sueño parte de un conocimiento real, pero a veces
uno echa de menos en la literatura de Muñoz Molina una narración
más distanciada de la propia vida.
La experiencia de la ficción
La experiencia de la ficción fue el título
de la intervención de Muñoz Molina en la sede de la Fundación
Mach en Madrid, seguida de un diálogo con el editor, crítico
y comentarista Manuel Rodríguez Rivero quien afirmó del
autor: «Es uno de los escritores españoles contemporáneos
mejor valorados dentro y fuera de nuestro país». «Como
novelista se dio a conocer en 1986 con la publicación de Beatus
Ille, entrega inicial del largo ciclo de Mágina, la ciudad
imaginaria (aunque nada mítica) en la que se desarrolla la peripecia
vital y moral de muchos protagonistas».
La intervención de Muñoz Molina en la Fundación
March es, según sus palabras «un ensayo sobre la naturaleza
específica de la narrativa de ficción que tiene algo de
itinerario personal, desde el hechizo incondicional y juvenil por la novela
como forma suprema de la expresión narrativa hasta un gradual desengaño
que me llevó a explorar otras posibilidades del relato no asociadas
a la intervención. Poco apoco se ha producido en mí una
especie de camino inverso, una vuelta a la lectura apasionada de novelas
y una ilusión renovada por escribirlas»
Desde
su primera novela, Muñoz Molina ha publicado una docena de libros
de carácter narrativo y obtenido algunos de los más importantes
premios que se conceden en España. Muñoz Molina es un «novelista
de ciudades», dijo Rodríguez Rivero. «Es en estos ámbitos
dinámicos, mestizos y proteicos –Mágina, Úbeda,
San Sebastián, Lisboa, Madrid, Buenos Aires, Nueva York- donde
se fragua ese engarce tan característico de memoria y vida que
constituye el telón de fondo sobre el que se construyen las historias
de unos personajes que siempre parecen estar persiguiendo su propia identidad
o huyendo de un pasado que nunca acaba de pasar del todo».
Entre los títulos más conocidos del académico
se encuentran: El jinete polaco (1991); Ardor guerrero
(1995); Ventanas de Manhatan (2004); Pura alegría
(1996); El Robinsón urbano (1984) y Diario del
Nautilus (1985). «La novela El viento de la luna (2006),
publicada por Seix Barral es un ejemplo acabado de la eficacia de ese
binomio –memoria e imaginación- en la construcción
de una narración poliédrica en la que fábula y reflexión
moral se encuentran perfectamente integrados», dijo Rodríguez
Rivero.
Una
hermosa narración que ha venido a ser un homenaje al padre del
escritor ya fallecido, un hortelano silencioso y taciturno, con una sabiduría
ancestral escondida. Por otra parte, un adolescente que despega a la vida
en la segunda mitad del siglo XX y observa ese contraste de mundos: el
familiar anclado en una tradición rústica de siglos y el
futuro de la aldea global y proyectos interplanetarios que se generan
en la NASA, en el Imperio occidental de los Estados Unidos. La naturaleza
del joven se cruza y surge la fuerza de la sangre, el descubrimiento del
sexo, la autosatisfacción placentera, la mirada lasciva a la hermosa
tía Lola que parece desmarcarse del ambiente más sórdido.
Quizás se aprecia cierto abuso en el libro sobre este asunto de
la masturbación.
La prosa del escritor jienense es envolvente y capta
al lector. La historia viene a ser una original parábola de contrastes
entre dos mundos, uno que se va, que desaparece y otro que avanza implacable
con toda la fascinación de la llegada de un hombre a la luna. Ya
nada va a ser igual. Aquella hazaña invita a la aventura y al sueño,
no sin un deje de melancolía por otro mundo que tiene otra poética,
otro ritmo, otro vocabulario. Las generaciones se tocan pero se acaban
esculpiendo de distinta manera.
El escritor ha llevado a cabo esta novela durante su
estancia en Nueva York -como director del Instituto Cervantes durante
dos años-, tras visitar el Museo A
eroespacial,
donde la hazaña de la llegada a la luna tiene un protagonismo decisivo,
que contrastaba con esos mismos años en España, lugar que
se magnifica o pone en primer plano en la memoria del autor al hacerse
narrativa. Conjuntar esos dos mundos ha sido el acierto de esta novela,
en la que Muñoz Molina se autofabula de nuevo, como ha hecho de
alguna manera en otras de sus novelas, por ejemplo en El jinete polaco
donde el contraste del tímido chico de provincias y la mujer decidida
de gran ciudad.
Joan Didion dice que escribir ensayo es una actividad
racional y escribir novela es algo muy parecido a soñar. La narrativa
de Muñoz Molina tiene mucho de ensoñación sobre lo
visto y lo vivido, todo ello devuelto al lector con la magia de su escritura.
Cierto que el sueño parte de un conocimiento real, pero a veces
uno echa de menos en la literatura de Muñoz Molina una narración
más distanciada de la propia vida.
La experiencia de la ficción fue el título
de la intervención de Muñoz Molina en la sede de la Fundación
Mach en Madrid, seguida de un diálogo con el editor, crítico
y comentarista Manuel Rodríguez Rivero quien afirmó del
autor: «Es uno de los escritores españoles contemporáneos
mejor valorados dentro y fuera de nuestro país». «Como
novelista se dio a conocer en 1986 con la publicación de Beatus
Ille, entrega inicial del largo ciclo de Mágina, la ciudad
imaginaria (aunque nada mítica) en la que se desarrolla la peripecia
vital y moral de muchos protagonistas».
La intervención de Muñoz Molina en la Fundación
March es, según sus palabras «un ensayo sobre la naturaleza
específica de la narrativa de ficción que tiene algo de
itinerario personal, desde el hechizo incondicional y juvenil por la novela
como forma suprema de la expresión narrativa hasta un gradual desengaño
que me llevó a explorar otras posibilidades del relato no asociadas
a la intervención. Poco apoco se ha producido en mí una
especie de camino inverso, una vuelta a la lectura apasionada de novelas
y una ilusión renovada por escribirlas»
Desde
su primera novela, Muñoz Molina ha publicado una docena de libros
de carácter narrativo y obtenido algunos de los más importantes
premios que se conceden en España. Muñoz Molina es un «novelista
de ciudades», dijo Rodríguez Rivero. «Es en estos ámbitos
dinámicos, mestizos y proteicos –Mágina, Úbeda,
San Sebastián, Lisboa, Madrid, Buenos Aires, Nueva York- donde
se fragua ese engarce tan característico de memoria y vida que
constituye el telón de fondo sobre el que se construyen las historias
de unos personajes que siempre parecen estar persiguiendo su propia identidad
o huyendo de un pasado que nunca acaba de pasar del todo».
Entre los títulos más conocidos del académico
se encuentran: El jinete polaco (1991); Ardor guerrero
(1995); Ventanas de Manhatan (2004); Pura alegría
(1996); El Robinsón urbano (1984) y Diario del
Nautilus (1985). «La novela El viento de la luna (2006),
publicada por Seix Barral es un ejemplo acabado de la eficacia de ese
binomio –memoria e imaginación- en la construcción
de una narración poliédrica en la que fábula y reflexión
moral se encuentran perfectamente integrados», dijo Rodríguez
Rivero.
