Alberto Durero: Obra gráfica en el Städel Museum
El
Städel Museum de Frankfurt es, con el Albertina de Viena, la pinacoteca
que atesora mayor obra de Alberto Durero. Para Martin Sonnabend, su gran
conservador, las ciento sesenta y cinco estampas que se exhiben en Bilbao
constituyen la muestra más amplia del artista germano que jamás
se ha presentado hasta ahora en España. Por sus especiales características,
requieren un cuidado especial, ya que no deben estar expuestas a una luminosidad
superior a los 50 lux. Se comprende por tanto que su salida del museo
alemán sea tan restringida que en los últimos treinta y
seis años sea ésta la primera vez que lo hace.
Hijo de un orfebre emigrado de Hungría, Alberto
Durero (Nuremberg 1471- 1528), está considerado como el sumo maestro
del renacimiento alemán. Fue su propio padre quien le enseñó
los secretos del buril, adquiriendo una sólida preparación
en el taller de Michael Volgemut y Wilhelm Pleydenwurff, quienes le enseñaron
las técnicas de la xilografía. En Basilea profundizó
sus conocimientos en la ilustración de libros, pero fue en los
dos viajes que realizó a Venecia cuando tomó contacto con
el arte clásico y renacentista italiano. Las enseñanzas
que recibió de Andrea Mategna y Giovanni Bellini fueron determinantes
para que, a su regreso a Nuremberg, se acercara la arte clásico
y renacentista italiano con obras como el tríptico para el Elector
de Sajonia y la «Virgen» de Washington.
La fascinación que sintió por el colorismo
italiano quedó patente al plasmar diversos paisajes a la acuarela.
También los trajes orientales que vio en Venecia quedaron reflejados
en dibujos que hoy se nos antojan de gran precisión documental.
Con 24 años abrió su propio taller en Nuremberg y pronto
adquirió una gran notoriedad con la realización de varias
series de xilografías, entre las que se encuentran las 14 xilografías
que componen «Los cuatro jinetes del Apocalipsis».
Al margen de sus trabajos al buril, se dedicó también a
la pintura especializándose en retratos y en temas religiosos.
Como acuarelista se interesó por las plantas y animales.
Cinco
años más tarde volvió a Italia entrando en conocimiento
de las obras de Barbari, Leonardo y Giambellino que le acercaron a las
experiencias finales del Renacimiento. En Venecia se le encargó
el retablo de la Virgen del Rosario para la iglesia de San Bartolomeo.
Junto a estas obras de gran formato realizó otras menores, mientras
se extendía su fama como grabador hasta superar a la de su maestro
Schongauer. De regreso a su ciudad natal realizó una de sus obras
más conocidas, «Adán y Eva», amén
de varios retablos compuestos por grandes grupos de figuras que convergen
produciendo un gran efecto de magnificencia coral.
En la presente exposición se puede ver asimismo
«San Jerónimo en su estudio», donde vemos al
santo rodeado de libros e inmerso en la meditación; «El
caballero, la muerte y el diablo», otra de sus más destacadas
obras góticas, representa al «soldado de Cristo» camino
de la Jerusalén celestial; y «Melancolía I»,
reflejo de su estado anímico afectado por al clima de la reforma
luterana.
Durero no sólo ha sido uno de los grandes artistas
del grabado, sino que introductor de importantes renovaciones técnicas.
También fue el creador de la xilografía en color y el grabado
sobre cobre. Sus trabajos revolucionaron el género hasta el punto
de alcanzar una madurez desconocida hasta entonces. Su concepto de la
perspectiva y la geometría quedó plasmado en cuatro volúmenes
escritos en 1525 por el que luego se regirían numerosos artistas.
También redactó un tratado acerca del arte de la medida
y notas sobre la fortificación de las ciudades, castillos y palacios,
aspecto éste en el que también destacó, siendo muy
consultado su tratado general de construcción de defensas.
En sus obras, Durero logra equilibrar la inquietud nórdica
y el humanismo latino mediante acabados que denotan una refinada sensibilidad,
una enorme fantasía y una ejecución meticulosa. Para Martin
Snonnabend, al grabador «estaba convencido de que la geometría
y las matemáticas eran fundamentales para explicar el mundo».
Las obras que ahora se exhiben en el Guggenheim-Bilbao
se vieron por última vez en público en 1971, con motivo
de celebrarse el 500 Aniversario del nacimiento del artista, por lo que
la muestra es todo un acontecimiento.
