Carlos Aires: bailar mientras el mundo se derrumbaPor Alejandro Sedano
En Bailad, bailad, malditos, Carlos Aires convierte la Nave 0 de Matadero Madrid en una pista de baile apuntalada, donde la euforia de los vídeos de TikTok da paso al sonido de catástrofes reales. Hablamos con él dentro de la instalación.
«El espacio es el que invita realmente a bailar con él». Así empieza Carlos Aires (Ronda, 1974) a explicar Bailad, bailad, malditos, la instalación que ocupa la Nave 0 de Matadero Madrid hasta el 24 de enero dentro del programa Abierto x Obras. Es su primera exposición individual en una institución pública madrileña, y el punto de partida no fue una idea, sino una sala.
La Nave 0, antigua cámara frigorífica del matadero municipal, es un espacio protegido en el que no se puede poner un tornillo. Conserva además las huellas de un antiguo incendio. Ante un lugar con una carga así, Aires decidió no imponerse: «Me he aproximado a este proyecto como si fuese un bailarín de tango donde la sala es el guía». Intentar dominar un espacio tan poderoso, dice, «es una batalla perdida de partida».
Carlos Aires: apuntalar el derrumbe
La respuesta fue el puntal, un elemento con el que lleva años trabajando: una pieza de obra muy delgada capaz de aguantar lo que se cae. Más de un centenar de puntales forman en la nave un bosque metálico que no toca los muros. A Aires le interesa sobre todo el verbo sostener, la idea de sostener un derrumbe. Lo resume con una imagen: un after en un búnker mientras, en la planta de arriba, el mundo se desmorona.
El título remite a Danzad, danzad, malditos (They Shoot Horses, Don’t They?), la película de Sydney Pollack sobre los maratones de baile de la Gran Depresión, en los que la gente bailaba hasta desplomarse. Aires subraya la crudeza del título original, que alude a que el caballo que ya no sirve se sacrifica. A su lado aparece otra imagen, la orquesta del Titanic que sigue tocando mientras unos pocos siguen bailando. Baile como resistencia o como escapismo; en cualquier caso, ser espectador del derrumbe.
De la euforia a la noche
La obra no tiene principio ni fin: se puede pasar una hora en la sala sin ver lo mismo. Alterna dos partes. La primera, la de la euforia, está hecha con vídeos de baile de TikTok e Instagram que el artista lleva unos siete años coleccionando, al principio sin saber para qué. Saltan de una pantalla a otra y obligan al visitante a moverse por la nave.
La segunda es la del desasosiego, o la noche. Entonces se encienden a la vez las 21 pantallas y la sala se tiñe de verde. Las imágenes están grabadas a oscuras con una cámara de visión nocturna de uso militar, de las que se montan en los cascos. Aires recuerda que es «una cámara bélica, realmente diseñada para matar». Estas cámaras ya ven en color, así que el verde lo ha añadido él, porque es el que forma parte de la memoria colectiva.
Para el artista, lo esencial de la pieza es el sonido. Lo ha diseñado junto a un artista sonoro con unos cincuenta altavoces, y todo el material procede de catástrofes reales: sonidos de Ucrania, de Gaza, de incendios. «El sonido se hace físico, aparecen los fantasmas».
Un arte que hable de su tiempo
La conversación termina en una crítica. Para Aires, buena parte del arte contemporáneo, el de las ferias pero también el de muchas instituciones y bienales, rara vez refleja el momento en que vivimos. Recuerda que gran parte de lo que se ve en el Prado es arte político y social, y pone a Goya como referente, frente a «una idea muy trasnochada» de lo político en el arte, la de la vitrina y el pósit, formalmente pobre. Su intención era hacer una obra sobre esa sensación de impotencia, sobre sentirse alienado ante un mundo del que uno es espectador mientras se derrumba.
Información práctica
Bailad, bailad, malditos. Carlos Aires
Comisario: José Luis Romo
Nave 0, Matadero Madrid (Abierto x Obras) · Paseo de la Chopera, 14
Hasta el 24 de enero de 2027
De martes a jueves, de 17:00 a 21:00; de viernes a domingo y festivos, de 12:00 a 21:00. Lunes cerrado.
Entrada gratuita hasta completar aforo. Más información en la web de Matadero.
