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Vicente Molina Foix: El abrecartas

Editorial Anagrama. Barcelona, 2006. 448 págs.


Por Mercedes Martín de la Nuez

El abrecartasEl abrecartas contextualiza versos. Por ejemplo, el poema "El soldado y la nieve" de Miguel Hernández: "Que se derrame a chorros el corazón de lana...", a través de las cartas de una persona anónima que conoció al poeta vemos el clima en que pudieron gestarse. Y así hace Vicente Molina Foix con otros intelectuales que pasan en tropel por sus páginas, los vemos a través de los ojos de gente que vivía en su época y alguna vez compartieron algo con ellos. Mientras tanto, la guerra y la posguerra española, la emigración, la liberación sexual, el auge del cine, el aborto. Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño, Rafael Alberti, Ortega y Gasset, Luis García Berlanga, Javier Solana, la lista es larga, personajes de la vida intelectual y política se entremezclan en los testimonios de unas voces que a lo largo de la novela se tornan familiares a través de dos generaciones.

Pero los personajes anónimos son protagonistas, los sucesos de la guerra y la censura criminal los arrastran y trastornan sus vidas. La novela comienza con una carta de un tal Rafael que conoció a Federico García Lorca de niño, a él dirige varias cartas sin respuesta, el capítulo se titula Federico, sin García Lorca porque se trata de la persona, no del personaje, aquello que la historia no cuenta se cuenta en estas cartas, la infancia que Rafael compartió con Lorca, anécdotas infantiles. Después Rafael va a la guerra y muere y pasa el testigo de la historia a su hermana. Otros personajes de la cultura, como Vicente Aleixandre se tratan con intensidad, su historia de amor con Andrés Acero truncada por los tiempos que corren, la correspondencia de Andrés con Carlos Bousoño nos revela los pormenores. Especial interés por parte del autor requiere la historia de un tal Enríquez Limia, profesor de Arte, al que la envidia lleva a la cárcel y al exilio, cambiando para siempre su vida. Este personaje cuenta cómo junto a María Teresa León y Alberti salvan las obras de arte de las bombas y el saqueo.

Hay dos voces bien diferenciadas, la de la izquierda cEl abrecartasomunista y la franquista. Casi todos los personajes representan el punto de vista de la primera y sólo una queda del otro lado: se trata de un personaje envidioso y necio al que los bajos instintos mueven a delatar y romper las vidas de los otros. Sus informes a la policía franquista, en los que hace gala de aquella prosa rimbombante y pelota, lo ridiculizan a él y el odio que representa.

La carta del confidente ofreciéndose a espiar para la policía franquista, imita otra ciertamente escandalosa, la de Camilo José Cela:

"La carta de Cela; es una carta glosada, por así decirlo, y en el libro aparece como de Ramiro Fonseca... Hay un libro de Roberto Mesa, que reproduce informes anónimos de la Brigada Social del franquismo; he tomado muchas cosas de ese libro, y las reescribo. Está, por ejemplo, la revuelta de los jóvenes del 56..." (Foro por la memoria)

La primera carta, sin fecha, sabemos que data de 1921, la última es un email de 1999. El email, que nos sorprende trayéndonos a la actualidad, reproduce un anuncio en el que el delator pone a la venta en internet muchos objetos requisados por la policía franquista a personajes famosos. "Vendo por necesidad perentoria, hallándome en extrema precariedad económica y muy avanzada edad, una colección de recuerdos auténticos de escritores de solera y personalidades culturales" (p. 442). Que la novela esté en forma de cartas se debe sin duda al propósito de recrear la intrahistoria de España y qué mejor que a través del testimonio plural y desinteresado de los que vivieron en aquella época, pero a la vez, es un riesgo poner voz a tantos personajes porque pueden quedar reducidos a dos o tres, y de hecho es lo que ocurre en El abrecartas.

"En este libro todo son cartas, no hay autor, por decirlo así, es un autor en la sombra. Eso, acaso, permite hablar más abiertamente de pasiones y de historia, mayúscula y minúscula" (Foro por la memoria).

El abrecartasSe mezclan realidad y ficción. Que la ficción esté tan subordinada a unos datos y una crónica pone en peligro el pacto narrativo por el cual suspendemos la incredulidad por un momento, porque la ficción corre y se enreda detrás de la historia tratando de alcanzarla de modo que al final todos los personajes están inverosímilmente conectados. Pero sorprende la crítica o más bien el reproche que le hace Ricardo Senabre a El abrecartas en el suplemento El Cultural:

" Sobra en El abrecartas mucha historia y falta mayor profundidad y mayor invención. El lector necesitaría saber mucho más, por ejemplo, acerca de las causas por las que Manuela abandona a Rafael, o incluso, en el plano puramente informativo, tendría que disponer de más informaciones sobre la estancia del penado en Cuelgamuros. También quedan distantes personajes de tanto interés como Begoña o Angelico. Todo esto, lo que afecta a las vidas humanas que el autor crea y desarrolla, es lo que cabe esperar de una novela, no las noticias acerca de un amante de Aleixandre o de las orgías de Eugenio d’Ors. Esto pertenece a otro territorio, ajeno a la literatura, que suele estar siempre en declive, acaso para facilitar la irrefrenable caída cuesta abajo de quienes se internan en él."

Porque se le afea una conducta supuestamente inmoral al autor, bajo el disfraz de crítica literaria.
También defrauda, por el uso político de la novela, a colación de ley por la recuperación de la memoria histórica, la reseña que aparece en Babelia.

"Hace años que la historia se coló en el taller del novelista y allí sigue instalada. Es la que narra la frustración brutal de un proyecto de modernidad ética, ideológica, histórica y su reanudación en plena democracia, como si también el novelista necesitase acudir a la historia para garantizar la nueva personalidad de la sociedad española, y no pudiese pasar por alto sin más las averías públicas y privadas que nos hacen como somos hoy. El instinto reivindicativo puede ser mayor o menor, pero colectivamente son muchas ya las buenas novelas, y ésta lo es (además de ser la mejor novela del autor) que afirman por vía metafórica, sin la explicitud patosa de las novelas de tesis, la alegría de un final casi inverosímilmente feliz para una sociedad tan maltratada".

En fin, esta novela de Vicente Molina Foix, materializa escasamente un proyecto gigantesco, pero atrapa al lector desprevenido poniendo ante sus ojos el cómo pudo ser.

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Nº 19 - Marzo de 2007

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