Jordi Sierra i Fabra : Kafka y la muñeca viajera
Editorial Siruela. Las tres edades. Madrid 2006. 147 páginas. (A partir de
8 años)
Por Arancha Oña Santiago
Tema y variaciones en el parque Steglitz
A modo de variación e interpretación creativa sobre un tema, Jordi Sierra i Fabra dinamiza
y recrea en el tiempo una historia poco conocida de la vida de Franz Kafka, ese Kafka obsesivo
con la angustia y el sentimiento de culpa, ese Kafka doctorado en derecho que trabaja sin efusión
en una compañía de seguros y que escribe evidenciando lo oculto y no tan oculto de
la existencia, sí, de la historia de ese Kafka extrae Jordi Sierra la célula real
para crear un relato más dentro de su extensa obra, una obra en la que Sierra ha desarrollado
todo tipo de géneros desde la poesía hasta la narrativa, sin olvidar el ensayo, la
historia y la biografía, una obra por la que ha recibido numerosos y merecidos premios.
Entre la estética de la vida cotidiana y la literatura, a una prudente distancia del expresionismo
y existencialismo de la obra kafkiana, el desasosiego y la soledad, Sierra i Fabra crea una tierna
historia de románticos acordes que sensibiliza a seres animados y humaniza a los inanimados.
Sus personajes, una muñeca, una niña y el propio Kafka aparecen aparentemente
salvados de la determinación de su cotidiana realidad, a través de una especie de
juego que se decanta por lo onírico de la existencia y la dulce metafísica de la
fantasía, afrontando y enriqueciendo la experiencia con una optimista y racional sensibilidad
hacia el dolor.
No conocemos las cartas que escribió el propio Kafka, ni se ha encontrado a la niña
a la que iban dirigidas, aunque el suceso siempre estuvo presente en la memoria de Dora Dymant.
Decantándose por el punto de vista del personaje de la pequeña y haciendo aflorar
ocultos sentimientos y razonamientos, Jordi Sierra interpreta creativamente su contenido y nos
presenta la tristeza de una niña que ha perdido su muñeca y la delicada sensibilidad
de un Kafka que trata de salvarla del dolor de su realidad convirtiéndose en escritor de
cartas y cartero de muñecas, una tarea que desarrolló con paciencia durante varias
semanas de su vida con la misma intensidad con la que abordaba cualquier otro de sus escritos,
como declaraba Dora. Con emoción pero sin escisión, rítmicamente ordenada
por capítulos en compás alfabético, orquestada lejos de la atonalidad, con
un lenguaje en armonía con la filosofía del relato y acompañada de las ilustraciones
de Pep Montserrat, Sierra i Fabra crea en clave lúdica sueños, fantasías y
vertiginosos viajes sobre una estructura que amenazaba con la fragmentación y cuyo final
busca la salvación interior y una justificación “feliz” y “racional” de
la existencia, llevando a la niña a un punto donde la esperanza es posible y donde la curiosidad
todavía puede ser satisfecha con la imaginación y la fantasía.
Esta historia, basada en un hecho real, no es una biografía aunque sí se introducen
hechos verídicos y se deja entrever el fervor real y la soledad de Kafka ante sus escritos. En
esta interpretación se decanta Sierra por un humanismo que se interesa por los sentimientos y
la razón, que confía en la esperanza y credulidad de una niña, y que libera a sus
personajes de cualquier sentimiento laberíntico de culpa o castigo. Un tierno relato que invita
a la imaginación en situaciones de conflict
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